KRISIS

Karma, fe y bendición (9): la Ley de la Paciencia

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Por Juan Miguel Batalloso Navas

Espiritualidad fecunda

A esta Ley del Karma que los budistas denominan de «Ley de paciencia y la recompensa», le he eliminado conscientemente eso de «la recompensa» ya que me da la sensación de que eso de la recompensa le resta valor intrínseco a la paciencia. Además, eso de hacer las cosas esperando una recompensa a corto, medio o largo plazo, no puedo evitar relacionarlo con esa de las grandes mentiras que me inculcaron cuando era niño, eso de que si eras bueno, irías al cielo y si eras malo, te condenarías eternamente en el infierno. Cuando además eso de «ser bueno» significaba «ser obediente» a cualquier forma de autoridad instituida, aunque la autoridad de esa institución se basase en el crimen, la tortura, la amenaza, el chantaje, la extorsión, la mentira, el miedo, la culpa, la expiación y el castigo. Este es el motivo por el que a estas alturas de mi vida comprendo y asumo que para conquistar cada vez mayores y mejores niveles de desarrollo humano, necesariamente hay que «ser desobediente«, tanto a los impulsos reactivos internos, como todas esas autoridades y líderes que sistemáticamente se niegan o frenan el desarrollo y la profundización de los Derechos Humanos Universales. No obstante, esta actitud de desobediencia o de obediencia a tu conciencia fundada en principios éticos universales, hay que practicarla con paciencia, dado que como dice Jorge Luis Borges:

«…Con el tiempo comprendí que apresurar las cosas o forzarlas a que pasen ocasionará que al final no sean como esperabas. Con el tiempo te das cuenta de que en realidad lo mejor no era el futuro, sino el momento que estabas viviendo justo en ese instante..»1 Ref.FUENTE:CON EL TIEMPO APRENDÍ. .


Pero ¿Qué es eso de tener paciencia? En este punto el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (DRAE) señala, entre otras, cuatro acepciones bastante concretas. «1) Capacidad de padecer o soportar algo sin alterarse. 2) Capacidad para hacer cosas pesadas o munuciosas. 3) Facultad de saber esperar cuando algo se desea mucho. 4) Lentitud para hacer algo. » Esta claro pues, al menos para mí, que la paciencia es la capacidad de resistir; de utilizar el dolor y el sufrimiento como una oportunidad para aprender; de afrontar retos y tareas que exijan concentración, esfuerzo, lentitud y de las que no se esperan resultados inmediatos. Sin embargo, la paciencia es muchísimo más que una capacidad o una facultad humana dado que nunca podremos saber realmente que es hasta que no veamos con nuestros propios ojos la conducta de un ser humano paciente. Le pasa lo mismo que a la humildad. Por muchos libros o artículos que leamos sobre la paciencia, nunca sabremos lo que es un ser humano paciente y humilde. La paciencia es por tanto mucho más que una capacidad o una tendencia a comportarse de una determinada manera que es al mismo tiempo concentrada, esforzada, lenta y sin espera de resultados inmediatos. A mi parecer creo que se alimenta del placer intrínseco, del gozo íntimo que se experimenta en la propia acción, que no tiene otra meta que la acción misma, que no tiene otro objeto que el de disfrutar haciendo algo bueno, pero claro, sin buscar el disfrute. La paciencia entonces, más que una capacidad o una facultad es sobre todo y ante todo una virtud y como ya sabemos

«…Las virtudes no se originan en nosotros por naturaleza ni contra naturaleza, sino que lo hacen en nosotros que, de un lado, estamos capacitados naturalmente para recibirlas y, de otro, las perfeccionamos a través de la costumbre.Más aun: de cuanto se origina en nosotros por naturaleza primero recibimos las facultades y después ejercitamos sus actividades. Las virtudes, en cambio, las recibimos después de haberlas ejercitado primero. Lo mismo que, por lo demás, en las artes: los que hay que hacer después de aprenderlo eso lo aprendemos haciéndolo: por ejemplo los hombres se hacen constructores construyendo y citaristas tocando la citara. Pues bien, de esta manera nos hacemos justos realizando acciones justas y valientes. La virtud se origina como consecuencia y través de las mismas acciones…»2 Ref.ARISTÓTELES. Ética a Nicómaco. Alianza. Madrid. 2001. Libro II, I. Pág. 76.

En este punto, me parecen extraordinariamente clarificadoras las palabras del filósofo Carlos Díaz, que textualmente nos señala que el ejercicio de la virtud puede ser en realidad una apariencia, un disfraz o una forma especial de fariseismo, uno interno y otro externo :

«…¿Puede quererse la perfección propia como objeto del querer, constituir su finalidad? Pretender ser un «saco de virtudes», salir del gimnasio ético presumiendo de tener un «cuerpo ético» sería fariseísmo. El fariseo cree convertirse él mismo en bueno, pero sólo el resultado del ejercicio de acciones buenas me convierte en bueno, sin pretenderlo; sin su ordenamiento hacia un fin bueno la virtud termina en narcisismo o prometeísmo. Quien se declara poseedor de una virtud encubre su egocentrismo, pues la virtud lo posee a uno y no a la inversa (…)
Quien para ser virtuoso exige premio o recompensa exterior es moralmente reprobable; la acción virtuosa es tan ajena al miedo al castigo (-haré tal cosa o no la haré para que no me castiguen-), como a la mera obediencia a la ley: hay leyes sin valor ético, por muy comunes que sean. En la virtud no cabe heteronomía…»3 Ref.DÍAZ, Carlos. Diez virtudes para vivir con humanidad. Morgan.E-books. 13ª Edición. Madrid. 2006. Págs: Págs. 10 y 11. El libro completo puedes leerlo co descargarlo AQUÍ

No hace falta dar argumento alguno para comprender y asumir que las cosas, los proyectos, las acciones, los programas o simplemente los deseos cuya realización o satisfacción exigen tareas que implican esfuerzo, sacrificios, persistencia de la voluntad, método y paciencia, son infinitamente más valiosas que aquellas que nos son regaladas sin esfuerzo alguno. Además, la paciencia como virtud exige también de tres aprendizajes emocionales que son indispensables para nuestro desarrollo personal y nuestra supervivencia:

  • Aprender a mediatizar los deseos sabiendo categorizarlos como proyectos a corto, medio o largo plazo sin perder por ello nuestra voluntad de persistencia y esfuerzo.

  • Aprender a imaginar, crear y realizar retos y apuestas, asumiendo los riesgos que toda apuesta comporta ya sean procendentes de su no consecución o de esas circunstancias que nos sorprenden y decepcionan que no supimos prever racionalmente.

  • Aprender a caerse , a fracasar, a perder, a tolerar frustraciones, de forma que nuestra caida no solo no merme nuestra capacidad de resistencia, sino que la refuerce aun más haciéndonos aprender de nuestros errores de cálculo, de acción, de omisión o de imprevisión. Y esto implica necesariamente aprender a levantarse; aprender a dar el primer paso sabiendo se hace camino al andar y aprender en suma a ser personas resilientes.

Todo esto me lleva a concluir, que efectivamente «la paciencia todo lo alcanza» como dice Santa Teresa, pero no esa paciencia resignada, derrotista del que nada espera y sueña, o del que se abandona a la indolencia y a la pasividad, sino a esa paciencia persistente, activa, meditativa, esperanzada y llena de fe en las capacidades humanas de que efectivamente no solo podemos ser más virtuosos individualmente, sino también más fraternos, solidarios y amorosos socialmente.

Y ya para terminar estas reflexiones, no me resisto a traer aquí un famoso cuento-parábola que Carlos Díaz nos regala en su maravilloso libro.

PARÁBOLA DEL CHINO Y EL CABALLO
Un chino tenía un caballo. El caballo se le escapó. Los vecinos fueron a darle el pésame. ¿Quién dice que sea una desgracia?, les contestó el chino.
En efecto, a la mañana siguiente el caballo vino trayendo una yegua salvaje. Los vecinos le felicitaron y el chino dijo: ¿Quién dice que sea una fortuna?,
A los dos días su hijo priomogénito, montando la yegua, se cayó y quedó cojo. Los vecinos expresaron su dolor, pero el chino pregumtó ¿Quién dice que sea una desgracia?,
Al año siguiente hubo una guerra en el país. El primogénito, por estar cojo, no tuvo que alistarse en el ejército.
¡Cuántas veces los juicios apresurados impiden ver más alto y más lejos! La paciencia es esa mirada que aguarda algún no-visto e imagina algún nolugar. De ahí le viene a la paciencia su capacidad para tejer u-topías (no-lugares) y u-cronías (no-tiempos). Y de ahí también la extraordinaria vecindad entre la modesta paciencia y la modesta esperanza.4 Ref.DÍAZ, Carlos. Diez virtudes para vivir con humanidad. Morgan.E-books. 13ª Edición. Madrid. 2006. Págs: Págs. 78. El libro completo puedes leerlo co descargarlo AQUÍ

Juan Miguel Batalloso Navas, es Maestro de Educación Primaria y Orientador Escolar jubilado, además de doctor en Ciencias de la Educación por la Universidad de Sevilla, -España–.
Ha ejercido la profesión docente durante 30 años, desarrollando funciones como maestro de escuela, director escolar, orientador de Secundaria y formador de profesores.
Ha impartido numerosos cursos de Formación del Profesorado, así como Conferencias en España, Brasil, México, Perú, Chile y Portugal. También ha publicado diversos libros y artículos sobre temas educativos.
Localmente, participa y trabaja en la Asociación “Memoria, Libertad y Cultura Democrática” En la actualidad, casi todo su tiempo libre lo dedica a la lectura, escritura y administración del sitio KRISIS curriculum completo lo puedes ver AQUÍ.

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Un comentario sobre «Karma, fe y bendición (9): la Ley de la Paciencia»

  1. Aplaudo la valiosa exposición que haces sobre la paciencia. Subrayo estas palabras como las más interesantes : » No hace falta dar argumento alguno para comprender y asumir que … los deseos cuya realización o satisfacción exigen tareas que implican esfuerzo … y paciencia, son infinitamente más valiosos que aquellos que nos son regalados sin esfuerzo alguno»

Me encantaría que hicieras un comentario. Muchas gracias.

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