ENSEÑAR LA CONDICIÓN HUMANA (7) Edgar Morin. Apuntes biográficos (2)

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ENSEÑAR LA CONDICIÓN HUNANA (7)
Edgar Morin. Apuntes biográficos (2)

Por Juan Miguel Batalloso Navas

«…¿Quién soy? Mi singularidad se disuelve en cuanto la examino y, finalmente, estoy convencido de que mi singularidad procede de una ausencia de singularidad. Incluso tengo en mí algo mimético que me impulsa a ser como los demás (…) Nunca dejé de ser un caminante. Mi vida ha sido y sigue siendo una vida móvil, errante, en meandros, impulsada por mis aspiraciones múltiples y antagónicas (…) No es el camino que yo me tracé, sino el que trazó mi caminar: Caminante, no hay camino, se hace camino al andar (…) Y he aquí, más fuertes que nunca, más complementarias que nunca en su antagonismo, mis cuatro polaridades: la duda, la fe, el misticismo, la racionalidad. Éste es el nudo de «mi» complejidad, complejidad que me ha preocupado siempre, hasta la emergencia del pensamiento complejo…»1 Ref.MORIN, Edgar. Mis demonios. Traducción de Manuel Serrat Crespo. Barcelona: Kairós, 2010

         Durante el periodo comprendido entre los años 1944 y 1951, Edgar Morin milita con convicción en las filas del Partido Comunista Francés, sin embargo, su espíritu crítico, su conciencia reflexiva y profundamente liberal lo hacen discrepar sobre cuestiones esenciales que lo llevan a denunciar, las desviaciones y los excesos del estalinismo soviético y de la revolución, manifestando siempre sin miedo sus criticas, lo cual le acarrea su expulsión del Partido. Y sin embargo, a pesar de su expulsión, Morin sigue y sigue buscando espacios de compromiso y responsabilidad social y política participando en los Comités de Intelectuales por la Paz, contra la remilitarización de Alemania y contra la guerra en Argelia.

         En 1945 se casa, en París, con Violette Chapellaubeau, socióloga, amiga de estudiante y compañera desde 1941. En ese tiempo se encontraba incorporado al Ejército Francés, del cual solicita su baja en 1946 para regresar con su esposa a París.

«…En febrero de 1945, me comprometí con Violette. Nos casamos rápidamente, el día anterior a nuestra partida, en el ayuntamiento del decimoctavo distrito. (…) Celebramos la boda en el primer piso de un restaurante griego de la calle Serpente, L’Athenes, que ya no existe. Habíamos bebido, cantado «La Marsellesa», «La Internacional», los cantos revolucionarios, y nos habíamos ido en calidad de oficiales asimilados. La puerta de la aventura volvía a abrirse: Alemania era para mí la prolongación de la Resistencia, pero sin sus peligros, porque iba como vencedor (…) fui nombrado redactor jefe (y único redactor) del Patriote Résistant, el periódico de la Fédération Nationale des Déportés et Internés Résistants et Patriotes, que controlaba el partido. Fue un período feliz, sin preocupaciones, y que por eso mismo no podía durar. Siendo comunistas, nos ubicábamos en el campo de la resistencia cultural al estalinismo, y vivíamos nuestra disidencia en la calle Saint-Benoit, en perfecta comunión. Cada vez sentíamos mayor rechazo por las enormes mentiras divulgadas por la prensa partidista…»2 Ref.MORIN, Edgar. Historia(s) de vida: conversaciones con Laure Adler. Trad. Marta Rebón. Barcelona: Ediciones La Llave, 2023.

En 1948-1949, a causa del embarazo de Violette, la pareja se muda a Vanves, donde viven con dificultades económicas. Violette da clases de filosofía fuera de París. En 1947 nace Iréne, la primera hija de la pareja y en 1948 la segunda, Véronique.

         Edgar Morin se casó tres veces y su vida amorosa estuvo también atravesada por diversas relaciones. Como él mismo nos relata:

«…Estuve sobredeterminado por la pérdida trágica de mi madre. Mi necesidad de amor es tan fuerte que a veces me hace pensar que soy un enfermo cuya necesidad es patológica; otras veces me parece que no, que esta necesidad inalterable es lo que da un sentido a la vida y que, por ende, estoy particularmente sano. (…) Viví algunos grandes amores muy importantes. El último, el más profundo, es el que sentí hacia Edwige, a quien puedo llamar, ahora que la he perdido, el amor de mi vida. Violette fue una compañera en el sentido pleno de la palabra. Era estudiante de filosofía y la embarqué en la Resistencia. Éramos buenos amigos. (…) Me casé con ella al final de la guerra. Siempre me ayudó, ella trabajaba cuando yo no tenía trabajo. Seguíamos estando casados cuando conocí fugitivamente, el mismo año, en 1960, a las dos otras mujeres con las que me casé después: Johanne la Negra, mestiza, de origen caribeño y quebequés, en Montreal, y Edwige, la rubia, de origen nórdico, en Santiago de Chile (…) A Edwige la había conocido en Chile, en 1961, y no la había olvidado. De entrada, sus ojos azules, su rostro, me fascinaron. Pero ella tenía su vida, no estaba libre. Había vivido tragedias, yo seguía su destino, me la encontraba a veces, hasta ese día en que, durante una comida, me miró fijamente. Sentí que íbamos a encontrarnos de verdad, es lo que ocurrió en 1978, cuando la invité, junto a su segundo marido, a pasar unas vacaciones en Ménerbes, en el Luberon, donde me había instalado para trabajar en El método. Yo sabía que su marido había iniciado una relación y que se iba a París. Nos quedamos solos y por fin nos unimos de por vida. Nos casamos en 1981…» 3 Ref.MORIN, 2023

         En cuanto a sus libros, contribuciones y ocupaciones profesionales, no es ninguna exageración afirmar que estamos ante un ser humano extraordinaria­mente creativo e incombustible, como lo muestran sus últimas obras publicadas respectivamente en 2021, 2022 y 2023, ya con los cien años cumplidos.

         Edgar Morin ha sido y sigue siendo un ser humano excepcional que ha sido capaz de integrar los más diversos conocimientos e investigaciones. Su curiosidad intelectual y su amor por la vida tal vez sean la fuente de esa inagotable longevidad. En 1940 por ejemplo, con tan solo 19 años, se matriculó simultáneamente en la Facultad de Letras, en la de Derecho y en la Escuela de Ciencias Políticas de la Universidad Sorbona de París. Pero ante la invasión nazi se vio obligado a suspender sus exámenes profesionales y huyó a Toulouse, donde fue secretario de la Asociación de los Estudiantes Refugiados, y en 1942 pudo titularse en la Sorbona en Historia, Geografía y Derecho.

         A propuesta del Ministerio del Trabajo del Gobierno de la República Francesa, en 1946 dirigió un periódico destinado a los prisioneros de guerra alemanes en Francia. También fue redactor del quincenal Patriote Résistant órgano de la Federación Nacional de los Deportados Internos, Residentes y Patriotas, y colaboró en los periódicos “Action” y “Parallèlle 50”.

         Fue maestro investigador en el Centro Nacional de Investigación Científica de Francia (CNRS) de 1950 a 1989, del cual fue director de Investigación desde 1970. Luego presidió la Agencia Europea para la Cultura y fue miembro del Consejo del Futuro, ambas instituciones impulsadas por la UNESCO con sede en París. Colaboró en 1951 con la Comisión de Sociología del CNRS. Su línea de investigación fue la “Sociología del cine”. En ese mismo año fue expulsado del Partido Comunista Francés por sus críticas a los excesos del comunismo estalinista.4 Ref.Los datos que ofrezco de su vida académica y profesional han sido obtenidos de la Enciclopedia Histórica y Biográfica de la Universidad de Guadalajara (México) y han sido contrastados con las diversas obras a las que hago referencia. Disponible en: < http://enciclopedia.udg.mx/biografias/morin-edgar >

De 1957 a 1962 dirigió la revista “Arguments”, acerca de la cual escribió:

«…Revista de reinterrogación de los problemas y los saberes, Arguments era una especie de universidad libre, amistosa y alegre, que relanzó y alimentó mis curiosidades omnívoras; me hizo descubrir, y sobre todo gracias a Axelos, a muchos pensadores y textos que ignoraba: Adorno y Marcuse, el joven Lukács de Historia y conciencia de clase, las tesis definitivamente iconoclastas de Karl Korsch sobre el marxismo de hoy, el Heidegger tardío de la reflexión sobre la técnica y la ciencia. Publicábamos igualmente textos de científicos sobre microfísica y cosmología…» 5 Ref.MORIN, Edgar. Mis demonios. Barcelona: Editorial Kairós, 1995.Pág. 12

Desde 1961 frecuentó la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales y visitó Bolivia, Perú y México. Su labor de investigación, crítica y reflexión sobre los cambios sociales, la había centrado en gran parte en las problemáticas de América Latina y de los países del Caribe. Así, en México se organizó la cátedra itinerante Édgar Morin, por investigadores y estudiosos del pensamiento complejo de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo.

         En 1968 sustituyó en la cátedra a Henri Lefébvre en la Universidad de Nanterre y se involucró en los movimientos estudiantiles que entonces empezaban a emerger; así, del 17 al 21 de mayo de ese año publicó en Le Monde una serie de artículos que tituló “La Comuna Estudiantil”. Entonces viajó a Río de Janeiro, Brasil, para hacer un curso en la Universidad Cándido Mendes, pero regresó rápidamente ante los acontecimientos en la Sorbona de París, sobre lo cual publicó una segunda serie de artículos titulados “Una revolución sin rostro”. De nuevo en Brasil, fue testigo de las revueltas estudiantiles en San Pablo, Salvador y Fortaleza.

         Entre 1969 y 1979 fue invitado por Jonás Salk al Salk Institute for Biological Studies, en La Jolla, California, para reflexionar acerca de la relación entre la biología y la sociología, y las posibles consecuencias que la nueva revolución biológica podría tener en las ciencias sociales y humanas.

         Durante su estancia en Salk, descubre la revolución biológica que venía desarrollándose tras el descubrimiento por Crick y Watson de la estructura de doble hélice del código genético. Los estudios y las lecturas que allí realiza (entre ellas, el manuscrito de ‘El azar y la necesidad’ de Monod), así como las conversaciones mantenidas con los investigadores del afamado Instituto, suscitarán en Morin una auténtica reconversión teórica. Anthony Tilden le descubre a Gregory Bateson y le orienta hacia la Teoría General de Sistemas. Profundiza en la cibernética leyendo a Wiener y Bateson en la teoría de sistemas y en la teoría de la información. Se enfrenta con la problemática y con el nuevo pensamiento ecológico que prosperaba en Berkeley; a partir de entonces, esta dimensión y esta visión serán incorporadas a su pensamiento.

De aquel periodo, el propio Morin nos dice:

«…El Salk Institute estaba buscando a un sociólogo que pudiera reflexionar sobre las implicaciones y las consecuencias sociales de la biología. John Hunt, a quien había conocido en París, había sido nombrado administrador de ese instituto. Junto con Jacques Monod, miembro de la junta del instituto, sugirió mi nombre a Jonas Salk. Y es así como fui invitado, en condiciones excepcionales para mí, a pasar un año en una California en trance, lo que dio una nueva vida a mi existencia. Mi tarea fundamental consistía en cultivarme: rehice mi cultura, descubrí un universo que iba a alimentarme. Los conocimientos que adquiría operaban desestructuraciones y reestructuraciones en mi sistema de ideas. Vivía en una casa a orillas del océano con mi mujer Johanne. Se reunió con nosotros mi gran amiga Alanys, indígena abenaki de Quebec, también vinieron mi padre y su mujer, que era mi tía Corinne, mis hijas Irene y Véronique, André y Evelyne Burguiere (…) descubrí a Gregory Bateson e incorporé algunas de sus ideas, como la del double bind, el doble mandato contradictorio, su teoría del juego, su concepción de las divergencias evolutivas en Naven. Luego, en la misma línea, tras mi regreso, descubrí la teoría general de los sistemas de Bertalanffy y los General System Yearbooks. Pero no sólo la teoría de los juegos de Neumann, sino también su concepción iluminadora de la diferencia entre la máquina artificial y la máquina viviente. Descubrí la teoría de la información de Shannon y de Weaver, leí a Norbert Wiener. Incitado por Henri Atlan, mi último gran descubrimiento fue el pensamiento de ese magnífico espíritu tan poco conocido, Heinz von Foerster, que me aportó la concepción de la autoorganización, que comprende la paradoja según la cual no puede haber autoorganización sino mediante una energía exterior. Foerster también me aportó la idea del bucle recursivo, que desarrollé en El método. Me llevó a repensar la lógica, lo que también hizo su amigo Gotthard Günther. Tuve el honor de conocer a ese hombre admirable, en su guarida situada en una colina californiana salvaje, y pude invitarlo al congreso sobre «La unidad del hombre», en 1972. Así como una abeja liba el néctar de flores diversas y maravillosas, fui recogiendo mis pólenes sin cesar hasta la redacción de El método. Estando en el Salk Institute, primero pensé en elaborar un texto sobre «Sociología y biología». Pronto ese proyecto estalló, todo se agitó en mi mente, hasta que de pronto salió la palabra guía: método (…) Fue un nuevo nacimiento. Me regeneré intelectual y existencialmente. Fue una de mis épocas más felices…» 6 Ref.MORIN, 2023

CONTINUARÁ…

Juan Miguel Batalloso Navas, es Maestro de Educación Primaria y Orientador Escolar jubilado, además de doctor en Ciencias de la Educación por la Universidad de Sevilla, -España–.
Ha ejercido la profesión docente durante 30 años, desarrollando funciones como maestro de escuela, director escolar, orientador de Secundaria y formador de profesores.
Ha impartido numerosos cursos de Formación del Profesorado, así como Conferencias en España, Brasil, México, Perú, Chile y Portugal. También ha publicado diversos libros y artículos sobre temas educativos.
Localmente, participa y trabaja en la Asociación “Memoria, Libertad y Cultura Democrática” En la actualidad, casi todo su tiempo libre lo dedica a la lectura, escritura y administración del sitio KRISIS. Su curriculum completo lo puedes ver AQUÍ.

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