EDUCAR PARA LA SOLIDARIDAD como construcción de una nueva cultura planetaria

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EDUCAR PARA LA SOLIDARIDAD
como construcción de una nueva cultura planetaria

De Leandro Sequeiros San Román

Leandro Sequeiros y el desafío de educar para un mundo interdependiente

Hay libros cuya actualidad no depende tanto de que sus contenidos hayan sido escritos recientemente como de la capacidad que tienen para formular preguntas que siguen abiertas. Educar para la solidaridad: proyecto didáctico para la nueva cultura internacional, de Leandro Sequeiros San Román, pertenece a esta categoría.

Publicado originalmente en 1996 y recuperado ahora en una nueva edición, el texto parte de una preocupación que hoy adquiere una dimensión todavía mayor: ¿puede la educación limitarse a transmitir conocimientos en un mundo marcado por la desigualdad, la interdependencia, la globalización y las crisis planetarias? Para Sequeiros, la respuesta es claramente negativa. Educar implica también formar personas capaces de comprender la realidad, reconocer la interdependencia y comprometerse con su transformación.

La obra posee además un interés especial porque sitúa la solidaridad en un territorio que desborda la educación moral convencional. No se trata simplemente de enseñar a «ser buenos» o de fomentar actitudes altruistas. Se trata de construir una cultura de la solidaridad, es decir, una manera diferente de comprender las relaciones entre las personas, los pueblos y las estructuras económicas, sociales y políticas.

1. Leandro Sequeiros: una mirada interdisciplinar sobre educación, ciencia y sociedad

Leandro Sequeiros San Román (Sevilla, 1942) es jesuita, científico y profesor universitario. Doctor en Ciencias Geológicas, catedrático de Paleontología y licenciado en Teología, su trayectoria intelectual se ha desarrollado en campos tan diversos como la Geología, la Paleontología, la Historia y Epistemología de las Ciencias, la Filosofía de la Ciencia, la Antropología filosófica y las relaciones entre ciencia, filosofía, teología y educación.

Ha desarrollado una importante labor docente y de formación del profesorado, especialmente en el ámbito de las Ciencias y de la Educación Ambiental. Su trayectoria se caracteriza por una marcada voluntad de establecer puentes entre disciplinas y saberes, una característica que resulta particularmente relevante para comprender su pensamiento educativo.

Esta dimensión interdisciplinar permite situar Educar para la solidaridad dentro de una trayectoria intelectual más amplia. La solidaridad no aparece aquí como un asunto aislado, sino relacionada con la concepción del mundo, la ciencia, la educación, la ética, la justicia social y la responsabilidad humana.

Por ello, detrás del proyecto didáctico existe una cuestión de mayor alcance: qué tipo de persona y qué tipo de sociedad debería contribuir a formar la educación.

2. La pregunta de fondo: ¿qué significa realmente ser solidario?

El primer esfuerzo de Sequeiros consiste en desmontar la ambigüedad del término solidaridad.

La palabra se utiliza habitualmente para designar realidades muy diferentes: desde una ayuda ocasional hasta la pertenencia a una organización social, pasando por campañas de apoyo, cooperación internacional o incluso expresiones de solidaridad que no cuestionan las estructuras que producen desigualdad.

Por eso el autor considera necesario preguntarse de qué solidaridad estamos hablando. Su propuesta se distancia de una concepción reducida a la compasión o a la ayuda puntual. La solidaridad auténtica implica reconocer la interdependencia y asumir alguna forma de responsabilidad ante las situaciones de injusticia.

La diferencia es decisiva.

No basta con sentir pena ante la pobreza. No basta con realizar una donación ocasional. No basta con conocer las desigualdades existentes. La solidaridad adquiere su verdadero sentido cuando conduce a comportamientos personales, colectivos e institucionales orientados a modificar las situaciones injustas.

De este modo, Sequeiros desplaza la solidaridad desde el terreno del sentimiento hacia el de la praxis social.

3. De la ayuda ocasional a la cultura de la solidaridad

Una de las ideas más fecundas de la obra es la necesidad de pasar de los esquemas simples de ayuda a los esquemas complejos de cooperación.

La diferencia no es meramente terminológica. La ayuda puede mantener intacta la relación entre quien da y quien recibe. La cooperación, en cambio, introduce la idea de reciprocidad, interdependencia y transformación conjunta.

De ahí la insistencia de Sequeiros en que las acciones individuales, aunque puedan ser bienintencionadas, resultan insuficientes cuando se enfrentan a problemas estructurales. Es necesario comprender las causas, informarse, organizarse y cooperar con aquellas iniciativas capaces de actuar sobre una escala mayor.

La solidaridad se convierte así en una cultura de la acción, de la participación y del compromiso. El objetivo educativo ya no es solamente despertar sentimientos altruistas, sino proporcionar cauces concretos para que esos sentimientos puedan transformarse en participación social.

4. Una solidaridad que tiene dimensión planetaria

El concepto de solidaridad internacional ocupa un lugar central en la obra. Sequeiros parte de la constatación de que las sociedades contemporáneas están profundamente interconectadas.

La pobreza de unos territorios, la riqueza de otros, las relaciones económicas internacionales, los modelos de consumo, las políticas de cooperación o los movimientos migratorios no pueden comprenderse como fenómenos independientes.

De ahí la necesidad de desarrollar una conciencia capaz de pensar globalmente y actuar localmente. La solidaridad se expresa a escala planetaria, pero se concreta en decisiones y prácticas cercanas.

Esta perspectiva posee hoy una extraordinaria actualidad. Las crisis ecológica y climática, las desigualdades globales, las migraciones, las guerras o las cadenas internacionales de producción muestran hasta qué punto la interdependencia que Sequeiros identificaba hace tres décadas se ha intensificado.

La solidaridad internacional aparece, por tanto, como uno de los primeros pasos hacia una conciencia planetaria.

5. Educar no es informar: transformar las representaciones del mundo

Aquí comienza a adquirir toda su fuerza la propuesta propiamente pedagógica.

Sequeiros se apoya en el constructivismo y en el aprendizaje significativo para defender una idea fundamental: todo proceso educativo debe partir de lo que los alumnos ya piensan y sienten.

No se puede educar para la solidaridad simplemente proporcionando información sobre la pobreza, el hambre o las desigualdades. Los estudiantes poseen previamente determinadas representaciones mentales, muchas de ellas construidas por los medios de comunicación, la cultura dominante y las experiencias sociales cotidianas.

Por eso la educación debe hacer visibles esas representaciones y someterlas a reflexión crítica.

El objetivo consiste en producir un cambio simultáneamente conceptual, metodológico y actitudinal: cambiar lo que pensamos, cambiar la manera en que nos aproximamos a los problemas y transformar los valores desde los que interpretamos la realidad.

Esta idea constituye, probablemente, una de las aportaciones de mayor interés para una pedagogía contemporánea de la conciencia.

6. Conocer, sentir, comprender y actuar: la pedagogía de la solidaridad

La propuesta de Sequeiros no se limita a una pedagogía cognitiva. La solidaridad requiere integrar razón, afectividad, valores y acción.

Por eso concede importancia al enfoque socioafectivo: determinados problemas no deben ser solamente explicados, sino también experimentados pedagógicamente de manera que permitan al alumnado aproximarse a otras realidades y cuestionar sus propias representaciones.

En la propuesta curricular aparecen articuladas tres dimensiones:

  • conocimientos, relacionados con la economía mundial, el eje Norte-Sur o los Derechos Humanos;
  • procedimientos y capacidades, como el diálogo, el encuentro con otras culturas o la aproximación socioafectiva a los problemas;
  • valores y actitudes, vinculados con la justicia, la solidaridad y la apertura hacia otras realidades.

La educación para la solidaridad se convierte así en una educación integral: saber sobre el mundo, sentir responsabilidad ante él y adquirir capacidad para actuar en él.

7. La solidaridad entra en el currículo

Otra aportación importante del libro es su esfuerzo por evitar que la educación para la solidaridad quede reducida a actividades extraordinarias o celebraciones puntuales.

Sequeiros plantea su incorporación al currículo mediante una concepción de la transversalidad. La solidaridad puede estar presente dentro de las diferentes áreas y unidades didácticas, pero también puede convertirse en eje articulador de determinados bloques de contenidos.

Así, estudiar África puede permitir abordar simultáneamente cuestiones de desarrollo, colonialismo y desigualdad; estudiar los recursos naturales puede conducir a analizar sus dimensiones económicas y sociales; estudiar los ecosistemas puede abrir la reflexión sobre las relaciones entre naturaleza, sociedad y modelos de desarrollo.

La propuesta contiene, por tanto, una concepción muy significativa del currículo: los grandes problemas de la humanidad no deberían quedar fuera de la escuela porque constituyen precisamente uno de los contextos privilegiados para dotar de sentido al conocimiento escolar.

8. El profesor como profesional reflexivo

La transformación que propone Sequeiros exige también modificar el papel del profesorado.

El docente no puede ser un mero transmisor de materiales previamente elaborados. Debe conocer las representaciones de sus alumnos, seleccionar los recursos adecuados, ponerlos en práctica, evaluar sus resultados y reconstruir su intervención.

La formación docente, por tanto, no consiste en acumular información o documentos, sino en una reestructuración profunda de las propias concepciones sobre la enseñanza y el aprendizaje.

Esta concepción resulta especialmente valiosa porque convierte al profesor en un agente de investigación e innovación pedagógica, no en un simple aplicador de programas.

9. De la conciencia a la participación: educar para intervenir

Quizá sea aquí donde el proyecto de Sequeiros alcanza su mayor radicalidad pedagógica.

La educación para la solidaridad no debe terminar en la sensibilización. Debe abrir posibilidades de participación e intervención social.

El documento recoge numerosas formas de acción: pertenencia a organizaciones de solidaridad internacional, creación de redes, información y formación sobre las desigualdades, campañas, apoyo a iniciativas de cooperación, participación ciudadana y compromiso con políticas que favorezcan unas relaciones internacionales más justas.

La educación adquiere así una dimensión inequívocamente cívica y transformadora.

No se trata de imponer al alumno una determinada forma de compromiso, sino de ayudarle a pasar de la indiferencia a la comprensión, de la comprensión a la responsabilidad y de la responsabilidad a una participación consciente.

10. La evaluación también educa

La concepción de evaluación que aparece en el documento es coherente con todo este planteamiento.

Sequeiros reivindica una evaluación formativa, no concebida como mecanismo de sanción, sino como parte integrante del aprendizaje. Evaluar significa conocer los esquemas previos del alumno, observar sus progresos y dificultades durante el proceso y valorar finalmente el grado de aprendizaje alcanzado.

La cuestión resulta particularmente importante cuando se educa en valores. No tendría sentido afirmar que se educa para la solidaridad y limitar después la evaluación a la memorización de contenidos.

La evaluación debe preguntarse también si se han producido transformaciones en la comprensión, las actitudes, los criterios de valoración y la capacidad de intervención.

11. Una pedagogía para superar la cultura de la insolidaridad

En el fondo de toda la propuesta existe un diagnóstico cultural.

Sequeiros identifica una sociedad caracterizada por fuertes tendencias individualistas, consumistas y orientadas hacia la satisfacción privada. Pero al mismo tiempo descubre la emergencia de valores altruistas y solidarios y un deseo latente de participación social.

La educación aparece entonces como un espacio privilegiado para disputar culturalmente esos significados.

Educar para la solidaridad significa crear otras formas de mirar el mundo, ampliar el círculo de pertenencia, reconocer a quienes permanecen fuera de nuestros espacios inmediatos y comprender que nuestro bienestar no puede desligarse de las condiciones de vida de los demás.

En este sentido, la solidaridad no es solamente una virtud individual. Es una forma alternativa de organizar la convivencia.

12. Una obra precursora de la educación para la ciudadanía planetaria

Vista desde el presente, la propuesta de Sequeiros puede leerse como un antecedente de preocupaciones que hoy formulamos mediante conceptos como ciudadanía global, justicia ecosocial, sostenibilidad, conciencia planetaria, educación para el desarrollo o educación transformadora.

Naturalmente, algunos de sus marcos conceptuales y referencias responden al contexto de los años noventa y deben ser leídos históricamente. Pero su estructura fundamental conserva una notable vigencia.

La secuencia que recorre el proyecto podría expresarse sintéticamente de este modo:

conocer → comprender → tomar conciencia → transformar los valores → asumir responsabilidad → participar → actuar.

Esta formulación resume el espíritu de la obra, aunque la secuencia constituye una síntesis interpretativa y no una formulación literal de Sequeiros.

Una educación que amplía el «nosotros»

El valor principal de Educar para la solidaridad no reside hoy tanto en el conjunto concreto de materiales didácticos que ofrece —muchos de ellos vinculados necesariamente al contexto histórico en que fueron elaborados— como en la concepción educativa que los sostiene.

Sequeiros plantea una cuestión que continúa siendo decisiva: ¿qué significa educar cuando vivimos en un mundo radicalmente interdependiente?

Su respuesta exige superar una educación limitada a la transmisión de conocimientos y avanzar hacia una educación capaz de transformar la manera en que las personas conocen, sienten, valoran y actúan.

La solidaridad deja entonces de ser un contenido añadido al currículo para convertirse en una orientación global de la educación.

Y ahí reside quizá la mayor actualidad de este libro. En una época marcada por crisis ecológicas, desigualdades crecientes, conflictos, migraciones y una interdependencia planetaria cada vez más evidente, educar para la solidaridad significa aprender a reconocer que el destino de cada persona está vinculado al destino de los demás y al destino de la Tierra que compartimos.

En última instancia, la propuesta de Sequeiros puede leerse como una invitación a ampliar progresivamente el círculo del «nosotros»: desde el individuo hacia la comunidad, desde la comunidad hacia la humanidad y desde la humanidad hacia la comunidad planetaria de la vida.

Educar para la solidaridad significa, por tanto, educar para comprender la interdependencia, asumir la responsabilidad que de ella se deriva y convertir esa conciencia en capacidad de transformación.

Y es precisamente en este punto donde la obra de Leandro Sequeiros adquiere un particular interés para una Pedagogía de la Conciencia Ecológica: aunque el autor no formula ese concepto en estos términos, su propuesta proporciona algunos de sus elementos fundamentales —interdependencia, conciencia crítica, transformación de valores, responsabilidad, participación, acción y apertura hacia una comunidad planetaria—.

LEANDRO SEQUEIROS SAN ROMÁN nació en Sevilla en 1942. Es jesuita, sacerdote, doctor en Ciencias Geológicas y Licenciado en Teología. Catedrático de Paleontología (en excedencia desde 1989). Ha sido profesor de Filosofía de la Naturaleza , de Filosofía de la Ciencia y de Antropología filosófica en la Facultad de Teología de Granada. Miembro de la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Zaragoza. Asesor de la Cátedra Francisco Ayala de Ciencia, Tecnología y Religión de la Universidad Pontificia de Comillas. Presidente de la Asociación Interdisciplinar José Acosta (ASINJA).Es autor además, de numerosos libros y trabajos que se ofrecen gratuitamente en versión digital en BUBOK.
    En la actualidad reside en Granada continuando sus investigaciones y trabajos en torno a la interdisciplinaredad, el diálogo Ciencia y Fe y la transdisciplinariedad en la Universidad Loyola e intentando relanzar y promover la Asociación ASINJA que preside. Un nuevo destino después de haber trabajado solidariamente ofreciendo sus servicios de acompañamiento, cuidado y asesoramiento en la Residencia de personas mayores San Rafael de Dos Hermanas (Sevilla). Actualmente Lenadro ha sido destinado a Salamanca, ciudad en la que reside.
    La persona de Leandro Sequeiros es un referente de testimonio evangélico, de excelencia académica, de honestidad y rigor intelectual de primer orden. Vaya desde aquí nuestro agradecimiento más sentido por honrar con sus colaboraciones este humilde sitio de KRISIS.

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