ENSEÑAR LA CONDICIÓN HUMANA (11) Edgar Morin. El paradigma de la complejidad: principio de incertidumbre

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ENSEÑAR LA CONDICIÓN HUNANA (11)
Edgar Morin. El paradigma de la complejidad: principio de incertidumbre

Por Juan Miguel Batalloso Navas

El descubrimiento en 1927, de Werner K. Heisenberg (1901-1976) acerca de la imprevisibilidad del comportamiento de las partículas subatómicas y la imposibilidad de medir simultáneamente de forma precisa la posición y el mo­mento lineal de las mismas, nos ha permitido constatar las dificultades teóricas y prácticas que entraña la superación de cierto nivel de error, así como de llegar a un conocimiento exacto de la Naturaleza (Principio de Incertidumbre de Hei­senberg).  Si las partículas subatómicas pueden ser al mismo tiempo ondas con posibilidades de movimiento en un espacio infinito, no solamente es imposible anticipar con certeza un hecho atómico, sino que, además, es el observador el que determina si dicha partícula, es realmente una partícula o una onda. En con­secuencia, a nivel subatómico, sujeto observador y objeto observado no son in­dependientes, sino que por el contrario forman parte de un proceso en el que el acto de observación altera la naturaleza del objeto observado. A partir de este hecho, las definiciones poseen entonces un valor limitado y las leyes de causa-efecto son insuficientes para explicar el funcionamiento de un sistema, por lo que el conocimiento que resulta es de naturaleza probabilística e incluso esto­cástica y por tanto siempre provisional.

           Más allá de la física de partículas, el principio de incertidumbre no es algo relativo en exclusiva al mundo subatómico, como tampoco solamente un principio que se presenta y expresa en las relaciones entre el sujeto observador y el objeto observado, sino que está intrínsecamente ligado a los fenómenos de la vida, forma parte de ella, presentándose asociado tanto a la aleatoriedad como a la discontinuidad. A este respecto, Edgar Morin nos señala que

«…Como en la molécula de un gas o en la partícula browniana, los movimientos singulares del ser viviente son impredecibles y hay algo irreductiblemente aleatorio, que marca no solo el comportamiento, sino el nacimiento y la muerte de un individuo. Todo vegetal o animal superior, es en su misma individualidad, el fruto de una combinación aleatoria y singular (…) De igual modo que la partícula existe a la vez en el orden de la onda y en el orden del corpúsculo, el ser viviente vive en el orden discontinuo de su propia existencia individual y en el orden continuo de la especie…» 1 Ref.MORIN, Edgar. El Método 2. La vida de la vida. Madrid: Cátedra, 2002 2002, p. 76-77.

         En este mismo sentido y profundizando en la incertidumbre biológica, añade Morin,

«…no basta con marcar al individuo con un carácter aleato­rio, discontinuo, actual. Hay que ver que todo individuo com­porta caracteres cons­titutivos infra/extra/supra/meta-individuales (infra: sus constituyentes quí­micos; extra: su en­torno o ecosistema; supra y meta: la población o sociedad de la que forma parte, el ciclo reproductor del que es un momen­to. Así desde cualquier punto de vista, el individuo debe ser concebido a la vez como tal y como participación/expresión de procesos transindividuales respecto a los que se halla en dependencia/autonomía y en complementarie­dad/identidad/antagonismo. Por ello para concebir a un in­dividuo viviente hay que enlazar términos antagonistas:  au­tonomía/dependencia; diferen­cia/pertenencia; singulari­dad/representatividad; desviación/conformidad. El indivi­duo participa de estos rasgos opuestos, de los cuales unos le definen, aunque, solos, son incapaces de hacerle subsistir, y los otros son indispensables para su existencia al mismo tiempo que comportan su destrucción. El individuo oscila de los unos a los otros en la oscilación entre todo y nada, vida y muere, oscilación que se resuelve sin cesar en el nacimien­to…» (Morin, 2002, p. 177-178).2 Ref.MORIN, Edgar. El Método 2. La vida de la vida. Madrid: Cátedra, 2002 2002, p. 177-178.

         Así pues, el principio de incertidumbre es una característica inherente a la propia naturaleza de los seres vivos, que son seres singulares en su individuali­dad, al mismo tiempo que seres singulares en sus relaciones con el medio natu­ral y el medio social. Y esto significa que, para cualquier ser humano, existe en­tonces incertidumbre, aleatoriedad y discontinuidad que procede tanto de sus características como individuo, como de las que derivan de sus relaciones con el medioambiente natural y social, características que además de ser inseparables ya que se retroalimentan una a la otra, son las que están siempre en la base, tanto de la vida, como de cualquier fenómeno educativo.

         Pero, además, la incertidumbre forma parte también de los procesos de construcción de conocimiento y del conocimiento mismo, incertidumbre que procede de diversas fuentes 3 Ref.MORIN, Edgar. El Método 3. el conocimiento del conocimiento. Madrid: Cátedra, 1988, p. 240-244:

  1. De la naturaleza y características de nuestra actividad cognitiva que opera con símbolos, que necesita de comunicaciones que están sujetas a distor­siones, ruidos y error, como también a las traducciones e interpretaciones del conocimiento, que pueden ser igualmente fuente de confusiones y erro­res.
  2. De las características del entorno o de los contextos, ya que cualquier evento, circunstancia, situación o hecho que se produzca, puede afectar y de hecho afecta tanto al proceso de conocer como al propio conocimiento.
  3. De las características de nuestro sistema neuro cerebral, tanto en el sentido biofísico neuronal y sensorial, como en el sentido mental interpretativo me­diante el cual los impulsos neuronales se transforman en representaciones mentales.
  4. De la hipercomplejidad del cerebro humano que está en permanente diá­logo e interacción entre categorías cognitivas procedentes del hemisferio izquierdo (análisis/síntesis; abstracto/concreto; inducción/deducción; causa/efecto…) y del hemisferio derecho (razón/emoción; impul­sos/sentimientos; pasión/creación; sentido/significación; imaginación, creatividad…) y que se concretan en singulares decisiones de riesgo impre­visibles ante situaciones de complejidad. O también ante «…la dificultad de dosificar la necesidad de simplificar para lograr un objetivo rápida­mente, y la necesidad de complejizar para tener en cuenta todos los as­pectos de una situación…» (Morin, 1988, p. 242).
  5. De las influencias, determinaciones y contaminaciones del conocimiento procedentes del egocentrismo, la cultura dominante, la sociedad y de su «naturaleza espiritual» en el sentido de que todo conocimiento tiene que afrontar y subsanar los errores procedentes de las idealizaciones, raciona­lizaciones  y mitologizaciones. O también de los «Agujeros negros», el autoengaño o el mentirse a sí mismo y la subordinación u obediencia a doctrinas, dioses, dogmas e ideologías que «poseen» al sujeto cognoscente:
«…Autoengaño y Posesión son agujeros negros que tienden a cubrirse entre sí: toda Pose­sión favorece el autoengaño y todo autoengaño favorece la Posesión. Es­tos agujeros negros parasitan cualquier problema de conocimiento y cualquier búsqueda de verdad, incluida la nuestra…» 4 Ref.MORIN, 1988, p. 244.

         Contemplar y asumir principio de incertidumbre, significa también apren­der y afrontar el hecho de que la incertidumbre, como nos dice Edgar Morin, es al mismo tiempo lógica, psicológica, racional y afecta a las características ego­céntricas de nuestra mente que nos impiden ejercer con rigor, humildad y cohe­rencia el pensamiento crítico y autocrítico:

«…Un principio de incertidumbre cerebro-mental que se deriva del proceso de traducción/reconstrucción propia a todo conocimiento. Un principio de incertidumbre lógica. Como decía Pascal muy claramente: “ni la contradicción es señal de falsedad ni la no contradic­ción es señal de verdad”. Un principio de incertidumbre racional ya que la ra­cionalidad, si no mantiene su vigilancia autocrítica, cae en la racionalización. Un principio de incertidumbre psicológica: No existe la posibilidad de ser to­talmente consciente de lo que pasa en la maquinaria de nuestra mente, la cual siempre conserva algo fundamentalmente inconsciente. Existe pues, la dificul­tad de un auto-examen crítico por medio del cual nuestra sinceridad no garan­tiza certidumbre; existen límites para cualquier autoconocimiento…» 5 Ref.MORIN, Edgar. Los siete saberes necesarios a la educación de futuro. París: UNESCO, 1999, p. 46.

         De acuerdo entonces con Edgar Morin

«…la complejidad coincide con un aspecto de incer­tidumbre, ya sea en los límites de nuestro entendimiento, ya sea inscrita en los fenómenos. Pero la complejidad no se reduce a la incerti­dumbre, es la incerti­dumbre en el seno de los sistemas ricamente organizados. Tiene que ver con los sistemas semialeatorios cuyo orden es inseparable de los azares que inclu­yen. La complejidad está así ligada a una cierta mezcla de or­den y de desorden. mezcla íntima, a diferencia del orden/desorden estadístico, donde el orden (po­bre y estático) reina a nivel de las grandes poblaciones, y el desorden (pobre, por pura indeterminación) reina a nivel de las unidades ele­mentales…» 6 Ref.MORIN, Edgar. Introducción al pensamiento complejo. Barcelona: Gesisa,1994, p. 60.

        En consecuencia, para Morin:

«…Nos halla­mos en una nube de desconocimiento y de incertidumbre, y esta nube la ha producido el conocimiento; se puede decir que la producción de esta nube es uno de los elementos del Progreso a condición de que se le reconozca. Dicho de otro modo: conocer es negociar, trabajar, discutir, pelearse con lo desconocido que se reconstituye sin cesar, pues toda solución a un problema produce una nueva pregunta. El Progreso de la Ciencia es una idea que comporta en sí misma incertidumbre, conflicto y juego (…) el trabajo con la incertidumbre in­cita al pensamiento complejo; la incompresibilidad paradigmática de mi te­tragrama (orden/desorden/interacción/organización) nos muestra que no habrá jamás una palabra clave —una fórmula clave, una idea clave— que rija el universo. Y la complejidad no es sólo pensar lo uno y lo múltiple conjunta­mente, es también pensar conjuntamente lo incierto y lo cierto, lo lógico y lo contradictorio, es la inclusión del observador en la observación…» 7 Ref.MORIN, Edgar. Ciencia con consciencia. Barcelona: Anthropos, Morin, 1984, p. 76, 109.

CONTINUARÁ…

Juan Miguel Batalloso Navas, es Maestro de Educación Primaria y Orientador Escolar jubilado, además de doctor en Ciencias de la Educación por la Universidad de Sevilla, -España–.
Ha ejercido la profesión docente durante 30 años, desarrollando funciones como maestro de escuela, director escolar, orientador de Secundaria y formador de profesores.
Ha impartido numerosos cursos de Formación del Profesorado, así como Conferencias en España, Brasil, México, Perú, Chile y Portugal. También ha publicado diversos libros y artículos sobre temas educativos.
Localmente, participa y trabaja en la Asociación “Memoria, Libertad y Cultura Democrática” En la actualidad, casi todo su tiempo libre lo dedica a la lectura, escritura y administración del sitio KRISIS. Su curriculum completo lo puedes ver AQUÍ.

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