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Memoria personal de los 60′ (22): pasado y presente de la juventud

Por Juan Miguel Batalloso Navas

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Década de los 60

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La década de los 60 del pasado siglo XX fue sin duda, la década de la cultura juvenil. En cierto sentido la juventud comienza a ser vista de otra manera. Ya no es una tiempo exclusivamente de espera y transición para incorporarse a la sociedad adulta. En la práctica, la juventud se convierte en una etapa con valores y contenidos propios que no tiene carácter preparatorio para la siguiente.

Aunque la cultura dominante del franquismo y el nacionalcatolicismo veían a los jóvenes como una amenaza que cuestionaba y trastocaba sus costumbres, la realidad social cambió por completo. Personalmente y creo que también colectivamente, los jóvenes y adolescentes de mi generación tomamos bastante pronto la senda de las responsabilidades familiares y sociales. Todos los jóvenes de las clases populares, experimentaron precozmente en sus familias la responsabilidad de colaborar y cooperar en las maltrechas economías domésticas, asumiendo tareas adultas desde muy temprano. En mi caso desde que era un niño, tanto mi madre como mi padre, me asignaron una serie de obligaciones y responsabilidades que aunque sencillas, me sirvieron mucho para confiar en ellos y en mis propias capacidades. Era como si en aquellos años, los adolescentes y jóvenes, especialmente los pertenecientes a las clases populares y obreras, nos sintiéramos ya plenamente adultos, lo cual no estaba exento de dosis más o menos relativas de cierta soberbia y vanidad.

Si en aquellos años, la adolescencia y juventud de las clases populares duraba realmente muy poco, el actual escenario social es muy diferente. Hoy la juventud se alarga casi indefinidamente en el tiempo como consecuencia, al parecer inevitable, de una compleja red de factores económicos, sociales, culturales y educativos.

El primero de ellos es sin duda el económico y laboral. Nunca antes ha sido tan difícil y complicado que los jóvenes encuentren una integración de calidad en el mercado laboral. En aquellos tiempos las posibilidades de encontrar un trabajo para toda la vida o para un largo periodo de tiempo, eran muchísimo más amplias que las de hoy. En la época actual se ha naturalizado y legitimado mediante numerosas reformas laborales, el trabajo precario y superprecario que unido a la ingente masa de jóvenes desempleados, hacen imposible la independencia y la autonomía personal. De esta forma las posibilidades de construir la propia familia o de vivir en pareja son cada vez menores como consecuencia de la imposibilidad de hacer frente a los gastos que supone disponer de una vivienda propia. A su vez el mercado laboral ha sufrido en los últimos cincuenta años una transformación de las profesiones y ocupaciones extraordinaria que se ha traducido en una profunda desarticulación de gravísimas consecuencias para lo que hasta aquellos años considerábamos «clase obrera». Una desarticulación que sin duda ha supuesto una regresión en los derechos sociales y económicos, no solo de nuestros jóvenes, sino también de la capacidad reivindicativa y sociopolítica del conjunto de la clase obrera.

En segundo lugar creo que uno de los aspectos que marcan las diferencias entre aquella juventud y la de hoy, es sin duda de índole educativo y sociocultural. En aquel entonces la estructura social, como efecto también de un proceso crecimiento económico e industrial, era bastante clara: una élite formada por las tradicionales clases altas; un amplio sector de clases medias en ascenso y una gran mayoría de obreros y empleados cuyas ocupaciones tenían cierta perspectiva de seguridad y futuro. Hoy dicha estructura es bien diferente. Pero lo que quiero destacar aquí es el hecho de la infantilización de nuestros jóvenes desde su nacimiento.

Muchos de los jóvenes de hoy, por no decir la gran mayoría, han sido sobreprotegidos e invalidados para ejercer responsabilidades y participar en la vida familiar y social desde su nacimiento. De hecho, los trastornos de conducta y muchos de los conflictos familiares y escolares proceden de esa triple patología psicosocial que consiste en ser incapaces de tolerar frustraciones, mediatizar deseos y saber conformarse ante la imposibilidad de poder materialmente satisfacer lo que piden. Unos pedidos que evidentemente son marcados por una cultura de consumo que nos hace insaciables y voraces. Todavía recuerdo con pena, en mis tiempos de maestro de escuela y orientador escolar, como una gran mayoría de familias creían que para estimular y motivar a sus hijos para que estudiaran necesariamente había que comprarle lo que ellos dijeran, ya fuera una bicicleta, una moto, la mejor equipación de fútbol, la ropa o los zapatos de última moda y ahora el mejor de los teléfonos móviles de última generación. Y si a esto añadimos, que desde niños los hemos educado en la casa y en las escuelas a no participar, a no responsabilizarse en tareas que afectan a la convivencia colectiva, a impedirles las vías y estrategias para que sean protagonistas de su propio desarrollo y a facilitarle hasta extremos inauditos cualquier tarea o compromiso que depende exclusivamente de ellos, el resultado es obvio: dinámicas intrafamiliares en las que el chantaje emocional a los padres está a la orden del día.

Con el supuesto fin de facilitarles la vida creyendo que así crecerán más libres y sanos, en realidad los hemos convertido en unos pequeños dictadorzuelos incapaces de valerse por sí mismos y con comportamientos muchas veces en los que la desobediencia y la rebeldía natural de los adolescentes ante las injusticias o ante la satisfacción de un deseo se transforma en un individualismo egocéntrico de conveniencia con calculadas estrategias de costo-beneficio. No, no estoy diciendo que la juventud de aquella época fuese mejor, lo que digo es que al infantilizar a la juventud, negarles su derecho a emanciparse y a buscarse la vida o al practicar con ellos la táctica familiar del «vale, toma lo que quieras y déjame en paz» pues esto es lo que tenemos. Y aun así, si comparamos el nivel educativo, formativo y académico de la juventud de aquellos años con la juventud de hoy, es incuestionable que el avance ha sido extraordinario en todos los órdenes, pero ¿para qué? ¿para alargar sine die su dependencia de las familias y del Estado y llegar a los 40 o 45 años habiendo solamente tenido, si acaso, uno dos empleos en su vida y numerosos subempleos precarios y cada vez más distanciados en el tiempo?

Por todo esto mantengo, que a pesar de todas las dificultades que la juventud de mi generación tuvo que afrontar, nosotros en cierta medida, o al menos yo, tuvimos una gran suerte que vista desde hoy constituye un auténtico privilegio. En mi caso por ejemplo, a parte de ciertas ocupaciones de temporada en las que trabajé desde los 13 a los 19 años que me daban para mis gastos e incluso para entregar dinero a mis padres, mi primer empleo fijo y para toda la vida lo tuve a los 20 años.

Juan Miguel Batalloso Navas, es Maestro de Educación Primaria y Orientador Escolar jubilado, además de doctor en Ciencias de la Educación por la Universidad de Sevilla, -España–.
Ha ejercido la profesión docente durante 30 años, desarrollando funciones como maestro de escuela, director escolar, orientador de Secundaria y formador de profesores.
Ha impartido numerosos cursos de Formación del Profesorado, así como Conferencias en España, Brasil, México, Perú, Chile y Portugal. También ha publicado diversos libros y artículos sobre temas educativos.
Localmente, participa y trabaja en la Asociación “Memoria, Libertad y Cultura Democrática”. En la actualidad, casi todo su tiempo libre lo dedica a la lectura, escritura y administración del sitio KRISIS curriculum completo lo puedes ver AQUÍ.

6 comentarios sobre «Memoria personal de los 60′ (22): pasado y presente de la juventud»

  1. No era mejor ni peor aquella juventud, sino distintas las circunstancias: más dificultad para estudiar los hijos de las clases menos pudientes, pero mejor acceso al trabajo con cierta preparación. Ni te planteabas pedir regalos o viajes( hoy celebran terminar la nueva Selectividad con unos días en Mallorca) porque las carencias familiares eran conocidas ni eludías contribuir a la economía doméstica dando clases en verano o realizando labores agrícolas. Quizás hubiera un afán mayor de tener independencia.
    Como docente he repetido muchas veces lo de: «Hazlo responsable de recoger los juguetes, hacer su cama, limpiar su habitación, preparar su mochila… y no lo dejes todo para la ´criada´; o no abandones tu responsabilidad con un ´ya lo espabilará el mundo´, que tenga ahora lo que yo no tuve».
    Prefiero pensar que la vida es siempre » hacia adelante y hacia arriba» y solo estamos ahora en meseta.
    ¡ Qué placer leerte !. Un abrazo.

    1. Muchísimas gracias Maestro, Amigo y Compañero. Que leas estas ocurrencias y encima las comentes me encanta y te lo agradezco de todo corazón porque eso le da vida al Blog y al sitio KRISIS. Un fuerte abrazo querido.

  2. Cuando leo tu reflexión me siento arrastrada en un tunel del tiempo y a la vez observo como esa realidad ha desaparecido y no tiene ningún sustrato para lo que vivimos. Lo que vivimos ni siquiera nos refleja. El pasado ha cerrado una puerta
    que impide utilizar los elementos válidos e impiden esa contemplación libre de prejuicios a la sociedad del consumo y el aburrimiento. Gracias por compartir

    1. Querida, efectivamente el pasado no tiene solución y sus puertas están cerradas hoy, sencillamente porque vivimos en sociedadades en las que todo es líquido y gasesoso. Aquellos vínculos sólidos y aquellas convicciones firmes al parecer se han disuelto con la posmoderenidad líquida y todo no es más que un infinito conjunto de narraciones relativas en las que nadie tiene el poder de afirmarlas y hacerlas sólidas, sencillamente porque la Historia NO ES ni tampoco SERÁ. La Historia ESTÁ SIENDO en este instante en el que escribo y en el que tú lees esto. Sin embargo un hilo, o mejor un tejido de esperanzas ilusorias y utópicas sigue alimentando el corazón y la fe de mucha gente, por eso yo LA TOALLA NO LA TIRO NI PA DIOS y sigo y sigo con las botas puestas, aunque ya sin ioglesias, templos, doctinas y gurús, pero sigo. Me encanta tu comentario y agradezco de todo corazón que te pares aquí para cooperar con KRISIS y conmigo. Un fuerte abrazo y adelante siempre.

  3. Totalmente de acuerdo con tu escrito. Me transporta a tiempos pasados. Pero creo que una parte de culpa la tenemos los que en los sesenta fuimos niños y otra la transformación de la sociedad y el avance experimentado por el capitalismo que ha encontrado en los ejércitos de parados provocados por las distintas reformas laborales que a su debido tiempo han ido poniendo en marcha los diferentes gobiernos de turno.
    Ahora mismo como tú bien dices lo importante es no tirar la toalla, porque además no es ya la generación de los que hoy tienen en torno a 40, 45 años, viene la generación de sus hijos, nuestros nietos. Que ya veremos el futuro.
    Un abrazo y no pares.

Me encantaría que hicieras un comentario. Muchas gracias.

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