RECORDANDO a ANTHONY DE MELLO (19). Felicidad y falsas creencias

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Por Juan Miguel Batalloso Navas

FELICIDAD Y FALSAS CREENCIAS

Meditación 2

«Si alguno viene a mí y no odia a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas y hasta su propia vida, no puede ser discípulo mío»
(Lc. 14,26)


Echa un vistazo al mundo y observa la infelicidad que hay en torno a ti y dentro de ti mismo. ¿Acaso sabes cuál es la causa de tal infelicidad? Probablemente digas que la causa es la soledad, o la opresión, o la guerra, o el odio, o el ateísmo… Y estarás equivocado.La infelicidad tiene una sola causa: las falsas creencias que albergas en tu mente; creencias tan difundidas, tan comúnmente profesadas, que ni siquiera se te ocurre la posibilidad de ponerlas en duda.
Debido a tales creencias, ves el mundo y te ves a ti mismo de una manera deformada. Estás tan profundamente «programado» y padeces tan intensamente la presión de la sociedad que te ves literalmente obligado a percibir el mundo de esa manera deformada. Y no hay solución, porque ni siquiera sospechas que tu percepción está deformada, que piensas de manera equivocada, que tus creencias son falsas.
Mira en derredor tuyo y trata de encontrar a una sola persona que sea auténticamente feliz: sin temores de ningún tipo, libre de toda clase de inseguridades, ansiedades, tensiones, preocupaciones… Será un milagro si logras encontrar a una persona así entre cien mil. Ello debería hacerte sospechar de la «programación» y las creencias que tanto tú como esas personas tenéis en común.
Pero resulta que también has sido «programado» para no abrigar sospechas ni dudas y para limitarte a confiar en lo que tu tradición, tu cultura, tu sociedad y tu religión te dicen que des por sentado. Y si no eres feliz, ya has sido adiestrado para culparte a ti de ello, no a tu «programación» ni a tus ideas y creencias culturalmente heredadas. Pero lo que empeora aún más las cosas es el hecho de que la mayoría de las personas han sufrido tal lavado de cerebro que ni siquiera se dan cuenta de lo infelices que son…: como el hombre que sueña y no tiene ni idea de que está soñando.
¿Cuáles son esas falsas creencias que te apartan de la felicidad? Veamos algunas. Por ejemplo, ésta: «No puedes ser feliz sin las cosas a las que estás apegado y que tanto estimas». Falso. No hay un solo momento en tu vida en el que no tengas cuanto necesitas para ser feliz. Piensa en ello durante un minuto… La razón por la que eres infeliz es porque no dejas de pensar en lo que no tienes, en lugar de pensar más bien en lo que tienes en este momento.
O esta otra: «La felicidad es cosa del futuro». No es cierto. Tú eres feliz aquí y ahora; pero no lo sabes, porque tus falsas creencias y tu manera deformada de percibir las cosas te han llenado de miedos, de preocupaciones, de ataduras, de conflictos, de culpabilidades y de una serie de «juegos» que has sido «programado» para jugar. Si lograras ver a través de toda esa maraña, comprobarías que eres feliz… y no lo sabes.
Otra falsa creencia: «La felicidad te sobrevendrá cuando logres cambiar la situación en que te encuentras y a las personas que te rodean». Tampoco es cierto. Estás derrochando estúpidamente un montón de energías tratando de cambiar el mundo. Si tu vocación en la vida es la de cambiar el mundo, ¡adelante, cámbialo!; pero no abrigues la ilusión de que así lograrás ser feliz.
Lo que te hace feliz o desdichado no es el mundo ni las personas que te rodean, sino los pensamientos que albergas en tu mente. Tan absurdo es buscar la felicidad en el mundo exterior a uno mismo como buscar un nido de águilas en el fondo del mar. Por eso, si lo que buscas es la felicidad, ya puedes dejar de malgastar tus energías tratando de remediar tu calvicie, o de conseguir una figura atractiva, o de cambiar de casa, de trabajo, de comunidad, de forma de vivir o incluso de personalidad.
¿No te das cuenta de que podrías cambiar todo eso, tener la mejor de las apariencias, la más encantadora personalidad, vivir en el lugar más hermoso del mundo… y, a pesar de ello, seguir siendo infeliz? En el fondo, tú sabes que esto es cierto; sin embargo, te empeñas en derrochar esfuerzos y energías tratando de obtener lo que sabes muy bien que no puede hacerte feliz.
Y otra falsa creencia más: «Si se realizan todos tus deseos, serás feliz». También esto es absolutamente falso. De hecho, son precisamente esos deseos los que te hacen vivir tenso, frustrado, nervioso, inseguro y lleno de miedos. Haz una lista de todos tus apegos y deseos, y a cada uno de ellos dile estas palabras: «En el fondo de mi corazón, sé que, aunque te obtenga, no alcanzaré la felicidad».
Reflexiona sobre la verdad que encierran estas palabras. Lo más que puede proporcionarte el cumplimiento de un deseo es un instante de placer y de emoción. Y no hay que confundir eso con la felicidad.
¿Qué es, entonces, la felicidad? Muy pocas personas lo saben, y nadie puede decírtelo, porque la felicidad no puede ser descrita. ¿Acaso puedes describir lo que es la luz a una persona que no ha conocido en toda su vida más que la oscuridad? ¿O puedes quizá describir la realidad a alguien durante un sueño? Comprende tu oscuridad, y ésta se desvanecerá; entonces sabrás lo que es la luz. Comprende tu pesadilla como tal pesadilla, y ésta cesará; entonces despertarás a la realidad. Comprende tus falsas creencias, y éstas perderán fuerza; entonces conocerás el sabor de la felicidad.
Si las personas desean tanto la felicidad, ¿Por qué no intentan comprender sus falsas creencias?
En primer lugar, porque nunca las ven como falsas, ni siquiera como creencias. De tal manera han sido «programadas» que las ven como hechos, como realidad. En segundo lugar, porque les aterra la posibilidad de perder el único mundo que conocen: el mundo de los deseos, los apegos, los miedos, las presiones sociales, las tensiones, las ambiciones, las preocupaciones, la culpabilidad…, con los instantes de placer, de consuelo y de entusiasmo que tales cosas proporcionan. Imagínate a alguien que temiera liberarse de una pesadilla, porque, a fin de cuentas, fuera ése el único mundo que conociera…: he ahí tu retrato y el de otras muchas personas.
Si quieres obtener una felicidad duradera, has de estar dispuesto a odiar a tu padre, a tu madre… y hasta tu propia vida, y a perder cuanto posees. ¿De qué manera? No desprendiéndote de ello ni renunciando a ello (porque, cuando se renuncia a algo forzadamente, queda uno vinculado a ello para siempre), sino, más bien, procurando verlo como la pesadilla que en realidad es; y entonces, lo conserves o no, habrá perdido todo dominio sobre ti y toda posibilidad de dañarte, y al fin te habrás liberado de tu sueño, de tu oscuridad, de tu miedo, de tu infelicidad…
Dedica, pues, un tiempo a tratar de ver tal como son cada una de las cosas a las que te aferras: una pesadilla que, por una parte, te proporciona entusiasmo y placer y, por otra, preocupación, inseguridad, tensión, ansiedad, miedo, infelicidad…
El padre y la madre: una pesadilla. La mujer y los hijos, los hermanos y hermanas: una pesadilla. Todas tus pertenencias: una pesadilla. Tu vida, tal como es: una pesadilla. Cada una de las cosas a las que te aferras y sin las que estás convencido de que no puedes ser feliz: una pesadilla… Por eso odiarás a tu padre y a tu madre, a tu mujer y a tus hijos, a tus hermanos y hermanas… y hasta tu propia vida. Por eso deberás dejar todas tus pertenencias, es decir, dejarás de aferrarte a ellas, y de ese modo habrás destruido su capacidad de dañarte.
Por eso, finalmente, experimentarás ese misterioso estado que no puede ser descrito con palabras: el estado de una felicidad y una paz permanentes. Y comprenderás cuan cierto es que quien deja de aferrarse a sus hermanos y hermanas, a su padre, a su madre, a sus hijos, a sus tierras y posesiones… recibe el ciento por uno y obtiene la vida eterna.

En esta segunda meditación de Una llamada al amor, Anthony de Mello tiene a mi juicio la intención de provocarnos mediante un mensaje evangélico, que al menos yo, nunca he entendido ni he compartido. ¿Como va a ser eso de que para seguir a Jesús haya que «odiar» a tu padre, a tu madre, a tu mujer y a tus hijos, cuando precisamente la familia es el sostén y el trampolín para comprender, aprender y practicar el amor de una manera sencilla y natural e incluso para extenderlo y generalizarlo en otros escenarios sociales? O cuando las relaciones familiares, independientemente de que se puedan convertir en una dependencia que lastre tu desarrollo, son precisamente el primer escenario social en el que se aprende a amar y a construir tu propia identidad.

A su vez este mensaje, entendido literalmente es uno de los que ha utilizado la Iglesia Católica para exigir completa obediencia, subordinación y acatamiento de todos sus dogmas y decisiones, en la falsa creencia, claro está, de que esa obediencia exigida incluso mediante votos perpetuos tiene fundamento evangélico. En este, punto necesariamente tengo que entender que si para ser feliz, como dice Anthony de Mello hay que desprenderse de cualquier tipo de dependencia o de programación cultural que nos impida ser auténticamente libres, es obvio que hay que desprenderse también de esas programaciones dogmático-eclesiásticas que exigen sumisión y obediencia. Y en consonancia con esto, necesariamente también me tengo que pronunciar radicalmente en contra, tanto del celibato obligatorio, como del sacerdocio profesionalizado y masculino, pero, en fin, estos son ya otros asuntos.

En cualquier caso, la meditación de hoy es extraordinariamente válida en cuanto nos permite pensar en que:

  • Nuestros estados de malestar psíquico ya sean de tristeza, ansiedad, angustia, intranquilidad, preocupación e incluso depresiones temporales, cíclicas o crónicas son por lo general debidos a falsas creencias que hemos adquirido por inculturación, que al ser consideradas como naturales y legítimas sin ser jamás cuestionadas, provocan de un modo u otro sufrimiento.
  • Los apegos, dependencias y creencias derivadas de la convicción de que, sin la presencia, asistencia, afecto, necesidad de algo o alguien, anulan o dificultan en mayor o menor medida nuestra libertad y el despliegue de nuestras capacidades de autorrealización. Liberarse pues de apegos y dependencias, lo cual no significa en absoluto renunciar a querer y regalar afecto y cariño a los demás, no solo es el camino para la conquista la autonomía personal y moral, sino también de nuestro propio bienestar psíquico.
  • Creer que, para ser feliz, los demás tienen que pensar y sentir como yo pienso y siento estando siempre preocupado y ocupado por cambiar la conducta, pensamientos y sentimientos de los demás, no solo es ridículo, absurdo e inútil, sino también una conducta de ignorancia completa, dado que la conducta de los demás es un asunto de los demás y no de mí mismo. No obstante, no podemos ignorar, que todos nuestros aprendizajes son sociales y muchos de ellos se realizan mediante modelado, contagio o con el ejemplo, por tanto, si deseo cambiar a los demás, lo único que puedo hacer y sin esperar resultados, es cambiarme a mí mismo.
  • Todas las sociedades actuales son potencialmente patogénicas, es decir provocan diversos tipos de enfermedades mentales, así como trastornos de la conducta y de la personalidad. Son, en términos de Pierre Weil, Roberto Crema y Jean-Yves Leloup, sociedades normóticas o afectadas en mayor o menor grado de normosis. Lo que dicho de otra manera significa afirmar que las conductas y personalidades sanas son las que a menudo son consideradas por las sociedades normóticas como enfermas.
  • La estrategia general y de carácter personal, formativo y educativo no puede ser otra que la de aprender a cuestionar, a preguntar, a identificar lo que de enfermizo hay en la sociedad y en nuestra propia mente de forma que podamos producir y ejercitar un nuevo tipo de pensamiento alternativo crítico y liberador.

Por último y siendo consciente de que este artículo se hace ya un poco largo de acuerdo con las normas de este tipo de textos, no me resisto a traer aquí una de las reflexiones más profundas y sencillas que sobre la felicidad nos regaló el conocido jesuita Rafael Navarrete en su libro «El aprendizaje de la serenidad». Un libro que recomiendo especialmente a todas aquellas personas que siguen estos artículos y que muy posiblemente ya conozcan. En este libro y de una forma transparente, nítida y sencilla, el padre Navarrete, al que tuve la oportunidad de conocer personalmente, nos dice

…Cuando te pongas en camino en busca de tu felicidad, quizás perdida, pueden ayudarte estas observaciones que me ha enseñado la experiencia:
La felicidad es una decisión de la voluntad. Hay que entenderlo; pero, si lo miras bien, es así.
Muchas veces no se pueden cambiar las circunstancias de la vida; salir de un barranco en el que hemos caído, no siempre es fácil, y necesita tiempo. No siempre puedes cambiar tus situaciones familiares, sociales, económicas … Todavía te queda una solución: cambia tu actitud ante el problema. Si miras en derredor de ti, no te será difícil encontrar personas en circunstancias iguales a las tuyas (y peor), que todavía tienen capacidad de sonreír, y que no dudan en afirmar que, a pesar de todo, son felices. Yo decido ser feliz en estas circunstancias; y puedo también decidir lo contrario, no serlo.
No entregues a nadie la llave de tu felicidad. Puede parecer una recomendación egoísta; pero atrévete a mirar las cosas con tus propios ojos. Si pones como condición de tu felicidad la felicidad de otra persona, has renunciado a tener en tus manos la llave que puede abrir la puerta de la felicidad para ti. Hay esposas para quienes las llaves de su felicidad la tienen el esposo y viceversa; para muchos padres, su felicidad está condicionada a la felicidad de los hijos … Es como si todo el cuerpo tuviera que sentirse enfermo porque el brazo está roto. Siempre que dependes de otros para ser feliz, o de unas circunstancias concretas, has depositado la llave de tu felicidad en el bolsillo de otro; ya no puedes entrar en tu casa cuando quieras.
No existe una felicidad total. A veces, el hombre sueña con una copia infinita para saciar su sed; y no agradece el pequeño vaso de agua que es tan solo lo que pueden sostener sus manos. El hombre es un ser anfibio, hecho para el cielo y la tierra: ansía lo infinito, porque Dios lo ha hecho a su imagen y es un eco de su infinita melodía, pero solo puede caminar sobre tierra; siempre piensa en algo más allá. Cree que puede alcanzar consumado una felicidad sin límites de un solo vuelo, y se entristece cuando constata coma una y otra vez, que apenas si puede dar saltos cortos.
Seguimos añorando un paraíso del que creemos que se nos ha echado y que todavía podemos recuperar. Aprender a vivir en paz entre la limitación y la llamada del infinito es un aprendizaje esencial si quieres acercarte a la felicidad posible.
Supuesta esta limitación de la felicidad (no existe un pleno día) haces bien en buscar la felicidad. Tú has sido creado para la felicidad. No renuncies a ella. Tendrás que descubrir lo que realmente necesitas; si alguna planta se le niega la luz, el agua, el aire… pierde el brillo de sus hojas. La pregunta que más te importa es esta «¿Soy feliz?» si no lo eres, debes cuestionarte tu propia vida.1 Ref.NAVARRETE,Rafael. El aprendizaje de la serenidad. San Pablo. Madrid. 1993. Pp: 11-13


Muchas gracias por haber llegado hasta aquí y si es de tu interés, difunde por favor.
Camas (Sevilla) a 23 de enero de 2022.



Juan Miguel Batalloso Navas, es Maestro de Educación Primaria y Orientador Escolar jubilado, además de doctor en Ciencias de la Educación por la Universidad de Sevilla, -España–.
Ha ejercido la profesión docente durante 30 años, desarrollando funciones como maestro de escuela, director escolar, orientador de Secundaria y formador de profesores.
Ha impartido numerosos cursos de Formación del Profesorado, así como Conferencias en España, Brasil, México, Perú, Chile y Portugal. También ha publicado diversos libros y artículos sobre temas educativos.
Localmente, participa y trabaja en la Asociación “Memoria, Libertad y Cultura Democrática” En la actualidad, casi todo su tiempo libre lo dedica a la lectura, escritura y administración del sitio KRISIS. Su curriculum completo lo puedes ver AQUÍ.

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