KRISIS

RECORDANDO a ANTHONY DE MELLO (7): el apego

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Por Juan Miguel Batalloso Navas

La segunda y la tercera de las cuatro nobles verdades del budismo dicen así:

EL ORIGEN DEL SUFRIMIENTO ES EL DESEO

« Ésta es, oh, monjes, la Noble Verdad del Origen del Sufrimiento. Es este deseo que genera nueva existencia, que asociado con placer y pasión se deleita aquí y allí. Es decir, el deseo sensual, el deseo por la existencia y el deseo por la no existencia. »

EL SUFRIMIENTO CESA CUANDO ELIMINAMOS EL DESEO

« Ésta es, oh. monjes, la Noble Verdad de la Cesación del Sufrimiento. Es la total eliminación y cesación de ese mismo deseo, su abandono, su descarte, la liberación, el no asimiento.»

Pues bien, la interpretación y la respuesta que Anthony de Mello ofrece a estos dos principios del budismo no puede ser más clara. Para ello elabora y ejemplifica el concepto de apego, que a mi juicio es uno de los conceptos fundamentales que atraviesa todo su pensamiento y toda su obra. Nada mejor pues, que el mismo Anthony nos lo explique con sus propias palabras:

«…Y ¿qué conclusión vas a sacar de esto? Que la extinción del sufrimiento es la ausencia de deseo. Entonces, ¿tengo que convertirme en un vegetal? O sea, ¿cómo vamos a vivir sin deseos? Os lo voy a exponer mejor traducido. Yo no creo que Buda fuera tan tonto y tan estúpido como para decir que no debemos tener ningún deseo. Cielo santo, para poder estar hablándoos ahora mismo, tengo que tener el deseo de hablar. Si vosotros no hubieseis tenido el deseo de venir a escucharme, no estaríais aquí. Así que vamos a traducir mejor sus palabras.
El mundo está lleno de sufrimiento. El origen del sufrimiento es el apego. La extinción del sufrimiento consiste en extinguir los apegos, en soltarlos.
¿Sabéis? Existen deseos de cuyo cumplimiento no depende mi felicidad. La verdad es que tenéis muchos deseos de cuyo cumplimiento no depende vuestra felicidad. Si no, estaríais subiéndoos por las paredes; tendríais los nervios hechos trizas.
Todos tenemos deseos de dos clases. Tenemos unos deseos que… Deseamos cosas de todo tipo, y bien que nos alegramos cuando las conseguimos; pero si no las conseguimos, no pasa nada: mala pata. No nos sentimos infelices. Pero tenemos otros deseos que…, ay, Señor, si no los conseguimos, vamos a ser desgraciados. A esto me refiero cuando hablo de los apegos.
¿De dónde creéis que salen todos los conflictos? De los apegos. ¿De dónde creéis que sale la codicia? De los apegos. ¿De dónde creéis que sale la soledad? De los apegos. ¿De dónde creéis que sale el vacío? Ya lo habéis entendido: de lo mismo. ¿De dónde creéis que salen los miedos? De los apegos. Si no hay apego, no hay miedo. ¿Lo habíais pensado alguna vez? Si no hay apego, no hay miedo.
(…)Vuestra cultura y la mía nos están formando para eso. Nos han impartido unas enseñanzas erróneas. Les tiene sin cuidado si somos felices o no. Lo que quieren es que rindamos. Lo que quieren es que produzcamos. Eso es lo que quieren; aunque para ello tengamos que ser unos esclavos miserables e infelices.(…)Tenemos que tener deseos, y nuestra felicidad dependerá de que se cumplan o no. Claro que esto será muy bueno para eso que llaman progreso, ¿verdad? Porque así te dedicarás a la empresa en cuerpo y alma. Eso que llaman progreso. Digo «eso que llaman progreso» porque para mí no es progreso. Eso no es progreso.
—¿Quieres decir que tener aviones a reacción y naves espaciales no es progreso?
—Muy listo. Pues te voy a decir lo que es el progreso. El progreso del corazón. El progreso del amor. El progreso de la felicidad. ¿Tenéis eso?
—Ah, no, lo siento; de eso no tenemos. Pues el resto os lo podéis quedar; ¿de qué sirve? Dime: ¿de qué sirve ir de un lado a otro en avión, con el corazón lleno de tristeza y de vacío? Dímelo. Yo prefiero vivir en el suelo, en una selva, y ser completamente feliz y pasarme el día bailando. ¿No lo preferirías tú? Puede que no. No lo sé.1 Ref.De Mello, Anthony. Redescubrir la vida (Spanish Edition) (p. 24-26). Alfaomega. Edición de Kindle.


Después de haber leído lentamente este texto tan hermoso varias veces, me surgen varias preguntas que durante mucho tiempo no he sabido responder y de las que todavía no tengo una respuesta que me satisfaga del todo. Sin embargo, ahora que estoy profundizando un poco más en la obra de Anthony de Mello, considero que, aunque ninguna de mis preguntas tenga una respuesta definitiva, sus aportaciones me permiten encontrar, si no respuestas, al menos caminos de reflexión y de formas de vivir cotidianamente que a mí al menos me ayudan a sentir y a gozar plenamente el presente.

Estas preguntas que en este instante se me ocurren son:

  • ¿Cómo diferenciar lo que es una necesidad de un deseo y de un apego? ¿Cuáles son las necesidades fundamentales de cualquier ser humano? ¿Nuestros deseos son realmente nuestros deseos o han sido programados e inducidos por otros para que los consideremos como propios? ¿Cómo puedo identificar y diferenciar mis apegos?

  • ¿Realmente si intento ser desapegado conseguiré un mayor bienestar psíquico y una mayor calidad de vida? ¿Podré encontrar y disfrutar de eso que llamamos felicidad?

  • ¿Cómo puedo liberarme de la ira, la ambición, el miedo, la ansiedad, los enfados, los disgustos, las decepción y en general todos los sentimientos negativoa y emociones destructivas de las que ningún ser humano está libre? ¿Puedo alcanzar un estado de calma, serenidad y paz interior que sea duradero y sostenible? ¿Basta con que me haga desapegado? ¿Y cómo se consigue eso?

A las primeras puedo responder diciendo que cuando Anthony de Mello habla de los apegos, se está refiriendo a todo aquel conjunto de condicionamientos y hábitos culturales que hemos interiorizado de tal manera que nos impiden acceder a estados de bienestar psíquico y que en definitiva nos hacen sufrir generando en nosotros sentimientos negativos y emociones destructivas. Los apegos, tal como los entiendo ahora siguiendo sus aportaciones, son formas de sentir y de pensar que hemos asumido e interiorizado como propias pero que en realidad no son nuestras. Son el producto de la inculcación, la transmisión, el contagio y/o la contaminación que han producido en nuestra mente, la familia, la escuela, las instituciones, la cultura nacional o local, el capitalismo, la religión y la Iglesia, etc. Esta es la razón por la cual, si queremos identificar nuestros apegos necesariamente tenemos que aprender a pensar críticamente, algo que muchas personas desconocen o no saben hacer y que desde luego y por desgracia, no se enseña de manera formal en las escuelas y los centros de formación.2 Ref.Si quieres documentarte y aprender a pensar críticamente te recomiendo de forma muy especial que visites el sitio CRITICAL THINKING, una Fundación que lleva más de 40 años dedicada a promover transformaciones educativas y sociales mediante el aprendizaje de un pensamiento crítico imparcial basado en la empatía, la humildad, la perseverancia, la integridad y la responsabilidad intelectual. El sitio regala numerosos documentos en español para aprender sencillos procedimientos que nos ayudan muchísimo a leer, escuchar y pensar críticamente.. En suma, si no somos capaces de aprender a pensar críticamente, es prácticamente imposible que nos demos cuenta de cuales son nuestros apegos y de donde proceden. A su vez, debo destacar también que Anthony de Mello no cuestiona para nada, ni la existencia de necesidades, como tampoco de los deseos, si bien en el asunto de los deseos reconoce abiertamente que son culturalmente creados e incluso modelados y publicitados de tal forma que acaban por convertirse en necesidades que no son en realidad necesidades.3 Ref.Para el conocimiento y la comprensión de lo que son las necesidades humanas, asunto en el que no voy a entrar aquí, son de lectura indispensable o de revisión obligatoria, la clásica y conocida obra de Abraham Maslow titulada Motivación y personalidad y por supuesto la magistral obra del economista Manfred Max Neef, Desarrollo a escala humana en la que se expone toda una teoría sistemática de las necesidades humanas. Ambas puedes verlas, leerla y descargarlas pulsando en los enlaces respectivos.

En cuanto a las segundas y dada la edad y la experiencia de la que dispongo, verdaderamente no puedo asegurar que eso de la felicidad pueda realmente encontrarse mediante la práctica del desapego. No hay ningún ser humano que no esté libre absolutamente de que una o muchas veces sea asaltado por sentimientos de soledad, decepción y angustia, sobre todo cuando además somos seres de vínculos afectivos y sociales y nos necesitamos unos a otros. Sin embargo, si somos capaces de identificar nuestras proyecciones, nuestros mecanismos de defensa, los chantajes a los que sometemos y somos sometidos por los demás, los famosos debería… de los que nos habla Carl Rogers, nuestros prejuicios y estereotipos o las conocidas distorsiones cognitivas de Albert Ellis y su famosa Terapia Racional Emotiva Conductual, habremos sin duda avanzado mucho. No obstante, debo añadir que no hace falta para nada hacerse un experto conocedor de la psicología o de la filosofía para poder vivir plenamente y con relativas dosis de felicidad el regalo de la vida. De hecho, Anthony de Mello no desarrolló ningún método específico y sistemático para aprender a desapegarnos. No fundó ninguna escuela psicológica ni nada que se le parezca. A mi juicio él optó por el conocido Camino Medio del budismo que es el que busca un equilibrio armónico entre lo positivo y lo negativo, entre el dolor y el placer, la alegría y la tristeza y es que lo queramos o no, todo está cargado de incertidumbre, complejidad y nada hay en nuestra existencia que podamos dar por seguro y acabado salvo la muerte. Un Camino que sin duda se hace al andar y practicando ese Óctuple Sendero del budismo, algo que conocía muy bien Anthony de Mello.

Y para las terceras, decir simplemente que aprender el desapego no es como freír un huevo o ir un día de excursión al campo gozando de la Naturaleza. Es algo difícil a pesar de que Anthony de Mello nos estimulaba con una extraordinaria creatividad a que lo intentáramos siempre. Su objetivo era ayudarnos a encontrar esa felicidad que no depende del exterior, ni del tener, ni del hacer. Nunca nos ofreció recetas ni fórmulas regladas que siguiéndolas nos conducirían indefectiblemente al desapego. Utilizó como ya digo, el Camino Medio, para lo cual nos regaló numerosas historias, anécdotas y cuentos que por sí mismas y simplemente leyéndolas con atención y concentración nos conducen, o al menos a mí me han conducido, a una especie de estado de gracia o tranquilidad en los que sin que apenas te des cuenta, vas poco a poco introduciéndote en ese disfrutar con todo y con nada que siempre nos recuerda. Pero al mismo tiempo nos ofrece también numerosos ejercicios que él mismo practicaba y que sirven para introducirnos en el camino del autoconocimiento y la paz interior.

Y para terminar no me resisto a comentar lo que Anthony de Mello señala respecto al progreso en la cita anterior. Efectivamente y como ya nos dijera Erich Fromm seguimos confundiendo e incluso extrapolando el tener con el ser . Nuestra vida transcurre en un continuo proceso de adquisición y acumulación de cosas materiales, acompañado de un consumo incesante que siempre va mucho más allá de lo que realmente necesitamos para vivir dignamente y olvidando que hay miles de millones de personas que no disponen de lo mínimo y que nuestro Planeta es finito. En consecuencia, estas sociedades que consideramos del bienestar, son en realidad sociedades del malser en las que abundan numerosas enfermedades físicas y psíquicas probando así que el sufrimiento humano al parecer es inextinguible. No hace falta insistir mucho en esto. Lo hemos visto y seguimos viendo con la pandemia del Covid-19 y otras futuras pandemias que vendrán si no somos capaces de cambiar nuestro modo de ser y estar en el mundo. Es curioso entonces que sigamos llamando progreso a lo que en realidad no lo es. Y es curioso también autodenominarse progresista persiguiendo exclusivamente metas de bienestar. Por eso me pregunto: ¿Qué es entonces ser progresista? Tú y solo tú tienes la respuesta.

Muchas gracias por haber llegado hasta aquí y si es de tu interés, difunde por favor.
Cala (Huelva) a 31 de octubre de 2021

Juan Miguel Batalloso Navas, es Maestro de Educación Primaria y Orientador Escolar jubilado, además de doctor en Ciencias de la Educación por la Universidad de Sevilla, -España–.
Ha ejercido la profesión docente durante 30 años, desarrollando funciones como maestro de escuela, director escolar, orientador de Secundaria y formador de profesores.
Ha impartido numerosos cursos de Formación del Profesorado, así como Conferencias en España, Brasil, México, Perú, Chile y Portugal. También ha publicado diversos libros y artículos sobre temas educativos.
Localmente, participa y trabaja en la Asociación “Memoria, Libertad y Cultura Democrática” En la actualidad, casi todo su tiempo libre lo dedica a la lectura, escritura y administración del sitio KRISIS. Su curriculum completo lo puedes ver AQUÍ.

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2 comentarios sobre «RECORDANDO a ANTHONY DE MELLO (7): el apego»

  1. Las respuestas a tus preguntas nos las dan los grandes iluminados. Ellos, sin embargo, no las recibieron de otros más grandes, las encontraron en el arca del tesoro de lo que somos. Ahí podemos hallarlas nosotros también, porque, si no, serán palabras que se lleva el viento. Pero podemos seguir el camino que nos indicaron para buscar ese tesoro. Rumi decía: «cuando estoy en silencio llego a ese lugar donde todo es música». Qué bien traído la alegoría de la música. Entre las artes es la que más nos centra en el instante, no permitiendo a la mente que divague, ni que se haga preguntas. Las notas, la notas que suenan aquí y ahora son únicas, ni las anteriores ni las que sonarán. Ló único que se espera de ellas es que formen una armonía. Si esto sucede nos elevan. Son como la cresta de la ola en la que tenemos que mantenernos. Nada te turbe, como decía Teresa, todo esto es mental, pero tiene su por qué y su para qué. La respuesta, a cada una de nuestras preguntas, está flotando en el viento, decía Bob Dylan en su hermosa canción Blowing in the wind y allí se quedará suspendida si no penetramos en el silencio del compás que marca nuestro corazón, siendo la nota que vibra en armonía con las leyes de la composición. No podemos cambiar el mundo a nuestro antojo, «deseos», pero podemos hacerlo mejor, más armonioso, siendo «yo» mejor, CONSCIENTE de lo que «soy», la nota afinada que forma parte de la misteriosa sinfonía del universo.
    Un abrazo.

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