KRISIS

Memoria personal de los 60′ (23): una nueva juventud (1)

Por Juan Miguel Batalloso Navas

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Década de los 60


Todos los historiadores, sociólogos y estudiosos de los años 60 coinciden en afirmar que aquella década estuvo caracterizada por la irrupción, podríamos decir que avasalladora, de una nueva cultura juvenil. Como ya he dicho anteriormente la juventud comienza a ser vista de otra manera: la juventud ya no es una etapa de espera y transición en la que los individuos se preparan para incorporarse a la sociedad adulta, sino más bien una etapa con contenido en sí misma que no tiene carácter preparatorio para la siguiente.

En aquellos años, la incorporación temprana al mercado de trabajo de la gran mayoría de aquellos jóvenes era lo habitual. A su vez, la efervescencia de nuevas modas, costumbres y músicas, permitieron ir ampliando espacios de encuentro social y el reforzamiento de lazos de amistad y formación de grupos juveniles. En gran medida, podría decirse de algún modo, que la música de aquellos años representó un importante factor de liberación y escape de todo aquel soporífero, estúpido y mojigato ambiente de costumbres sociales a las que nos quería acostumbrar el franquismo y el nacionalcatolicismo.

Así pues, el papel jugado por la música juvenil de aquellos años, ya fuera «pop«, «ye-yé«, «rock» o «baladas» fue para mí de una importancia emocional y social extraordinaria. De hecho, la pasión que tuve en aquel tiempo por la música juvenil de moda, que nos llegaba gratuitamente gracias a fantásticos programas de radio, me sirvió, tanto para completar mi proceso de identidad, como para iniciar un amplio proceso de liberación personal y social. Creo que aquellas músicas hicieron posible que los jóvenes se identificaran con unos gustos y unas modas singulares, específicas y exclusivas para ellos.

En aquellos años nacieron y comenzaron proliferar los famosos «Tele-Clubs«; los «Centros Parroquiales Juveniles» nacidos al amparo de los nuevos aires de modernización de la Iglesia Católica.

No se puede olvidar tampoco que en aquellos años, no solo se hacían encuentros grupales en espacios particulares para bailar al son de las músicas de moda, sino que también se estaban desarrollando en la clandestinidad nuevas organizaciones reivindicativas como el movimiento de las Comisiones Obreras o también organizaciones juveniles como las Juventudes Comunistas de España (JJ.CC.)

De cuando tenía quince años, en 1967, recuerdo con precisión que mis únicos intereses eran los estudios y obtener beca; sacar unas propinas ayudando a mi padre; la música de moda en todas sus formas y tener la posibilidad de relacionarme con las chicas de mi edad. Mi conciencia política, aunque incipiente e intuitiva en aquellos años, dado que siempre fui un poco contestatario y rebelde, no comenzó a desarrollarse plenamente hasta el año 1972, cuando terminé los estudios de Magisterio, pero de esto escribiré en otra ocasión. Lo que quiero destacar aquí es que en 1967, cuando estudiaba en Carmona, siempre tuve la posibilidad de asistir a un local para bailar los fines de semana, locales a los que se accedía pagando una simbólica entrada que sufragaba los gastos del mismo y en los que se podía consumir no solamente refrescos, sino también, llegado el caso, alguna que otra dosis de alcohol. Desde luego, para mí y algunos de los compañeros del internado en el que estaba, esperar al sábado para ir al baile era una estimulante gratificación, si bien, muchas veces corríamos el riesgo de llegar tarde y ser sancionados, algo que desde luego solucionábamos confabulando estrategias de ocultación. En cualquier caso, todo aquello era tolerado por las autoridades locales ya que estos centros, fueron siempre vigilados por si se producía alguna desviación de carácter político. Por eso fueron muchos los jóvenes que optaron por reunirse y convivir en «Centros Parroquiales» ya que en estos no había vigilancia y era la Parroquia la que amparaba los posibles excesos o desviaciones que se pudieran realizar, garantizando así una mayor seguridad.

Visto desde hoy, todo aquello del cambio cultural, las modas y las nuevas músicas fue muy bien aprovechado y utilizado por el capitalismo, vendiéndonos un modelo de juventud que generó cuantiosos beneficios procedentes de la inversión en los más diversos objetos de consumo dedicados a los jóvenes. La juventud de aquellos años, acaba pues convirtiéndose en algo que está de moda, pasando a formar parte desde aquellos momentos, de la mercadotecnia mundial: los vaqueros y el rock-and-roll ligado al consumo de masas convertirán “lo joven” en un nuevo reclamo para la demanda y la producción sin límites.

Después de tanto tiempo, me acuerdo muy especialmente de las músicas y canciones que a todos los de mi edad nos gustaban. Eran canciones, nacionales unas y extranjeras otras, que de un modo u otro, nos legitimaban y nos reafirmaban en lo que nos identificaba. A mí desde luego, así como a todos mis amigos de aquel tiempo, me servían para naturalizar y afirmar como legítimo, los inmensos deseos de divertirnos, pasarlo bien, relacionarnos con las chicas y romper las costuras de aquel ambiente social rancio y mojigato del franquismo.

        En aquel tiempo no teníamos plena conciencia de la importancia que tenían estas sencillas e inofensivas canciones. Era obvio que no tenían ningún mensaje sociopolítico de denuncia del régimen dictatorial y en consecuencia pasaban la obligatoria censura sin problemas. Sin embargo a la distancia de más de medio siglo, aquellas canciones y aquellas letras ejercían en la juventud una significativa influencia en cuanto que:

  • Se afirmaba y legitimaba la juventud como una etapa de un importantísimo valor. Tanto era así, que «Ser joven«, como dice la canción del Dúo Dinámico, era algo que debía durar toda la vida. Esto lógicamente conllevaba un olvido o minusvaloración de otras etapas. En este punto, puedo dar fe, de que en aquellos años muchos de nosotros creíamos que todo lo que no era joven era rancio, anticuado y sin capacidad para sumarse e integrar lo nuevo. Y esto desde luego, conllevaba también diversos tipos de conflictos intergeneracionales, especialmente con nuestros padres. En cierta medida creíamos ingenuamente que todo lo nuevo y joven era siempre bueno y que todo lo antiguo y viejo era siempre malo o inservible.

  • Se estimulaba el goce, el disfrute de la vida, la alegría de vivir, la pasión por las relaciones amistosas y de distinto sexo, lo cual desde luego era muy gratificante, aunque hay que decir también que las posibilidades reales de pasárselo bien y divertirse no eran en absoluto algo generalizado. No todo el mundo tenía los recursos o las posibilidades para ir a un baile, tener un tocadiscos o un televisor en casa. No obstante la radio era algo generalizado y factible para la inmensa mayoría de la población. En este sentido, el gusto por aquellas músicas, era una forma de escapar, olvidarse o evadirse de los numerosos conflictos y problemas que los jóvenes tenían que afrontar, pero también una forma de disfrutar y de gustar de nuevos ritmos, sonidos y músicas.

  • Se aprobaba o se ponía el énfasis en las relaciones chico-chica, en el enamoramiento y en todo aquello que constituía el espacio sentimental del interés por el otro sexo, en el que curiosamente las jóvenes, las mujeres, siempre eran representadas como objetos a seducir, a enamorar o a conquistar. En el fondo y en la forma, aquellas canciones no decían ni ofrecían absolutamente nada para tomar conciencia de la intensa y profunda discriminación que sufrían las mujeres del franquismo en todas las edades.1 Ref.Un excelente trabajo sobre la situación de la mujer en el franquismo puede encontrarse en el trabajo de la Dra. Isabel Pérez Molina «Las mujeres durante el franquismo«.No todos los jóvenes tenían pues y en definitiva las mismas posibilidades de estudio, trabajo, ocio y disfrute.

Juan Miguel Batalloso Navas, es Maestro de Educación Primaria y Orientador Escolar jubilado, además de doctor en Ciencias de la Educación por la Universidad de Sevilla, -España–.
Ha ejercido la profesión docente durante 30 años, desarrollando funciones como maestro de escuela, director escolar, orientador de Secundaria y formador de profesores.
Ha impartido numerosos cursos de Formación del Profesorado, así como Conferencias en España, Brasil, México, Perú, Chile y Portugal. También ha publicado diversos libros y artículos sobre temas educativos.
Localmente, participa y trabaja en la Asociación “Memoria, Libertad y Cultura Democrática” En la actualidad, casi todo su tiempo libre lo dedica a la lectura, escritura y administración del sitio KRISIS curriculum completo lo puedes ver AQUÍ.

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