ENSEÑAR LA CONDICIÓN HUMANA (4) Condición humana y crisis de la educación

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ENSEÑAR LA CONDICIÓN HUNANA (4)
Condición humana y crisis de la educación

Por Juan Miguel Batalloso Navas

¿Realmente es posible enseñar la condición humana a partir de una mente escolarizada y curricularizada que únicamente ve disciplinas, exámenes y acreditaciones en todos los lugares? ¿Cómo habilitar contenidos, espacios, tiempos, recursos y condiciones para una enseñanza tan básica y fundamental para nuestra vida? ¿Podremos enseñarla en el marco de la relación profesor-alumno o habrá que comprender y asumir radicalmente aquel siempre nuevo principio que Paulo Freire nos legó de que nadie realmente educa a nadie y que todos nos educamos en comunión?1 Ref.«…El educador ya no es sólo el que educa sino aquel, que en tanto educa, es educado a través del diálogo con el educando, quien, al ser educado, también educa. Ahora ya nadie educa a nadie, así como tampoco nadie se educa a sí mismo, los hombres se educan en comunión, mediatizados por el mundo…» (FREIRE, Paulo. Pedagogía del oprimido. Madrid: Siglo XXI, p. 90). ¿Y qué significa esto en términos concretos? ¿Habrá que romper los estrechos, formales y reglamentados límites de las escuelas para que sea la sociedad entera la que asuma la responsabilidad de educar?

         Tal vez nuestros discursos y declaraciones nos hacen tan prepotentes, que a menudo olvidamos que en lo más sencillo, en lo más humilde e insignificante puede siempre brillar la luz del más valioso y fructífero de los aprendizajes. Y no se trata aquí de simplificar o de reducir a recetas didácticas o a medidas curriculares todo lo que pensamos como deseable, sino más bien de comprender que el campo de los aprendizajes auténticamente transcendentes para la vida y para el desarrollo pleno de nuestra humanidad está todavía sin explorar lo suficiente. Es necesario pues incorporar como educadoras y educadores, no sólo a cualquier persona que nos muestra con su conducta el sentido de su vida, sino también a la Naturaleza entera de la que formamos parte.

         Visto así, queda claro al menos, que es imposible enseñar la condición humana en el sentido escolarizado y burocrático al que estamos acostumbrados y queda claro también la absoluta imposibilidad de enseñar nada de nuestra condición si no estamos profundamente implicados en su aprendizaje. Enseñar la condición humana es por tanto, no un proceso de transmisión, ni de ejercicio de conductas testimoniales siquiera, sino más bien un proceso de autoaprendizaje, de compromiso y de experiencias vitales con todo aquello que forma parte de nuestra compleja y contradictoria naturaleza. De aquí por ejemplo, que no podamos entender dicha enseñanza-aprendizaje sin el reconocimiento del otro como legítimo otro, sin la aparición y el desarrollo de procesos afectivos y amorosos que son al mismo tiempo dialógicos, interactivos y auto-eco-organizadores.

Por otro lado está el fenómeno de la tragedia humana del siglo XX que tan bien nos describe Ernesto Sabato 2 Ref.SABATO, Ernesto. Antes del fin. Barcelona. Seix-Barral. 1998.:

«…Guerras mundiales, terribles dictaduras de izquierda y de derecha, suicidios en masa, resurgimiento de neonazismos, aumento de la criminalidad infantil, profunda depresión. Todo corrobora que en el interior de los Tiempos Modernos, fervorosamente alabados, se estaba gestando un monstruo de tres cabezas: el racionalismo, el materialismo y el individualismo. Y esa criatura que con orgullo hemos ayudado a engendrar, ha comenzado a devorarse a sí misma. Hoy no sólo padecemos la crisis del sistema capitalista, sino de toda una concepción del mundo y de la vida basada en la deificación de la técnica y la explotación del hombre…»
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Ante estas situaciones cabe preguntarse que hay dentro de nosotros o en nuestra naturaleza que provoque, cause o haga posible estas tragedias o también, cuales son los elementos y las dinámicas de la estructura socioeconómica y sociocultural que hacen posible e incluso inevitables las mismas.

         Caundo escribí esto, apenas faltaban unos meses para llegar a 2023, y la situación no podía ser más estremecedora y desastrosa. Así, en el Informe de Amnistía In­ternacional para el periodo 2021/2022 se nos dijo que:

«…un número mayor de seres humanos terminó por ver sus derechos pisoteados con mayor fre­cuencia y en más lugares. Aunque tenían más opciones, los gobiernos esco­gieron políticas y vías de actuación que aún nos alejaron más de la dignidad y los derechos. Más que reducirse sistemáticamente, las desigualdades sisté­micas derivadas de la pandemia se reforzaron aún más (…) Los dirigentes mundiales, en lugar de proporcionarnos una gobernanza global genuina y significativa, se atrincheraron en sus respectivos intereses nacionales. En lu­gar de ofrecer mayor seguridad a más personas, nos empujaron hacia el abismo de la inseguridad y, en algunos casos, hasta la guerra. En lugar de acabar con las prácticas y estrategias que nos dividen, lanzaron a nuestros países a una competición autodestructiva por la riqueza y los recursos. Y al conflicto. En lugar de hacer valer el principio universal de la igualdad, el racismo caló aún más en el funcionamiento del sistema internacional, deter­minando incluso quién tenía derecho a la vida y quién no, y sumando así un capítulo más al funesto relato sobre las vidas que importan y las que no…»

En el mismo sentido y en el Informe 2025/2026,. Amnistía Internacional nos dice:

Gaza […] Los indicios reunidos por Amnistía Internacional demuestran cómo […] Israel ha seguido utilizando la hambruna de los y las civiles como arma de guerra contra la población palestina en la Franja de Gaza ocupada […] Las autoridades de Israel siguen cometiendo genocidio contra la población palestina de la Franja de Gaza ocupada.»

         Evidentemente, de nuestra situación planetaria, así como del cumplimiento y la práctica real de los Derechos Humanos y del ejercicio de la Libertad se pueden identificar numerosas causas interdependientes y complejas como así muestran los numerosos informes y diagnósticos de las organizaciones internacionales como Amnistía Internacional. Podemos por tanto abordar el asunto de nuestra crisis civilizatoria simplemente lamentándonos o escandalizándonos ante este escenario de crisis y desastre ambiental y humano. O también podemos dar un carpetazo y abstenernos de actuar o intervenir en nuestro contexto diciendo que es un problema del sistema económico civilizatorio, que eso no está a nuestro alcance y que por tanto no tiene sentido responder desde la conducta individual.

Sin embargo, si leemos y estudiamos en profundidad el mensaje central que atraviesa el pensamiento y toda la obra de autores como Erich Fromm, Edgar Morin y Paulo Freire nos daremos cuenta de que la base de nuestras conductas sociales se funda siempre en nuestra conducta individual. Conductas que se alimentan y fundan en las características de nuestro mundo interior, es decir, en el mundo de nuestra mente. Un mundo mental que a su vez se nutre y está enormemente condicionado por las costumbres, tradiciones y culturas grupales en las que los seres humanos viven y conviven, o también en la visión de la realidad que nos transmiten los grandes medios de comunicación y que configuran lo que conocemos como opinión pública. Opinión pública que, creada por las grandes empresas de comunicación configuran lo que conocemos como “industria de la conciencia3 Ref.El término “industria de la conciencia” lo utilizo aquí para designar el conjunto de grandes empresas, medios de producción y recursos tecnológicos que se encargan de la comunicación y de la información (prensa, radio y TV) y que junto a la “industria del ocio” de los grandes espectáculos de masas, así como la “industria cultural” de grandes editoriales y productoras cinematográficas y también de la “industria escolar” de todas las entidades formativas y educativas, configuran, orientan e imponen por diversos procedimientos y estrategias, los modos de pensar, sentir, comunicarse y vivir de las grandes mayorías del Planeta o de un determinado país. En general, la industria de la conciencia sirve para configurar, cohesionar, normalizar o naturalizar una determina visión o concepción del mundo, una especie de pensamiento único o de conciencia única y universal por la que se legitima o se considera como normal el orden social y político establecido. Se trata de una industria que bajo la apariencia de diversidad, creatividad y mediante los más sutiles procedimientos propagandísticos nos hace creer, que somos libres y dueños de nuestras opiniones, creencias y convicciones, cuando realmente estamos siendo conducidos y orientados por poderes impersonales que escapan a nuestro control y anulan o disminuyen nuestra capacidad de discernimiento, de crítica, autocrítica e imaginación, obstaculizando o impidiendo así que los ciudadanos podamos construir una cultura y una educación auténticamente liberadoras y unas relaciones sociales basadas en la colaboración, la cooperación y la responsabilidad individual y colectiva en el más amplio desarrollo de los Derechos Humanos Universales., que es la que formatea, codifica, perfila y define lo que debe considerarse como ser humano normal.

         En este punto me gusta recordar siempre un conocido cuento que encontré en la conocida obra “El canto del pájaro” del místico y psicoterapeuta Anthony de Mello. Y lo recuerdo porque esta pequeña historia es en gran medida lo que me ha sucedido a mí y a otras personas que he conocido. Por eso estoy ahora convencido de que tal vez, la más transcendental y permanente de las propuestas para el aprendizaje y la enseñanza de la condición humana sea la que nos sugiere aquel viejo sufí que cuando hablaba acerca de sí mismo decía:

«De joven yo era un revolucionario y mi oración consistía en decir a Dios: “Señor dame fuerzas para cambiar el mundo”. A medida que fui haciéndome adulto y caí en la cuenta de que me había pasado media vida sin haber logrado cambiar una sola alma, transformé mi oración y comencé a decir: “Señor dame la gracia de transformar a cuantos entran en contacto conmigo. Aunque sólo sea a mi familia y a mis amigos. Con eso me doy por satisfecho”. Ahora que soy un viejo y tengo los días contados, he empezado a comprender lo estúpido que yo he sido. Mi única oración es la siguiente: “Señor, dame la gracia de cambiarme a mí mismo”. Si yo hubiese orado de este modo desde el principio, no habría malgastado mi vida»

         De todas maneras no puedo evitar seguir haciéndome preguntas: ¿Por qué hay seres humanos que dominan, explotan, oprimen y causan daño consciente y deliberado a otros? ¿Por qué la Libertad depende del grado o nivel de desarrollo socioeconómico? ¿Por qué el mundo está gobernado explícita e implícitamente por la competitividad, la ganancia, el afán de lucro, así como por la apropiación y acumulación de recursos? ¿Por qué hay seres humanos sumisos, obedientes, conformistas, pasivos, apáticos, indolentes, ingenuos y decididamente resueltos a obedecer a supuestas autoridades que les niegan sus posibilidades de llegar a ser más humanos y por tanto más libres? ¿Por qué hay también seres humanos que lo apuestan el todo por el todo y regalan sus energías, su inteligencia y sus capacidades a los demás con objeto de construir un mundo, un país o una ciudad mejor? ¿Por qué son siempre perseguidos, reprimidos, encarcelados, torturados y en numerosas ocasiones asesinados aquellos grupos que decididamente apuestan y se comprometen desde las raíces (radicalmente) por conseguir mayores cotas de Libertad y Desarrollo Humano? ¿Por qué esta ola mundial generalizada de intolerancia, racismo, odio, machismo que bipolariza a países enteros y hace crecer aquellas opciones políticas netamente fascistas o neofascistas? Desde luego y sin duda alguna, preguntas muy difíciles de responder de manera sencilla. Sin embargo si acudimos a las aportaciones de Erich Fromm, Paulo Freire y Edgar Morin, no solo podremos contestar algunas de ellas, sino que incluso podremos encontrar orientaciones para expandir, ampliar y desarrollar nuestra Humanidad.

    

CONTINUARÁ…

Juan Miguel Batalloso Navas, es Maestro de Educación Primaria y Orientador Escolar jubilado, además de doctor en Ciencias de la Educación por la Universidad de Sevilla, -España–.
Ha ejercido la profesión docente durante 30 años, desarrollando funciones como maestro de escuela, director escolar, orientador de Secundaria y formador de profesores.
Ha impartido numerosos cursos de Formación del Profesorado, así como Conferencias en España, Brasil, México, Perú, Chile y Portugal. También ha publicado diversos libros y artículos sobre temas educativos.
Localmente, participa y trabaja en la Asociación “Memoria, Libertad y Cultura Democrática” En la actualidad, casi todo su tiempo libre lo dedica a la lectura, escritura y administración del sitio KRISIS. Su curriculum completo lo puedes ver AQUÍ.

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