KRISIS

Karma, fe y bendición (7): la Ley del Presente

Tmp. máx. lect.: 9 min.

Por Juan Miguel Batalloso Navas

Espiritualidad fecunda

Tengo un gran amigo de toda la vida que es un apasionado estudioso de la Historia Política de España y cada vez que hablo con él de este tema siempre me dice: «No olvides Juan, que somos lo que somos, porque fuimos lo que fuimos«. Y desde luego su afirmación, no solo es razonable, sino verdadera, en cuanto la medida o el resultado de lo que somos en este instante es el producto de la compleja mezcla de nuestros condicionamientos e influencias, tanto de nuestra trayectoria biográfica, como de los contextos concretos en los que hemos vivido. Por eso coincido también con el viejo principio de Don Carlos Marx de que «la verdad es siempre histórica, concreta y de clase«.

Sin embargo y aunque desde el punto de vista del desarrollo nuestra conciencia, ese principio de que somos realmente seres complejos al mismo tiempo condicionados y condicionantes es verdadero y verificable, nuestra vida cotidiana siempre ocurre en el presente o en el aquí y en el ahora. El pasado, es siempre pasado y por tanto no tenemos posibilidad de revertirlo porque es irreversible e inmodificable. Es decir, el pasado no tiene solución y si la tiene, únicamente podemos activarla en el presente. Por eso la Historia en general es una Gran Maestra de vida en cuanto que al conocerla en sus causas, consecuencias, contextos y conductas personales, nos permite re-construirla, re-crearla y mejorarla solamente en el presente y en este instante concreto en el que escribo o tú lees esto.

Ahora, por ejemplo, recuerdo como me enseñaban a mí la Historia cuando estudiaba. Me la presentaban como una sucesión de acontecimientos protagonizados siempre por egregios y valerosos personajes, todos ellos varones y que por narices había que rendirles culto por sus hazañas bélicas en pro de grandes conquistas imperiales. Pero hoy afortunadamente ya tenemos conciencia de que la otra mitad de la humanidad que constituyen las mujeres, fue siempre ignorada, subordinada y en mayor o en menor medida esclavizada y violentada por la cultura dominante del patriarcado, que es sin duda la cultura de la violencia, la guerra, la agresión y del dominio del hombre sobre la mujer.

Así pues, aprender del pasado y de nuestra historia, ya sea personal o colectiva, social o económica, educativa o política, exige por nuestra parte de un doble proceso. Primero, ser capaces de de-construirla, es decir, de someterla a un riguroso análisis crítico multidimensional y desde diferentes perspectivas, dado que la Historia que nos han contado, o al menos a mí, fue siempre la de los hombres vencedores. Y segundo, en este momento presente, en este día o en este instante, ser capaces de re-crearla, es decir, hacerla de nuevo conforme a las circunstancias del contexto presente del metro cuadrado que pisamos y en base a los valores éticos en los que creemos.

A su vez, si el pasado es irreversible y no tiene solución dado que en realidad no existe ahora mismo aunque nos condicione, el futuro, es decir, mañana o el año que viene, tampoco existe y si existe, su existencia es exclusivamente una idealización mental. Una idealización en la que se mezclan, también complejamente, necesidades, deseos, aspiraciones junto a nuestros condicionamientos del pasado. En consecuencia, si algo existe, es este momento en el que ahora escribo o el momento en el que tú lo lees.

Vivir en el presente, vivir en el aquí y en el ahora no es algo fácil. Requiere aprendizaje, entrenamiento y en gran medida recuperar o rescatar aquel niño o niña que fuimos, porque nadie me podrar negar que los únicos seres humanos que viven realmente el presente de forma mágica y sorprendente son los niños y las niñas. Nosotros, los adultos y los ya de edad provecta, por no decir viejos, presumismos de «estar de vuelta» de muchas cosas y si no somos capaces de dejar espacio para la sorpresa, la magia, el humor, la risa y la posibilidad de aprender algo nuevo, pues seremos engullidos por el aburrimiento, los estados depresivos e incluso por la desesperación. En consecuencia, vivir en el aquí y el ahora es la única y más excelsa posibilidad que tenemos de vivir apasionadamente siendo capaces de apostar, arriesgar y afrontar retos por muy difíciles que estos se puedan presentar. De hecho y como me decía insistentemente mi Maestro Antonio Suárez, «el que está de vuelta de todo es que no ha ido a ninguna parte«. Y efectivamente así he podido comprobar, no solo en mi mismo, sino también en numerosas personas que al no sorprenderse por nada, al no dejar espacio para tomarse a sí mismo con un cierto grado de relativismo y humor, o por creer que lo saben todo porque han vivido mucho, acaban por convertirse en unos seres aburridos y amargados. Y como me dijo también un viejo profesor al que siempre admiré muchísimo y que era el Maestro de Escuela y Catedrático de Didáctica de la Universidad Complutense de Madrid, Miguel Fernández Pérez: «el amargado, amarga y un santo triste es un triste santo«.

Sin embargo para vivir en el aquí y el ahora, con rescatar el espíritu infantil de la sorpresa, la inocencia y la magia no es suficiente. En mi opinión es necesario el ejercicio y entrenamiento constante del enfoque, la concentración y la atención que es precisamente otra de las grandes Leyes del Karma. Únicamente mediante la atención enfocada en el instante de lo que observamos, sentimos o hacemos, es como podemos liberarnos en gran medida de los condicionamientos del pasado y de las idealizaciones del futuro. Y esto requiere prácticas y entrenamientos en aprendizajes tales como, aprender a relajarse; aprender a hacer silencio interior; aprender a escuchar activamente; aprender a sentir y a reconocer nuestros sentimientos y emociones en nosotros mismos y en los demás. Pero además, aprender a observar contemplando ya sea una hormiga, un gorrión, una nube que pasa o el sonido del viento y por supuesto aprender a meditar con cualquiera de los procedimientos y métodos que nos han legado las tradiciones espirituales de Oriente y Occidente.

En cualquier caso, no hace falta ser ni un erudito en textos espirituales, como tampoco un asiduo practicante de la meditación para acceder a la contemplación y el gozo de vivir en el aquí y en el ahora. A mí personalmente me basta con estar plenamente concentrado en la tarea que realizo de forma que sin darme cuenta obtengo disfrute y gozo en la misma. Por eso entiendo, que en este mundo de rapidez, competitividad feroz e individualismo obsceno en el que todos nos empeñamos en llevar razón siempre y con-vencer a los demás, cuando no de vencerlos con agresiones físicas, verbales y psicológicas, lo mejor es rescatar el placer de hacer las cosas bien por sí mismas y por pura motivación intrínseca. En este punto, nadie mejor que los y las artistas, pueden mostrarnos el sendero de ese vivir aquí y ahora.

Para finalizar, no puedo evitar recordar tres principìos-norma de funcionamiento psicológico que he repetido continuamentete en cursos y conferencias de educación. El primero: «integrar el yo pasado«, es decir, aceptarlo sin pena, ni gloria, sin resentimiento y sin nostalgia, sin arrepentimiento y remordimiento, porque de todas maneras da igual, ya que no puedes cambiarlo. El segundo: «liberarse de la culpa«, lo cual es muy distinto de «hacerse o sentirse responsable», dado que la culpa, añade a nuestra mente una carga de negatividad que exige expiación, sacrificio inútil o un obstáculo para nuestro desarrollo emocional, sin olvidar que la culpa se genera en situaciones de miedo al castigo, al presente, al futuro o a ese invento del infierno para asustar a los pobres con sus castigos eternos. Y el tercero: «perder el miedo a lo que los otros dirán«, es decir, intentar siempre comportarnos de un modo auténtico de forma que no le prestemos atención ni a las alabanzas, ni a los insultos, para lo cual tenemos que aprender a desapegarnos y ser capaces de expresarnos en cualquier momento y lugar de forma asertiva aunque cosechemos el rechazo de los demás o perdamos la votación.

Por último, recomendar dos libros del famoso Eckart Tolle: «El poder del ahora» y «Practicando el poder del ahora» que puedes leer en linea o descargarlos en los enlaces.

Me despido con un precioso regalo que me ha hecho esta mañana un gran amigo, regalo que he sentido como una sincronía misteriosa, porque me llega en el mismo instante en que acabo de escribir este articulito.

Juan Miguel Batalloso Navas, es Maestro de Educación Primaria y Orientador Escolar jubilado, además de doctor en Ciencias de la Educación por la Universidad de Sevilla, -España–.
Ha ejercido la profesión docente durante 30 años, desarrollando funciones como maestro de escuela, director escolar, orientador de Secundaria y formador de profesores.
Ha impartido numerosos cursos de Formación del Profesorado, así como Conferencias en España, Brasil, México, Perú, Chile y Portugal. También ha publicado diversos libros y artículos sobre temas educativos.
Localmente, participa y trabaja en la Asociación “Memoria, Libertad y Cultura Democrática” En la actualidad, casi todo su tiempo libre lo dedica a la lectura, escritura y administración del sitio KRISIS curriculum completo lo puedes ver AQUÍ.

Un comentario sobre «Karma, fe y bendición (7): la Ley del Presente»

  1. Gracias por lo que sale del corazón.
    Y es que la historia recae sobre los hombres y mujeres, anónimos y sin rostros que cruzamos por la linea de la vida.
    Los avatares historicos son un invento para sustentar el ejercicio del poder de unos pocos que se va perpetuando en las generaciones como control.
    Una llamada a ese silencio interior, donde te desconectas de lo superfluo y proyectas tu mirada hacia tu ser. Buen ejercicio.

Me encantaría que hicieras un comentario. Muchas gracias.

A %d blogueros les gusta esto: