KRISIS

Memoria personal de los 60′ (9): mis primeros años en la escuela

Portada de «España años 50» – Carlos Saura –


Los más remotos recuerdos escolares que conservo se remontan al año 1956 cuando tenía exactamente 4 años. Fue en el curso 1956/57 cuando asistí por vez primera a una escuela-guardería religiosa que estaba regentada por unas monjas. No guardo de aquel periodo muchos detalles significativos salvo que aquel edificio era en realidad un convento con un gran patio interior y de que éramos muchos niños. Allí fue donde probé por vez primera la leche y el queso americano y donde empezaron a adoctrinarme enseñándome el catecismo y a rezar. No puedo decir con exactitud las razones por las que mis padres me matricularon allí pero estoy seguro que fue por lo menos por tres motivos. Primero, porque mis padres eran muy creyentes, devotos y de misa dominical. Segundo por el hecho de que mi madre trabajaba por las mañanas y por las tardes como profesora de «corte y confección» y no podía atenderme. Y tercero por la obsesiva convicción de mi padre de que fuera desde pequeño a toda clase de escuelas.

1956-1957

        De aquel tiempo recuerdo también que mi único instrumento de escritura era la pizarra y el pizarrín, aunque pasado cierto tiempo tuve la famosa cartilla «Rayas» en la que hacíamos «palotes» con un lápiz, aprendiendo así poco a poco a escribir.

        Pasado aquel curso, mis padres me pusieron en una Escuela Nacional. Era un edificio de planta baja mucho más pequeño que el del convento de las monjas y solo tenía dos aulas. Sin embargo lo más importante para mí y para todos los alumnos que allí estábamos, era que el patio «Recreo» no tenía límites, ni cerra­mientos de ningún tipo. El patio era en realidad todo el campo y por tanto un lugar educativo natural y de primer orden, porque propiciaba todos los encuen­tros, experimentos, aventuras y juegos infantiles. Unos juegos que por aquel entonces eran muchos. ¿Quién no ha jugado a «las bolas» o canicas, al «salto a piola«, a las carreras, al «balón muerto«, a la «lima«, a levantar cromos con la mano, al escondite, a saltar con la cuerda, al «pañuelo«, al corro, etc? Sin duda alguna eran juegos extraordinariamente socializadores y placenteros que ya han desaparecido pero que dejaron en nosotros ese recuerdo de diversión en medio de un ambiente social totalmente conservador, tradicionalista y bloqueado por el autoritarismo y la represión de la dictadura.

        Aunque la jornada escolar era de mañana y tarde, de 10 a 13 y de 15 a 17, en algunos centros era continua porque los niños y niñas comían en la misma escuela, bien porque la escuela tenía «Comedor Escolar» y servía comidas a un precio razonable, o porque había una gran sala preparada para consumir las viandas que las familias preparaban para sus hijos. Incluso a media mañana y también por la tarde, se daba gratis leche en polvo, queso y mantequilla, una acción que duró desde 1955 hasta 1963 y que fue financiada por los Estados Unidos, como una de las compensaciones al hecho de que en 1953 comenzasen a instalarse diversas bases militares en todo el territorio español.

1959

        Hay que decir también que aquellas escuelas comenzaron poco a poco a evolucionar físicamente a partir de los años sesenta y ya no todo era negro y gris.  El color, lenta pero progresivamente, comenzó a fijarse en las retinas infantiles proporcionándonos sorpresas gratificantes para nuestra curiosidad: grandes mapas de España y del mundo de diversos tipos con todo lujo de detalles; láminas del cuerpo humano y hasta incluso modelos plásticos de los órganos; murales de organografía vegetal y animal; pequeños museos de minerales y de animales disecados colocados en vitrinas que podíamos observar de cerca. Pero sin duda, lo que más nos gustaba eran los grandes espacios abiertos a la naturaleza en los que se podía correr, saltar, jugar e inventar mil y una aventuras y travesuras. Por supuesto, no había nada de televisión, cine o de lo que se llamaban «medios audiovisua­les«, y si alguien nos hubiese dicho que existían unas maquinitas en las que se podía aprender de todo y comunicarnos con todo el mundo, nos hubiese parecido un marciano. No obstante, a mediados de los sesenta comenzaron a aparecer las máquinas de cine de 16 mm. así como los tocadiscos y los magnetófonos de grandes cintas, aunque esto donde únicamente podía encontrarse era en los Institutos Laborales de los pueblos, que estaban dotados de flamantes laboratorios y talleres de mecánica, carpintería y electricidad. Fue a finales de los sesenta y sobre todo a partir de la Ley General de Educación de 1970, cuando todos esos recursos comenzaron a ser más visibles en las escuelas.

        De aquella época, recuerdo especialmente la extraordinaria expansión del coleccionismo de cromos. En las librerías y en los puestos de chucherías y caramelos, vendían numerosos cromos coleccionables de fútbol y de todos los temas escolares. También había cómics de aventuras (el famoso «Ca­pitán Trueno«, el «El Guerrero del Antifaz» o el «TBO» entre otros), que ha­cían las delicias de niños y mayores. Se fomentaba así el coleccionismo y no era nada extraño que cualquier niño tuviera álbumes de animales, plantas, hechos históricos, futbolistas, escudos de clubs de fútbol, banderas interna­cionales, artistas de cine, etc. Unos ábumes que sin duda jugaban un importante papel en la adquisición de co­nocimientos fuera de la escuela y en la estimulación y el desarrollo de la me­moria, pero sobre todo en la socialización, ya que los cromos se intercambiaban permanentemente para completar las colecciones a base de los más diversos juegos. Hasta comienzos de los años setenta po­dían adquirirse esos cromos, en cual­quier kiosco de barrio, algo que muchos maestros de escuela de mi ge­neración utilizábamos con cierta frecuen­cia en las fichas de trabajo escolar, de aquello que se conoció como “Ense­ñanza Personalizada”.

        Cualquier persona que haya vivido la escuela del franquismo como alumno, habrá podido comprobar en diversos grados de profundidad, como todos los aspectos del sistema educativo, hasta incluso los más insignifican­tes, estaban impregnados abundantemente de dosis variables de “Reli­gión Católica” y de “Formación del Espíritu Nacional”. Unas asignaturas que fueron las nuevas materias obligatorias en todas las enseñanzas oficiales del país. De hecho hoy, en pleno siglo XXI, se sigue considerando indiscutible e incuestionable la presencia de la Religión Católica en las escuelas pagada por el Estado e impartida por profesores seleccionados y contratados por la pro­pia Iglesia Católica.

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2 comentarios sobre «Memoria personal de los 60′ (9): mis primeros años en la escuela»

  1. Alguien dijo que la infancia, es la patria de las personas y tiendo a pensar que hay bastante de cierto en la afirmación, pues como iban a pensar los diseñadores de los planes de estudio en las que figuran como plato fuerte, Religión Católica y FEN (Formación del Espíritu Nacional), diesen tan buena cosecha de Maestros de Escuela, que entre los años 1973 a noventa y tantos, se empeñaran con tanto esfuerzo e ilusión en hacer de la Enseñanza Pública un espacio de colores, con espíritu crítico y donde los procesos de Enseñanza-Aprendizaje fuesen muy fructíferos. En esa lista figura con letras mayúsculas, en negrita y demás, nuestro amigo y hermano BATALLOSO, GRACIAS MAESTRO, POR APORTACIÓN CONTINUA A LA ENSEÑANZA Y CULTURA DE ESTE PAIS. UN ABRAZO
    Nicolás

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