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Las virtudes como fundamento de la convivencia
Por Juan Miguel Batalloso Navas
Las crisis que atravesamos tienen todas una dimensión social fundamental. No son solo sumas de problemas individuales, sino fracturas en el tejido de nuestra convivencia. Y estas fracturas no se reparan solo con nuevas leyes o instituciones, por necesarias que sean. Requieren reconstruir las disposiciones internas que hacen posible la vida en común.
Necesitamos cultivar virtudes cívicas: el sentido de responsabilidad hacia el bien común, la disposición al diálogo con quienes piensan diferente, la capacidad de subordinar intereses particulares a proyectos colectivos, el valor para participar activamente en la vida pública. Sin estas disposiciones, la democracia se reduce a un teatro de procedimientos formales vaciados de contenido. Martha Nussbaum ha desarrollado ampliamente la importancia de las virtudes cívicas para una democracia sustantiva, argumentando que “el desarrollo de la capacidad reflexiva y argumentativa es factor esencial de la identidad cívica”1 Ref. GUICHOT-REINA, V. El «enfoque de las capacidades» de Martha Nussbaum y sus consecuencias educativas: hacia una pedagogía socrática y pluralista. Teoría de la Educación. Revista Interuniversitaria, 27(2), 45-70, 2015. Disponible en: <https://revistas.usal.es/tres/index.php/1130-3743/article/view/teoredu20152724570> Acceso: 15 feb. 2026.
Necesitamos cultivar la virtud del respeto genuino a la diversidad. No la tolerancia condescendiente que soporta al diferente, sino el aprecio activo de la riqueza que aporta la pluralidad. Respeto que reconoce que nadie tiene el monopolio de la verdad y la sabiduría. Respeto que busca el diálogo intercultural como fuente de enriquecimiento mutuo.
Necesitamos cultivar la solidaridad como virtud estructurante de nuestras relaciones sociales. Solidaridad que va más allá de la caridad ocasional para construir vínculos estables de apoyo mutuo. Solidaridad que reconoce nuestra interdependencia fundamental. Solidaridad que entiende que mi bienestar está inextricablemente ligado al bienestar del otro.
Necesitamos cultivar la honestidad como virtud cívica fundamental. En tiempos de posverdad y mentiras normalizadas, decir la verdad se vuelve un acto de coraje. Honestidad en el discurso público, en las relaciones profesionales, en la vida cotidiana. Honestidad que construye la confianza sin la cual ninguna sociedad puede funcionar.
Las virtudes: condición de la transformación social
Aquí debemos ser muy claros para evitar malentendidos peligrosos: cultivar virtudes personales no sustituye la necesidad de transformar estructuras sociales injustas. Al contrario, son dos dimensiones inseparables de todo proyecto de cambio genuino.
Las estructuras sociales no flotan en el aire. Son producidas y reproducidas cotidianamente por acciones humanas. Cambiarlas requiere personas capaces de actuar de manera diferente, personas con las disposiciones internas necesarias para sostener formas alternativas de organización social. Sin virtudes de justicia, solidaridad y valentía, cualquier transformación estructural será efímera o se pervertirá.
Al mismo tiempo, las virtudes no se cultivan en el vacío. Requieren condiciones sociales que las hagan posibles. Por eso la educación en virtudes auténtica debe ir acompañada del compromiso de transformar las estructuras que sistemáticamente impiden su ejercicio. No se puede pedir templanza a quien vive en la miseria. No se puede pedir honestidad en sistemas que premian la corrupción. No se puede pedir valor cívico en regímenes que reprimen brutalmente la disidencia.
La clave está en comprender que virtudes personales y estructuras sociales justas se requieren mutuamente. Las virtudes nos dan la fuerza y la orientación para luchar por cambios estructurales. Las estructuras justas crean las condiciones que permiten que las virtudes florezcan en más personas. Es un círculo virtuoso que debemos activar conscientemente. Como argumenta MacIntyre en su obra fundamental Tras la virtud (1981), las virtudes solo pueden florecer en el contexto de “prácticas sociales” que sean coherentes con los bienes internos que buscan2 Ref.Véase análisis en: Almudi. (2015). «Tras la virtud»: síntesis y recensión. 11 de marzo. Disponible en: <https://www.almudi.org/recursos/virtudes/9661-Tras-la-virtud-sintesis-y-recension > Acceso: 15 feb. 2026.[1]. No basta con el cultivo individual: se requiere transformación comunitaria.
CONTINUARÁ…
Juan Miguel Batalloso Navas, es Maestro de Educación Primaria y Orientador Escolar jubilado, además de doctor en Ciencias de la Educación por la Universidad de Sevilla, -España–.
Ha ejercido la profesión docente durante 30 años, desarrollando funciones como maestro de escuela, director escolar, orientador de Secundaria y formador de profesores.
Ha impartido numerosos cursos de Formación del Profesorado, así como Conferencias en España, Brasil, México, Perú, Chile y Portugal. También ha publicado diversos libros y artículos sobre temas educativos.
Localmente, participa y trabaja en la Asociación “Memoria, Libertad y Cultura Democrática” En la actualidad, casi todo su tiempo libre lo dedica a la lectura, escritura y administración del sitio KRISIS. Su curriculum completo lo puedes ver AQUÍ.
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