Conciencia (27). Funciones de la Conciencia desde la Espiritualidad

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Funciones de la conciencia

Conciencia (27). Funciones de la conciencia
desde la Espiritualidad

Por Juan Miguel Batalloso Navas

         La conciencia espiritual no es meramente un complemento opcional del desarrollo humano, sino una dimensión que pone en juego el desarrollo pleno no sólo de la persona sino de las culturas y de los pueblos. Desde la perspectiva transpersonal, no somos un contenido de la consciencia, sino la consciencia misma, Presencia consciente experimentándose en formas temporales, 1 Ref.MARTÍNEZ, Enrique. Psicología transpersonal para la vida cotidiana: claves y recursos. Bilbao: Desclée De Brouwer, 2020..

«…Una persona espiritual es aquella que, con todos los límites e imperfecciones de los seres humanos, se halla en un proceso en el que es llevada a descubrir la verdad sobre sí misma –su verdadera identidad, más allá del «yo individual»– y a vivirse en coherencia con ella. Esa sabiduría o lucidez básica se mani-fiesta en signos que nos permiten evaluar si se trata de una espiritualidad genuina o de meros sucedáneos. Entre ellos, ca-ben destacarse dos: una creciente unificación, integración o armonía personal –hecha de autoconocimiento, aceptación, humildad, ecuanimidad…– y una progresiva vivencia de la compasión, que nace del amor que somos, de la conciencia clara de la unidad compartida, y que se manifiesta como deseo de bien para todos, ayuda y servicio eficaz…»

         Desde la dimensión espiritual, las funciones de la conciencia son las siguientes:

Búsqueda de sentido existencial

La búsqueda de sentido es la primera de estas funciones; la inteligencia espiritual nos hace capaces de interrogarnos por el sentido de la existencia, por lo que realmente dota de valor y significado a nuestra estancia en el mundo. La pregunta por el sentido es la primera expresión de que el ser humano no es un mero hecho natural. Está abierto a unas realidades y a unos valores que dan a su vida dignidad.

«…La búsqueda del sentido no es un producto de la cultura, ni un fenómeno artificial. Emerge de lo más hondo del ser, como una necesidad primaria, como una pulsión fundamental. Pue-de permanecer en un estado silente, como en letargo, pero en determinados contextos, brota con fuerza. El ser humano, en virtud de su inteligencia espiritual, es capaz de interrogarse por el sentido de su existencia, tiene el poder de preguntarse por lo que realmente dota de valor y de significado su estancia en el mundo. La inteligencia espiritual permite, por un la-do, interrogarnos por el sentido de la existencia y, por otra, buscar respuestas plausibles a la misma. No existe una única respuesta a tal pregunta, ni tampoco se puede esperar una respuesta concluyente desde las ciencias experimentales. Cada ser humano está llamado a dotar de sentido su existencia, pero el modo como la dote depende del desarrollo de su inteligencia, de las interacciones y de su bagaje educativo y cultural. La pregunta por el sentido es la primera expresión de que el ser humano no es un mero hecho natural. Está abierto a unas realidades y a unos valores que dan a su vida dignidad. Sea cual sea la formulación concreta, «¿Vale la pena vivir?», «¿Tiene sentido la vida?», «¿Qué me cabe esperar?» son pre-guntas que hacen explícito el carácter misterioso de la persona. Este carácter aflora cuando uno se hace preguntas sobre sí mismo y sobre el mundo. Cuando se supera el nivel de las apariencias accesibles y se llega a las raíces se desata una in-tensa vida espiritual…» 2 Ref.TORRALBA, Francesc. Inteligencia espiritual. Barcelona: Plataforma Edi-torial, 2013. p. 39

Trascendencia y perspectiva ampliada

La capacidad de trascender o de ser capaz de ir más allá de los acontecimientos o del conocimiento dado como verdadero, nos permite acceder a estados más elevados de conciencia descubriendo un sentido de lo sagrado en las actividades diarias. Gracias a la inteligencia espiritual podemos captar contextos mayores de la vida, totalidades significativas que nos conectan con el Todo sensibilizándonos y comprometiéndonos con valores, visiones y cuestiones trascendentales.

«…La trascendencia es quizá la calidad más esencial de lo espiritual. Según los teólogos y muchos otros pensadores religiosos, lo trascendente normalmente significa algo que está más allá del mundo físico. En este libro uso el concepto para referirme a algo más modesto y al mismo tiempo más fundamental. Sugiero que lo trascendente es lo que nos lleva más allá, más allá del momento actual, de nuestra actual alegría o sufrimiento y de nuestros egos actuales. Nos transporta más allá de los límites de nuestro conocimiento y pone estas realidades en un contexto más amplio. Nos da una idea de lo ex-traordinario y lo infinito dentro de nosotros mismos y de nuestro entorno. Muchos que lo han experimentado lo llaman Dios; otros dicen haber tenido una experiencia mística; otros lo sienten a través de la belleza de una flor o de una obra musical…» 3 Ref.ZOHAR, Danah; MARSHALL, Ian. Inteligencia espiritual. Barcelona: Plaza y Janés, 2001, p.74

Resolver problemas existenciales de la vida diaria

La visión espiritual que es trascendente, transpersonal y transdisciplinar, así como la realización de actividades y ejercicios para el desarrollo de la conciencia espiritual como la meditación en todas sus formas (mindfulness, vipassana, con mantras, con mandalas, con oraciones, con el Raya Yoga o el yoga físico, etc.) nos permite encontrar soluciones intuitivas, creativas e insospechadas que abren nuevos caminos para resolver nuestros problemas. Al mismo tiempo aumenta cualitativamente nuestra capacidad de comprometernos en llevar una vida virtuosa expresada en el perdón, la gratitud, la humildad, la compasión y la sabiduría, al mismo tiempo que nos comportamos con sabiduría y compasión mientras se conserva la paz interior y exterior a pesar de las circunstancias.

«…Por definición, espiritualidad hace referencia a nivel trans-personal de conciencia. En ese estadio, se trasciende el yo; la seguridad deja de ponerse en él. Y se empieza a experimentar que, sencillamente, todo es. No solo la seguridad; también la paz, el gozo, la comprensión, el sentido… Todo es. No es necesario aferrarse a ello, ni tampoco que nuestra mente controle y sepa todas las cosas. Al contrario, basta tomar distancia de la mente, para reconocernos en nuestra identidad más amplia y constatar que, en ese nivel, todo está bien. La vivencia de la espiritualidad requiere, en primer lugar, «mirar hacia adentro». Porque, desconectados del interior, vegetamos, pero no vivimos. Tal como lo entiendo, mirar hacia adentro es perma-necer en contacto con quienes realmente somos, anclarnos en el momento presente y permitir que la vida se exprese en nosotros. La espiritualidad no es un conjunto de prácticas, sino una forma de vivir, una forma de ser, que tiene sabor de plenitud, serenidad y ecuanimidad. Y que se expresa en forma de bondad, de fraternidad y de compasión. Por eso, además de vivir conectados con el interior, la espiritualidad requiere educar la atención. Si no vivimos atentos, no dejamos de ser marionetas a merced de nuestros pensamientos o de nuestros estados de ánimo. Por eso, necesitamos del silencio…» 4 Ref.MARTÍNEZ, Enrique. Vida en plenitud. Apuntes para una espiritualidad transreligiosa, Boadilla del Monte (Madrid): PPC, 2012. Edición Kindle, pp. 36-39

Autoconocimiento y autoconciencia

La vida espiritual es, en primer lugar, autoconciencia. Las capacidades incluyen: capacidad de reconocer, nombrar y dar respuesta a las necesidades espirituales; capacidad de trascender la mente y el yo: somos más que la mente; capacidad de separar la conciencia de los pensamientos; capacidad de percibir la dimensión profunda de lo real. El autoconocimiento es un proceso que se concreta materializa y manifiesta en nuestras interacciones con los demás y con la naturaleza de la que formamos parte. Se trata de un proceso que es al mismo tiempo ecológico, social, político y personal, que, aunque exige el despliegue de todas nuestras capacidades e inteligencias, está más centrado en la «inteligencia intrapersonal» (Gardner, 2001) que incluye tanto la «inteligencia emocional» (Goleman, 1999), como la «inteligencia espiritual» (Zohar y Marshal, 2001; Torralba, 2013). 

Integración de dimensiones humanas

En tal situación, se pone de relieve la íntima relación que existe entre la inteligencia espiritual y la emocional. Por mucho que uno intente tener una vida emocional plena y satisfactoria, ello no será posible si no se enfrenta a la cuestión del sentido (Torralba; 2013).

«…Hablar de “integración personal” o de “persona integrada” no significa perseguir ningún ideal perfeccionista que, no solo se halla fuera del alcance humano, sino que además conlleva la trampa sutil de introducir a la persona en una exigencia neurótica de graves consecuencias. Los humanos no estamos llamados a ser perfectos –tal como habitualmente se entiende ese término–, sino a ser completos, es decir, a desarrollar una capacidad de aceptación de toda nuestra verdad, con todos sus claroscuros. Aceptación es sinónimo de humildad y, en último término, de verdad. Y es solo nuestra alineación con la verdad de lo que vivimos –de lo que somos, de lo que es– la que otor-ga un fundamento sólido que sostiene la integración y la ar-monía de la persona, así como su creatividad, su actividad y su calidad relacional. En cualquier caso, parece claro que todo empieza, continúa y acaba con la comprensión. De ella dependen nuestro acierto o nuestro fracaso, nuestra dicha o nuestra desgracia, nuestra lucidez o nuestra confusión…» 5 Ref.Martínez, 2020, p. 14

Conexión y pertenencia

La inteligencia espiritual nos conecta con lo más profundamente humano de nuestro ser y nos permite abrirnos a nosotros mismos, a los demás y al entorno. Es la conciencia de estar viviendo una vida que es asistida por la red de vínculos en la que estamos viviendo.

«…El cuerpo humano es una red finísima de relaciones: entre los órganos, entre las células, entre las moléculas, entre los átomos, entre las ondas-partículas subatómicas… Por lo que muy bien podemos decir que el “yo” no es sino el punto de co-nexión de infinitas conexiones. O, en una sola expresión, yo soy relación Todo, en el cosmos, es relación. Todo es energía que se va estructurando, organizando, condensando en formas infinitas –o Vida que se despliega incesantemente en un proceso inteligente y autodirigido–, en una estrechísima red de interrelaciones. Esa es la palabra que mejor describe la realidad: la red-sin-costuras de todo, oculta tras el velo que interpone la mente separadora, en su incapacidad de percibir la unidad de lo que es. Reconocer que todo es relación significa afirmar –frente al modelo cartesiano– el carácter no-dual de lo real, y –frente al individualismo hobbesiano o sartriano– el amor, como la única actitud sabia, que hace justicia a lo que es…» 6 Ref.Martínez, 2020, pp. 51-52

Juan Miguel Batalloso Navas, es Maestro de Educación Primaria y Orientador Escolar jubilado, además de doctor en Ciencias de la Educación por la Universidad de Sevilla, -España–.
Ha ejercido la profesión docente durante 30 años, desarrollando funciones como maestro de escuela, director escolar, orientador de Secundaria y formador de profesores.
Ha impartido numerosos cursos de Formación del Profesorado, así como Conferencias en España, Brasil, México, Perú, Chile y Portugal. También ha publicado diversos libros y artículos sobre temas educativos.
Localmente, participa y trabaja en la Asociación “Memoria, Libertad y Cultura Democrática” En la actualidad, casi todo su tiempo libre lo dedica a la lectura, escritura y administración del sitio KRISIS. Su curriculum completo lo puedes ver AQUÍ.

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