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ENSEÑAR LA CONDICIÓN HUNANA (10)
Edgar Morin. El paradigma de la complejidad (2)
Resulta sorprendente y muy esclarecedor constatar que este paradigma clásico, mecanicista, cartesiano y de la simplificación que ha dado origen a la ciencia tal y como la hemos concebido desde el siglo XVII, es precisamente el que ha dado lugar a lo que Mark Hathaway y Leonardo Boff han denominado “cosmología de la dominación” o también “paradigma de la dominación”. Una visión del mundo que está en la base y fundamenta el desarrollo de la civilización capitalista, industrial, mercantil y patriarcal a la que pertenecemos, cuyas crisis están poniendo en peligro de forma severa la vida en nuestro Planeta.
Para estos autores, el paradigma o la cosmología de la dominación se funda en presupuestos o principios, que son la expresión o la manifestación del paradigma de la simplificación formulado por Edgar Morin, excluyendo así la complejidad de la vida en la Tierra y del propio ser humano. Las características de este paradigma o de esta cosmología de la dominación, son las siguientes (Hathaway; Boff, 2014, p. 190-191):
- Hay una realidad objetiva que existe fuera de la propia mente.
- La mente y la materia, incluidos la mente y el cuerpo, son entes separados.
- El universo está compuesto de materia, una sustancia muerta, carente de vida, compuesta de minúsculos átomos, normalmente indivisibles, y de partículas elementales, todavía más pequeñas, inalterables.
- Todos los fenómenos verdaderos pueden percibirse a través de los sentidos, a menudo con la ayuda de instrumentos. Todo cuanto no pueda percibirse de ese modo —con la excepción quizá de la mente misma—se considera ilusorio o, en el mejor de los casos, subjetivo. El espíritu y el alma, en consecuencia, se desechan, se ignoran, o se marginan relegándolos al reino de lo personal o lo emocional. El mundo real se reduce al mundo de lo material, y ese mundo puede medirse y cuantificarse.
- El modo de pensar preferido es de índole discursiva y analítica. Es decir: es un enfoque que categoriza, divide en piezas y luego define.
- La realidad se estudia con la mayor precisión mediante la observación rigurosa, objetiva, y la aplicación de la lógica. Cuanto más distanciado el observador, tanto más exacta será la observación.
- La naturaleza y el cosmos se comprenden en términos mecanicistas. El propio universo se asemeja a una maquinaría de relojería ejemplificada por el movimiento de los planetas y las estrellas.
- Puesto que la naturaleza de la realidad es mecanicista, podemos alcanzar un conocimiento completo del todo dividiéndolo en las partes que lo componen —o reduciéndolo a ellas— y estudiándolas una por una.
- La naturaleza o el cosmos carecen de finalidad. Existen, no obstante, leyes fijas, eternas, que han regido y ordenado todas las cosas durante todo el tiempo. Dado el mismo estado inicial, un experimento arrojaría siempre los mismos resultados.
- El tiempo se mueve siempre hacia adelante en línea recta y la causa precede siempre al efecto. Cada efecto tiene una causa o un conjunto de causas definido, y el flujo de la causalidad es estrictamente unidireccional.
- El cosmos es esencialmente determinista, basado en causas mecánicas. Si se pudiera llegar a tener un conocimiento completo del estado actual de toda la materia, sería posible predecir el futuro con certeza. La verdadera novedad es esencialmente imposible.
- El universo es eterno e inmutable por naturaleza, tal como lo demuestran sus leyes inalterables. En relación con su estructura a gran escala, el universo no cambia con el tiempo. La evolución ocurrida sobre la Tierra se entiende como anomalía aislada, no como norma para el cosmos.
- Toda la vida en la Tierra está inmersa en una competición sin fin por la supervivencia. El impulso de la evolución es la dominación, «la supervivencia de los más aptos». El cambio, si es que se produce en absoluto (y siempre dentro de los límites impuestos por el determinismo), es un cambio impulsado por la competición, o incluso por la violencia.
Para Hathaway y Boff, esta visión del mundo que se ha desarrollado en Occidente desde el siglo XVII, legitima y reproduce la opresión y la explotación promoviendo el individualismo y la competición, dando origen a una profunda desesperación existencial. No obstante, estos supuestos no son en absoluto inevitables como tampoco universales y objetivos dado que han nacido en un contexto histórico concreto en apoyo de una determinada visión del mundo que resulta conveniente y beneficiosa para las clases sociales dominantes y para los grupos e individuos que han detentado el poder. En consecuencia, es necesario y urgente buscar y encontrar otro tipo de principios y otra forma de concebir el pensamiento, el conocimiento y la Educación con el fin de hacer frente a la crisis civilizatoria en la que estamos inmersos. Pero no como recetas o fórmulas magistrales, sino como sendas, caminos o vías que hagan posible la vida en el Planeta y el futuro de la Humanidad. Y estas vías, son precisamente las que emergen a partir del paradigma de la complejidad formulado por Edgar Morin (Morin, 2011, 2020).
El pensamiento complejo por tanto, es aquel que es capaz de ver las cosas en su unidad a partir de su diversidad; el que es capaz de relacionar conceptos e ideas divergentes construyendo convergencias a partir de sus relaciones; el que puede analizar y sintetizar al mismo tiempo, construyendo, deconstruyendo y reconstruyendo, haciendo emerger lo nuevo; el que es capaz en suma de integrar ciencia con conciencia, conocimiento y ética, apuesta y estrategia. En consecuencia un pensar complejo es aquel que es capaz de unir, integrar, relacionar, descubrir conexiones, dimensiones y bifurcaciones, sintetizando y analizando dinámicamente aquello que aparentemente se nos presenta como contradictorio, yuxtapuesto o disyuntivo.
Como nos recuerda Morin, la complejidad nace sin ser consciente de su denominación, en el siglo XX a partir de los descubrimientos y desarrollos de la microfísica y la macrofísica. Con la microfísica se descubre la relación entre el sujeto observador y el objeto observado, además de la sorprendente característica de la partícula elemental que se presenta al observador como onda o como partícula. Sin embargo, a pesar de que la complejidad se circunscribía a los escenarios de la física cuántica, nuevos descubrimientos vinieron a confirmar que la complejidad afectaba y se presentaba en todos los fenómenos y sistemas. Así por ejemplo, la macrofísica relativizaba las observaciones en el sentido de hacerlas depender del espacio y del tiempo. Según Morin, la aparición del concepto de complejidad se produce a partir de las contribuciones de Wiener y Ashby, los fundadores de la Cibernética. A su vez, y con von Neumann, el carácter fundamental del concepto de complejidad aparece ligado a los procesos y el concepto de autoorganización. (Morin, 1994, p. 58-59).
Pero ¿Qué es la complejidad? Dejemos que sean las propias palabras de Morin las que respondan:
«…A primera vista, es un fenómeno cuantitativo, una cantidad extrema de interacciones e interferencias entre un número muy grande de unidades. De hecho, todo sistema auto organizador (viviente), hasta el más simple, combina un número muy grande de unidades, del orden del billón, ya sean moléculas en una célula, células en un organismo (más de diez billones de células en el cerebro humano, más de treinta billones en el organismo). Pero la complejidad no comprende solamente cantidades de unidades e interacciones que desafían nuestras posibilidades de cálculo; comprende también incertidumbres, indeterminaciones, fenómenos aleatorios. En un sentido, la complejidad siempre está relacionada con el azar…» (Morin, 1994, p. 50-60).
¿Cómo podría entonces caracterizarse la complejidad y el pensamiento complejo a partir de la obra de Edgar Morin? A nuestro, la complejidad y el pensamiento complejo pueden caracterizarse por los rasgos o principios que desarrollo a continuación en los próximos artículos. Unos principios que constituyen lo que Maria Cândida Moraes ha denominado “operadores cognitivos de la complejidad” (8MORAES, Maria Cândida. Ecologia dos saberes: complexidade, transdisciplinaridade e educação. São Paulo: Antakarana/Pró-Libera, 2008. p. 95-1139) o también “presupuestos ontoepistemológicos de las ciencias de la complejidad” 1 Ref.MORAES, Maria Cândida. Paradigma Educacional Ecossistêmico. Por uma nova ecologia da aprendizagem humana. Rio de Janeiro. Wak. 2021.p. 31-91. En este sentido hay que señalar que los operadores cognitivos configuran y constituyen una categoría de pensamiento que nos ayuda a comprender y a entender la complejidad y a tomar conciencia de la realidad y de nosotros mismos.
CONTINUARÁ…
Juan Miguel Batalloso Navas, es Maestro de Educación Primaria y Orientador Escolar jubilado, además de doctor en Ciencias de la Educación por la Universidad de Sevilla, -España–.
Ha ejercido la profesión docente durante 30 años, desarrollando funciones como maestro de escuela, director escolar, orientador de Secundaria y formador de profesores.
Ha impartido numerosos cursos de Formación del Profesorado, así como Conferencias en España, Brasil, México, Perú, Chile y Portugal. También ha publicado diversos libros y artículos sobre temas educativos.
Localmente, participa y trabaja en la Asociación “Memoria, Libertad y Cultura Democrática” En la actualidad, casi todo su tiempo libre lo dedica a la lectura, escritura y administración del sitio KRISIS. Su curriculum completo lo puedes ver AQUÍ.
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