¿Es posible LA PAZ?

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Por Juan Miguel Batalloso Navas

No puedo negar que estoy horrorizado, conmovido, indignado y muy decepcionado con el devenir del Planeta y del género humano. No obstante, y a pesar de todo, como decía mi gran amigo Lorenzo Rastrero Bermejo: «Dejadme la Esperanza«.

Imagino que cualquier persona con un mínimo de sensibilidad será consciente de que estamos viviendo unos momentos de zozobra, incertidumbre, vulnerabilidad e hipocresía nunca vistos. La crisis climática, la pandemia del Covid-19 y ahora el miedo y el horror provocado por esta guerra de invasión rusa que tantas vidas, dolor y sufrimiento están causando al pueblo ucraniano. A lo que, a nivel nacional, habría que añadir el grosero y bochornoso espectáculo de los dirigentes del genéticamente corrupto del Partido Popular y del Borbón el inviolable que, dada su condición y el mayoritario, mediocre y cobarde posicionamiento del poder judicial y nuestros dirigentes políticos, se ha ido una vez más de rositas.

La verdad es que las palabras sirven de poco, así como las buenas intenciones, sobre todo cuando el fariseísmo y la hipocresía individual y colectiva dominan todo el espectro de los grandes medios de comunicación e incluso de nuestra propia conciencia y conducta. Ya lo decía el prestigioso sociólogo y politólogo James Petras en aquel famoso «Informe Petras«. En él se decía, al igual que ha reiterado permanentemente Zygmunt Bauman, que hemos perdido los vínculos afectivos y de solidaridad y que nuestras relaciones sociales no pasan de ser un mercadeo basado en aquello de «Tú estás bien, yo estoy bien y el mundo también«, como también apuntaba Erich Fromm.

En aquel famoso Informe, Petras nos alertaba de una psico-sociopatía que forma parte del programa oculto de la «industria de la conciencia«1 Ref.El término “industria de la conciencia” lo utilizo aquí para designar el conjunto de grandes empresas, medios de producción y recursos tecnológicos que se encargan de la comunicación y de la información (prensa, radio y TV) y que junto a la “industria del ocio” de los grandes espectáculos de masas, así como la “industria cultural” de grandes editoriales y productoras cinematográficas y también de la “industria escolar” de todas las entidades formativas y educativas, configuran, orientan e imponen por diversos procedimientos y estrategias, los modos de pensar, sentir, comunicarse y vivir de las grandes mayorías del Planeta o de un determinado país. En general, la industria de la conciencia sirve para configurar, cohesionar, normalizar o naturalizar una determina visión o concepción del mundo, una especie de pensamiento único o de conciencia única y universal por la que se legitima o se considera como normal el orden social y político establecido. Se trata de una industria que bajo la apariencia de diversidad, creatividad y mediante los más sutiles procedimientos propagandísticos nos hace creer, que somos libres y dueños de nuestras opiniones, creencias y convicciones, cuando realmente estamos siendo conducidos y orientados por poderes impersonales que escapan a nuestro control y anulan o disminuyen nuestra capacidad de discernimiento, de crítica, autocrítica e imaginación, obstaculizando o impidiendo así que los ciudadanos podamos construir una cultura y una educación auténticamente liberadoras y unas relaciones sociales basadas en la colaboración, la cooperación, la solidaridad y la responsabilidad individual y colectiva en el más amplio desarrollo de los Derechos Humanos Universales. y las grandes empresas de comunicación. Una enfermedad psicosocial que consiste en escandalizarnos y rasgarnos las vestiduras con los conflictos, injusticias y guerras cercanas olvidándonos de aquellas que a lo largo de décadas han sido promovidas y alentadas por los grandes países productores y exportadores de armas que en la ONU tienen poder de veto. Ahí está Israel y el genocidio infringido al pueblo palestino durante más de medio siglo, pero claro, Israel tiene carta blanca y eso no es noticia para la industria de la conciencia. Y así vamos practicando lo que Petras denominaba «caridad a 500 millas» haciendo y repitiendo estrategias económicas, mediáticas y políticas en las que se pone de manifiesto una vez más que eso del artículo 1 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la «igual dignidad» sin discriminación de ningún tipo, es sin duda alguna un cuento para entretenernos y que no molestemos mucho. Pero como nos alertaba Leon Felipe, yo también me sé todos los cuentos:

« Yo no sé muchas cosas, es verdad.
Digo tan sólo lo que he visto.
Y he visto:
que la cuna del hombre la mecen con cuentos,
que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos,
que el llanto del hombre lo taponan con cuentos,
que los huesos del hombre los entierran con cuentos,
y que el miedo del hombre…
ha inventado todos los cuentos.
Yo no sé muchas cosas, es verdad,
pero me han dormido con todos los cuentos…
y sé todos los cuentos.»

¿Es posible entonces la Paz? Pues ahora mismo siento que es imposible, aunque cosa diferente es lo que creo. Pero curiosamente, los que argumentan que estamos destinados a matarnos unos a otros y que «siempre» hubo guerras a lo largo de toda la historia y no hay por qué alarmarse, son exactamente los mismos que afirman que «siempre» hubo ricos y pobres o que las mujeres, los negros o los europeos «nunca» podrán ser equiparables y equivalentes a los hombres, los blancos o los africanos. Y es que yo estoy convencido que las palabras más venenosas y tóxicas para nuestra conciencia y nuestras relaciones sociales son cuatro: siempre, nunca, todo y nada. Lo cual corrobora la afirmación de mi amigo y maestro José García Calvo

«…La negación de la complejidad es el principio de toda tiranía…»

¿Cuánta muerte, cuanto dolor y cuanto sufrimiento tendrán que seguir soportando los mismos de siempre, es decir, las mujeres, los inmigrantes y los países empobrecidos para que la vida y el amor triunfen y ahoguen definitivamente la muerte y el odio? Y es que esto es algo indecible. La verdad es que mi esperanza flaquea, porque, aunque siga manteniendo que el cambio y la transformación exterior es imposible sin el cambio y la transformación interior de nuestra conciencia y nuestra conducta cotidiana, los resultados visibles son desastrosos.

Me pregunto también, que puede hacer un ciudadano individual frente a los grandes poderes económicos, militares, políticos, ideológicos y mediáticos y mi respuesta sigue siendo desesperanzada. Nada más hay que ver como grandes masas de ciudadanos apoyan, aplauden y justifican la corrupción, la mentira, el machismo, el racismo y la xenofobia que tan bien representan los partidos de derechas y especialmente Vox. Sin embargo y como el prestigioso teólogo Giulio Girardi nos dijo

«…Me parece importante reafirmar en este contexto, que la opción fundamental que nos ins­pira, que nos mueve, es de tipo moral. Se funda en que la Causa por la que luchamos es justa, y no en que esta causa tenga certeza o probabilidad de triunfar históricamente mañana… …Si la motivación fundamental es de tipo moral, si la motivación es una opción por la Justicia, por el Derecho, por el Amor, por la identificación con los oprimidos ‑porque son oprimidos, porque son marginados por la sociedad, porque son objetos de injusticia‑ si ésta es la razón de una opción por los pobres ‑la solidaridad con los oprimidos‑, entonces esa opción por los pobres no pierde sus razones en el momento de la derrota, sino que, al contrario, encuentra razones más profundas, razones todavía más vivas y actuales…»

Por otro lado, y sin dejar de denunciar el fariseísmo y la hipocresía política y social de nuestros dirigentes políticos nacionales e internacionales (no puedo evitar acordarme de aquello de «Otan: de entrada, no«), es evidente que si aplicamos la bíblica Ley del Talión del «ojo por ojo y diente por diente» acabaremos indudablemente por quedar tuertos, ciegos o desdentados. Y es que la venganza, como efecto del odio, jamás podrá conducir a la paz, sino a la guerra permanente y eterna. Dicho de otra manera: sin generosidad, sin justicia, sin misericordia y sin perdón, la paz no es más que una quimera para adormecer conciencias. De aquí que la paz sea algo que se construye día a día, momento a momento, que habría que enseñar y aprender desde el mismo momento del nacimiento y a lo largo de toda nuestra vida. Sin embargo, esforzarnos por ser justos, solidarios, magnánimos y misericordiosos no es suficiente, sobre todo porque dichas virtudes, al igual que sucede con la paz, no son virtudes pasivas, sino activas. ¿Y qué quiere decir esto?

Pues para mí es bastante sencillo, dado que considero que el máximo de desarrollo moral de una persona se alcanza cuando nuestros valores éticos son al mismo tiempo autónomos, universales e independientes de cualquier convención, norma, religión, ideología o moral particular. Y esto significa, como decía Erich Fromm, que la desobediencia a las autoridades, a las jerarquías y a los poderes que originan, producen, causan y legitiman cualquier forma de opresión o injusticia, no es que sea un derecho, que lo es, sino simplemente una necesidad básica de supervivencia. Algo por cierto, de lo que se dieron cuenta los revolucionarios franceses cuando en 1793 añadieron tres artículos a su Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano

«…Artículo 33. La resistencia a la opresión es la consecuencia de los demás derechos del hombre.
Artículo 34. Hay opresión contra el cuerpo social cuando uno solo de sus miembros es oprimido. Hay opresión contra cada miembro cuando el cuerpo social es oprimido.
Artículo 35. Cuando el gobierno viola los derechos del pueblo, la insurrección es, para el pueblo y para cada una de sus porciones, el más sagrado de los derechos y el más indispensable de los deberes…»

En definitiva, lo que quiero decir es que el pueblo ucraniano no solamente tiene legítimo derecho a desobedecer, resistir y rebelarse ante esta cruel invasión, sino que además exige por nuestra parte el deber no solo de apoyarlos, y ayudarles en todas sus necesidades, sino también en su derecho a defenderse, resistir y rebelarse contra la misma.

Ahora se discute mucho en el seno de la izquierda española si hay o no que enviar armas de defensa a los ucranianos y tal vez se olvide la soledad y el desamparo que los republicanos españoles sufrieron cuando ningún país de Europa, salvo aquellas Brigadas Internacionales, les ofreció ayuda. Y también se olvida la generosidad y el heroísmo de los numerosos ciudadanos europeos de a pie que entregaron sus vidas a la resistencia antifascista o la actual de los resistentes palestinos ante la opresión del Estado israelí. Por eso y a pesar de los posibles riesgos que tal medida pueda suponer para la paz, personalmente me inclino a creer que nuestra solidaridad debe expresarse también en el envío de materiales de defensa, todo claro está, con la cautela, las prevenciones y las condiciones necesarias para evitar más muertes, dolor y sufrimiento.

Soy plenamente consciente de que este asunto es extremadamente complejo y que incluso al final los beneficiados pueden ser los de la industria militar, pero aun a riesgo de equivocarme y tratando de ponerme en el lugar de los ucranianos, creo que hay que ayudarles en todos los sentidos, incluyendo materiales o armas de defensa. Y que quede claro que no soy de los que creen en ese pacifismo hippie de buenas intenciones mientras que mis hermanos, compañeros o amigos se esfuerzan y sacrifican por resistir a la opresión. En consecuencia y por el momento mi respuesta a la pregunta del título es sin duda negativa:

En cualquier caso, por eso, bajo ningún concepto, y en ninguna circunstancia por muy desagradable e injusta que sea, pienso yo «tirar la toalla ni pa Dios» ya que como dejó dicho también Martin Luther King, al que apoyaban millares y millares de personas en la calle, mi esperanza no decae porque:

«…Aunque supiese que el mundo se acababa mañana, esta misma noche plantaba yo mi manzano…»

Os dejo pues con el magistral, maravilloso, conmovedor, aleccionador, brillante y supremo discurso de Mario Moreno «Cantiflas»

Muchas gracias por haber llegado hasta aquí.
Camas a 6 de marzo de 2022.


Juan Miguel Batalloso Navas, es Maestro de Educación Primaria y Orientador Escolar jubilado, además de doctor en Ciencias de la Educación por la Universidad de Sevilla, -España–.
Ha ejercido la profesión docente durante 30 años, desarrollando funciones como maestro de escuela, director escolar, orientador de Secundaria y formador de profesores.
Ha impartido numerosos cursos de Formación del Profesorado, así como Conferencias en España, Brasil, México, Perú, Chile y Portugal. También ha publicado diversos libros y artículos sobre temas educativos.
Localmente, participa y trabaja en la Asociación “Memoria, Libertad y Cultura Democrática” En la actualidad, casi todo su tiempo libre lo dedica a la lectura, escritura y administración del sitio KRISIS. Su curriculum completo lo puedes ver AQUÍ.

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One thought on “¿Es posible LA PAZ?

  1. Cuando no somos capaces de romper la red de lo ilusorio, de la realidad fenoménica en la que estamos atrapados por la mente dualista, se hace muy difícil transitar por esta realidad que el induismo llama maya. Desprendernos y liberarnos de las falsas creencias que desde niños introdujeron en nuestra psique es difícil. Programaron y condicionaron nuestras respuestas ante las dificultades, pero esta es otra dificultad necesaria, otra de las lecciones que da la vida para despertar. Pasamos por esta dimensión para aprender a ser más fuertes y mejores. Tenemos la obligación de cambiarnos, antes de cambiar las circunstancias, tomando consciencia de lo que somos. Nos damos leyes para facilitar la convivencia, pero en el silencio entendemos que por encima de las leyes está la compasión por las víctimas y por los verdugos, necesarios para darnos cuenta de que el cambio comenzará cuando tomemos la actitud adecuada para salir del falso mundo de los sueños.

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