Recordando a José María Castillo “In memoriam”

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José María Castillo (16.08.2029-12.11.2023) Teólogo de la Liberación

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Por Juan Miguel Batalloso Navas

Confieso que hoy he tenido un día de contrariedades y disgustos que afortunadamente hace unas horas creía que había resuelto. Sin embargo, hace apenas un momento mientras me documentaba sobre la biografía de Ignacio Martín-Baró 1 Ref.Ignacio Martín Baró (1942-1989) fue uno de los jesuitas asesinados por el Ejército Salvadoreño el 16 de noviembre de 1989, junto a otros sacerdotes; Ignacio EllacuríaSegundo MontesJuan Ramón MorenoAmando López, y Joaquín López y López. Además fue asesinada una mujer (Elba Ramos ) y su hija menor de edad (Celina) que trabajaban en la residencia donde habitaban los sacerdotes. El crimen es conocido como el de los mártires de la UCA, uno de los jesuitas. Una excelente y sencilla biografía puedes encontrarla AQUÍ. recibo por WhatsApp la noticia de la muerte de José María Castillo, uno de los teólogos que más y mejor ha contribuido al conocimiento, la comprensión y los valores del mensaje de Jesús “El hijo del carpintero”, tanto a nivel nacional como internacional.

Ante la desaparición de este buen hombre no puedo negar que estoy realmente conmovido, cuando además llevo un tiempo bastante desconsolado dada la profunda indignación que siento por el genocidio que Israel, Estados Unidos y la complicidad de la Unión Europea y por las terribles desigualdades sociales que al parecer y según todos los Informes internacionales, continuan aumentando sin parar. Y para colmo del día, el festival fascista que el PP y VOX han organizado en toda España, al parecer con mucho audiencia, con objeto de alimentar y exarcerbar el enfrentamiento y la bipolarización social a base de odio, venganza y mentiras. En este sentimiento de aflicción y de desesperanza he querido repasar mis recuerdos, para reafirmarme una vez más en mis convicciones aunque de vez en cuando me invadan sentimientos de abatimiento y de pérdida. Especialmente, tengo ahora en mi mente y en mi corazón la figura y el testimonio de por lo menos tres personas que han alimentado esas convicciones.

La primera de esas personas es el que fuera, a principios de los pasados años 70, el profesor del Seminario Diocesano de Sevilla, Enrique Robles, al que conocí, si no recuerdo mal, en 1972 aquí en Camas y con el que actualmente mantengo una maravillosa relación de amistad. Enrique, cuando yo tenía apenas 20 años, fue el primer cura al que le oí que si el cristianismo de la Iglesia católica no ponía en el centro de su actividad a los más pobres y marginados al mismo tiempo que la defensa insobornable de los Derechos Humanos Universales, pues esa Iglesia católica, necesariamente, no podía considerarse con propiedad “cristiana”, dado que de algún modo “traicionaba” o “distorsionaba” el mensaje original de Jesús en los Evangelios. Recuerdo también que aquella charla de Enrique, nos la ofreció en el Centro Parroquia de Juventud “Al-Kama” al que yo pertenecía y la títuló “La realidad” en la que nos hizo un diagnóstico social y político de la realidad de España, por aquel entonces en plana dictadura. Fue tal el impacto que me produjo aquella charla de Enrique, que decidí desvincularme y apartarme totalmente de la Iglesia, de todos sus ceremoniales, misas, liturgias, vírgenes y santos, así como de toda subordinación a curas, obispos y demás jerarquías patriarcales. Y en esa posición continuo hasta hoy sin renunciar a lo que considero esencial del mensaje original de Jesús.

Enrique fue en realidad el detonante de un compromiso social y político que concreté, tanto en mi participación en las Asociaciones de Vecinos como en mi militancia en el Partido Comunista de España, colectivo que en Camas me permitió crecer, desarrollarme y ayudarme a no abandonar jamás la cada vez más necesaria lucha por la igualdad y la dignidad humana. En este contexto, conocí a Antonio Suárez Nieto, un ser humano que fue al mismo tiempo cristiano y comunista y ejemplo vivo de encarnación con los más pobres y necesitados. Aunque yo había abandonado ya toda vinculación con la Iglesia, fue Antonio el que me enseñó que una cosa es el “eclesiocentrismo” y otra el “cristocentrismo” además de que “más que consolar a los afligidos lo que un cristiano tiene que hacer es desconsolar a los que los afligen“. Con Antonio mantuve una larga y maravillosa amistad hasta el mismo día de su partida y fue él el primero que me habó de José María Castillo, el “jesuita sin papeles” como a él últimamente le gustaba decir de sí mismo.

En aquella época tuve el enorme privilegio de conocer también al cura de Pañoleta Fernando Camacho, que por aquel entonces era ayudante del inovidable párroco Miguel Mejías. Nunca olvidaré todo el apoyo que Fernando nos mostró siempre a los que por aquel entonces éramos “los comunistas de Camas”. Pero Fernando, no era y nunca fue un cura de esos que huían de la realidad para cantar alabanzas y celebrar liturgias, sino que por el contrario desde el principio hasta el final de su vida y al igual que Antonio, su prioridad eran los pobres, los marginados y los más necesitados. Y lo curioso es que pasado el tiempo, fue Fernando el que me recomendó en varias ocasiones que leyera a José María Castillo. Así lo hice y por eso traigo aqué el recuerdo de José María Castillo en una de las obras que personalmente a mí más me ha ayudado a continuar en mi admiración y en mayor o en menor medida el seguimiento y las implicaciones sociales y políticas del mensaje de Jesús.

Sin haber conocido personalmente a José María Castillo y sin haber estudiado y leido todos sus libros, para mí este hombre que nos ha dejado hoy es sin duda también uno de los mejores intérpretes y re-creadores del mensaje original de Jesús. Concretamente el único libro que he leído de él con profundo interés y entusiasmo, es el titulado “La laicidad del Evangelio“. Así pues y en homenaje a su recuerdo y a su defensa inquebrantable de la Teología de la Liberación paso a reseñar aquí textualmente las conclusiones que Castillo saca en ese magistral libro, conclusiones con las que sin duda me identifico.

El Evangelio no es un libro de religión

“el Evangelio presenta un “proyecto de vida”. Es decir, el Evangelio representa un conjunto de convicciones y de valores que, si configuran la forma vivir de una persona, humanizan a esa persona, le dan la fortaleza necesaria para superar los problemas que, de una forma o de otra, la vida nos presenta, la hacen profundamente feliz y capaz de contagiar felicidad a quienes conviven con ella, y le abren un horizonte de esperanza que trasciende los límites de nuestra existencia terrena”

El Evangelio es el gran relato de un enfrentamiento

“Jesús vio que la religión, entendida y practicada a base de rituales, sacrificios, leyes, prohibiciones, amenazas, anteponiendo siempre “lo divino” a “lo humano”, “lo sagrado” a “lo profano” o, lo que es lo mismo, “lo clerical” a “lo laico”, produce en cada ser humano una auténtica fractura interior y origina en la sociedad incesantes conflictos, tensiones y problemas insolubles.”

La religión presta servicios a la humanidad deshumanizando a los humanos

“desde el momento en que, para tener paz y esperanza, es necesario someter nuestra “humanidad inmanente” a la “divinidad trascendente”, sin más remedio se produce una fractura, que es fuente y origen de incesantes conflictos íntimos en el propio sujeto.”

El ser humano no es un ser aislado, es un ser social

“cada ciudadano tiene que vérselas con su conciencia y con los posibles conflictos que en la sociedad se producen al tener que armonizar nuestras relaciones, las más coherentes, honradas y transparentes, con las instituciones laicas y las instituciones religiosas. Una armonización difícil de lograr, pues tanto las instituciones civiles como las religiosas, tienen sus propios intereses, que no siempre coinciden. Y, lo que es peor, suele ocurrir con frecuencia que, tanto “lo laico” como “lo religioso”, tienden a usarse y abusarse mutuamente, utilizando el disimulo, el ocultamiento y hasta la mentira, para obtener cada cual el propio provecho.”

Jesús desplaza el centro del Evangelio

“Para Jesús, el centro de la religión no está ni en “lo dogmático”, ni en “lo ritual” ni en “lo sagrado”, sino en “lo ético”. De forma que la genialidad del Evangelio está en que pone lo central de la religión en la conducta ética. De sobra sabemos que la teología cristiana ha enaltecido “lo sagrado” y “lo dogmático”, situando ambas dimensiones como eje y cumbre del saber teológico, al tiempo que la ética quedó supeditada al dogma y al rito (…) en los relatos de los evangelios, lo que más se destaca no es la especulación sobre una serie de conceptos dogmáticos; como tampoco se insiste, ni siquiera se insinúa, la necesidad de observar determinados rituales sagrados. Jesús no instituyó, ni fijó, ningún ritual. El concepto y la práctica de ritual fijo no se pueden aplicar ni siquiera a la última cena. La cena compartida empezó a dejar de ser una simple cena, y dio los primeros pasos para convertirse en un rito, muy pronto, pocos años después de la muerte y la resurrección de Jesús.”

Conducta ética

“La insistencia de Jesús, tanto en su forma de vivir, como en sus hechos y sobre todo en sus enseñanzas, se centró en la conducta ética, que destaca el respeto, la tolerancia, la estima, la bondad, la generosidad con todos, especialmente con los que sufren. Y todo esto, a partir de una profunda fe en el Padre del Cielo y una frecuente, prolongada y profunda oración. Teniendo siempre muy presente que esta ética y esta espiritualidad son auténticas, en la medida y solo en la medida, en que se traducen, se realizan y se concretan en la “autoestigmatización” que hace posible y efectiva la bondad desconcertante que a todos nos une y a todos nos concede los mismos derechos y la misma dignidad. La utopía de “una nueva sociedad”

Cómo se encuentra a Dios

“Si a Dios se le encuentra, no mediante una religión, sino mediante la ética de la bondad en todo y con todos, la consecuencia más fuerte que se sigue de tal planteamiento, es que la Iglesia tiene que ser repensada, organizada y gestionada de otra manera. Quiero decir, de manera muy distinta a como está pensada y organizada en este momento y desde hace siglos, prácticamente desde sus mismos orígenes. Porque, cuando pensamos en el Evangelio y de él hablamos, debemos tener presentes dos cosas fundamentales:
a. Ante todo, es básico no olvidar nunca que, si el Evangelio ha llegado hasta nosotros, eso es algo que se lo debemos a la Iglesia. Ella ha sido la que, a lo largo de los siglos, nos ha conservado el Evangelio, no simplemente como un libro que se mantiene y se cuida con esmero en las bibliotecas. La memoria de Jesús no es cuestión de un libro. La memoria o el recuerdo que tenemos de Jesús es el resultado de una cadena ininterrumpida de creyentes que, desde Jesús hasta este momento, han intentado vivir lo que aquel galileo de Nazaret vivió y enseñó.
b. La segunda cosa, decisiva en este punto capital, es que el recuerdo de Jesús ha sido, no solo “conservado”, sino también “interpretado” y, por tanto, “condicionado” por la Iglesia. Lo que, en cuestiones muy fundamentales, al mediar no solamente el recuerdo de Jesús, sino además los intereses de los hombres, eso ha tenido como consecuencia una inevitable deformación de lo que Jesús vivió, pensó y dejó dicho.”

La Iglesia empezó a ser conocida y vivida antes que el Evangelio

“la Iglesia que organizó Pablo, fue desde sus primeros orígenes una Iglesia pensada y que empezó a funcionar, no según los criterios del Jesús histórico que no entró en el ámbito de las preocupaciones de Pablo (2 Cor 5, 16; Gal 1, 16-17)3, sino de acuerdo con los criterios de un judío de origen fariseo y formado de acuerdo con las tradiciones religiosas de Israel y en la fe del Dios de Abrahán (Gal 3, 16-21; Rom 4, 2-20), Esto llevó consigo una forma de ejercer el gobierno, en aquellas primeras “iglesias”, que poco tenía ya que ver con la mentalidad evangélica de Jesús sobre el ejercicio del poder. Ya que, como es sabido, “el padre” era el que acaparaba todo el poder, incluso era tenido como el dueño y el amo de la mujer, los hijos y los esclavos de la casa.”

Autoridad y rituales

“el pensamiento de Pablo sobre el gobierno del “apóstol”, en la toma de decisiones, se manifestaba de forma autoritaria6. Por otra parte, si en el ejercicio de la autoridad, las primeras “iglesias” (organizadas por Pablo) ya se habían distanciado de la forma de vida y de las enseñanzas del Jesús terreno, no fue menor el distanciamiento en otro asunto de enorme importancia: la práctica de los rituales. Las asambleas, que iba fundando y controlando Pablo, tenían una cuidada gestión ritual en la que estaba permitido o prohibido quién hablaba, cómo hablaba, cómo se celebraba el bautismo y la Cena del Señor, etc. En consecuencia, muchos cristianos del Imperio, bastante antes de conocer la mentalidad de Jesús sobre quiénes han de ser los primeros en la comunidad y sobre el rechazo a los rituales religiosos, ya habían integrado en sus costumbres religiosas y en sus creencias una serie de componentes estrictamente “religiosos”, que, con el paso del tiempo terminaron ocupando el centro de la vida de la Iglesia. Cosa que ha durado hasta nuestros días.”

Mientras las cosas sigan como están, esta Iglesia no tiene arreglo

“mientras las cosas sigan como están, esta Iglesia no tiene arreglo. Porque siempre habrá gente que, con toda la razón del mundo, encontrará argumentos para decir: “Jesús, sí; Iglesia, no”. Y sería de suma importancia que todos nos hagamos a la idea de que este estado de cosas no se resuelve cambiando la Curia Vaticana, poniendo otros obispos, simplificando el boato o la pompa de las celebraciones litúrgicas, ni siquiera eligiendo a un Papa ejemplar. Es evidente que un Papa y unos obispos, que en su bondad se parecen a Jesús, pero que, en el ejercicio de su ministerio pastoral, se aferran a mantener en pie y perpetuar la Religión que persiguió y crucificó a Jesús, tal Papa y tales obispos seguirán representando ante el mundo un profundo desajuste entre la Religión que mantienen y el Evangelio que pretenden vivir.”

Para mucha gente los rituales son más importantes

“para mucha gente, los rituales religiosos resultan ser más importantes y más determinantes en la vida que la integridad ética. Esto explica que, en muchos ambientes religiosos, se cuiden con más esmero la exactitud de los cultos y ceremonias sagradas que la transparencia económica de la comunidad o de la institución. Hay casas religiosas, en las que no se tolera el descuido en la capilla o en el templo, el silencio a ciertas horas o la puntualidad a la misa, mientras que se ocultan celosamente las relaciones con la Seguridad Social o con la Hacienda pública. ¿Por qué se hacen estas cosas, y se hacen con la conciencia tranquila? ¿Por qué hay familias que no toleran al hijo homosexual, a la hija no casada por la Iglesia, al divorciado o a la divorciada, al tiempo que no tienen debidamente inscritos en el Seguro a personas que trabajan en el “servicio” de la casa? ¿Cómo se explica que haya gobernantes que cuidan más las buenas relaciones con la Iglesia que la defensa de los derechos humanos de los pobres, los débiles, los enfermos, los parados, los ancianos, los niños que se tienen que ir cada noche a la cama sin cenar o cada mañana al colegio sin haber desayunado?”

Perpetuación e institucionalización

“Toda Religión, para poder perpetuarse no tiene más remedio que institucionalizarse. Ahora bien, es una ley básica en sociología que toda institución tiene el peligro de anteponer sus “intereses” a sus “fines”. Es más, con frecuencia ocurre que, en la misma institución, hay quienes piensan que los “intereses” son necesarios para alcanzar los “fines” que la institución religiosa está dedicada a realizar. Un ejemplo elocuente, en este orden de cosas, es la relación de la institución religiosa con el dinero y el capital. En la Iglesia es frecuente la “confusión evangélica” que lleva a cuidar hasta tal extremo los intereses económicos, en que los responsables de la institución ponen más empeño en las ganancias de la Bolsa que en la ejemplaridad de su cercanía a los más humildes y a quienes más sufren.

Religión y Estado

“Si tenemos presente que la Iglesia, además de una Religión, es un Estado, las relaciones de la Iglesia con los poderes públicos se complican y se multiplican como muchos ciudadanos no imaginan. Porque, en cuanto Religión, se considera la única y verdadera fe religiosa que Dios ha revelado para bien de este mundo, y en cuanto Estado, se ve a sí misma con el deber y el derecho de anteponer sus intereses, no solo a los intereses del Estado, sino, además y por supuesto, a los intereses también de las demás confesiones religiosas. Con lo que la Iglesia se ve en la penosa situación de tener que defender de forma más o menos disimulada derechos e intereses que están abiertamente contra lo que los mismos funcionarios de la Religión le predican al pueblo fiel cuando explican el Evangelio.

Fidelidad a la laicidad del Evangelio

“Si la Iglesia, fiel a la laicidad del Evangelio, se convence de que su ética se reduce a la “autoestigmatización” que se traduce en “bondad” sin límites, tiene que plantear la educación moral de forma que, en la práctica, sea equivalente a la educación de buenos ciudadanos, ejemplares en su conducta solidaria y generosa en el respeto, la tolerancia y la defensa de los derechos humanos para todos por igual. Solo así, la Iglesia enseñará el camino para buscar y encontrar a Dios. Respetando y estimando por igual a los que practican la religión tradicional que a quienes son fieles a otras confesiones religiosas; o también lo mismo a los agnósticos que a quienes prescinden de toda relación con “lo religioso”. Lo que importe no es el “buen religioso”, sino el “buen ciudadano”.

Juan Miguel Batalloso Navas, es Maestro de Educación Primaria y Orientador Escolar jubilado, además de doctor en Ciencias de la Educación por la Universidad de Sevilla, -España–.
Ha ejercido la profesión docente durante 30 años, desarrollando funciones como maestro de escuela, director escolar, orientador de Secundaria y formador de profesores.
Ha impartido numerosos cursos de Formación del Profesorado, así como Conferencias en España, Brasil, México, Perú, Chile y Portugal. También ha publicado diversos libros y artículos sobre temas educativos.
Ha sido miembro del Grupo de Investigación ECOTRANSD de la Universidad Católica de Brasilia y pertenece al Consejo Académico Internacional de UNIVERSITAS NUEVA CIVILIZACIÓN, donde ofreció el Curso e-learning: ‘Orientación Educativa y Vocacional’.
En la actualidad, casi todo su tiempo libre lo dedica a la lectura, escritura y administración del sitio KRISIS cuya temática general está centrada también en temas educativos y transdisciplinares. Su curriculum completo lo puedes ver AQUÍ

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2 thoughts on “Recordando a José María Castillo “In memoriam”

  1. Alegrémonos de haber convivido con gente tan lúcida como José María Castillo. Desde el principio de los tiempos hasta nuestros días no han faltado gentes que nos iluminen el camino, ni faltarán, porque ya están entre nosotros los que han tomado el relevo. Hay muchos ciegos que sufren y hacen sufrir. Compadezcamos a todos, ayudando a los primeros y no colaborando con los segundos, con esos ciegos que guían a otros ciegos. Gracias José María, gracias Juan Miguel.

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