PEDAGOGÍA DE LA CRUELDAD (3) Un mundo que aprende a no sentir

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Pedagogía de la Crueldad Cabecera Universal

PEDAGOGÍA DE LA CRUELDAD (3)
Un mundo que aprende a no sentir

Una escena para empezar

El 27 de octubre de 2025, Khalil, un hombre sudanés de treinta y cuatro años, consiguió atravesar el cerco de El Fasher, capital de Darfur del Norte. No llegó lejos. Él y otros veinte hombres que huían con él fueron capturados por combatientes de las Fuerzas de Apoyo Rápido, obligados a tumbarse en el suelo y tiroteados. Diecisiete murieron. Khalil salvó la vida fingiéndose muerto entre los cuerpos de sus compañeros, y así se lo relató después a los investigadores de Amnistía Internacional, condensando lo vivido en una frase que debería perseguirnos: los milicianos «mataban a la gente como si fueran moscas» (AMNISTÍA INTERNACIONAL, 2025).

Familias desplazadas a Al-Afadh, en Al-Dabbah, después de la toma de El Fasher por las Fuerzas de Apoyo Rápido. FUENTE: Centro de noticias | AFP.com

Meses más tarde, la Misión Internacional Independiente de Investigación de Naciones Unidas sobre Sudán concluyó que lo ocurrido en El Fasher presentaba indicios de genocidio: un asedio de dieciocho meses que debilitó sistemáticamente a la población mediante el hambre y la privación, seguido de días de asesinatos por motivos étnicos, violaciones y desapariciones dirigidos, sobre todo, contra la comunidad zaghawa y otros pueblos no árabes (ONU GINEBRA, 2026). Según los supervivientes, los combatientes proclamaban su voluntad de borrar de Darfur «cualquier cosa negra» (INFOBAE, 2026).

Empiezo por aquí deliberadamente. No porque El Fasher sea el único lugar donde hoy se ejerce la crueldad, sino porque es uno de los que menos miramos. ¿Cuántos de nosotros sabríamos situarlo en un mapa? ¿Cuántos informativos europeos abrieron con sus muertos? ¿Qué revela esa ignorancia sobre lo que hemos aprendido a ver y a no ver, a llorar y a no llorar? La pregunta por quién merece nuestro duelo y quién no, es ya, en sí misma, una pregunta pedagógica. Y es el umbral de esta serie.

¿Qué es la crueldad?

La palabra latina crudelis está emparentada con crudus: lo crudo, lo que sangra, lo que no ha pasado por el fuego que transforma. La etimología nos regala una primera intuición: cruel es quien trata al otro como carne cruda, como materia sin interioridad, como cosa.

Pero crueldad y violencia no son sinónimos. Toda crueldad es violenta, pero no toda violencia es cruel: hay violencias defensivas, violencias trágicas, violencias que quien las ejerce vive con horror y remordimiento. Lo específico de la crueldad es una doble operación simultánea: la producción de sufrimiento sobre un ser vivo y la cancelación de la resonancia que ese sufrimiento debería despertar. El cruel no es solo quien hace daño; es quien ha dejado de sentir el daño que hace, quien lo disfruta o quien lo administra como un trámite.

Judith Shklar (1928-1992) propuso situar la crueldad en el primer lugar de la lista de los vicios, precisamente porque es el que con más fuerza destruye la dignidad y la confianza sobre las que se sostiene la vida en común (SHKLAR, 1990). Rita Laura Segato ha dado un paso decisivo al hablar de pedagogías de la crueldad: todo aquello que nos enseña y nos acostumbra a convertir lo vivo en cosa, generando la baja empatía que un orden basado en la acumulación y en la concentración del poder necesita para reproducirse (SEGATO, 2018). La crueldad, por tanto, no es solo un acto. Es un aprendizaje.

Con estos apoyos, propongo una definición operativa para toda la serie: llamo crueldad a la producción, la tolerancia o la organización del sufrimiento de un ser vivo, acompañada de la anulación de su condición de sujeto. Reelaborando el conocido triángulo de la violencia de Johan Galtung (1930-2024) (GALTUNG, 2003), esta definición permite distinguir tres rostros que se refuerzan mutuamente.

La crueldad ejecutada es la que tiene manos, armas y nombres propios: la del miliciano, el torturador, el maltratador, el acosador. La crueldad organizada es la que no necesita verdugo visible, porque está inscrita en estructuras económicas, jurídicas y políticas que producen hambre, muerte y exclusión con la frialdad de un procedimiento administrativo. La crueldad consentida es la que habita en nuestras mentalidades y culturas: la indiferencia, la costumbre, la justificación, el dolor ajeno convertido en espectáculo o en ruido de fondo.

El tercer rostro es el decisivo desde el punto de vista educativo, porque es el que hace posibles los otros dos. Ningún genocidio, ninguna hambruna evitable, ningún feminicidio sistemático puede sostenerse sin una vasta red de miradas que se apartan.

Criterios para una mirada decolonial

Diagnosticar la crueldad del mundo exige preguntarse primero desde dónde se mira. La mirada dominante —la de los grandes medios, las cancillerías y buena parte de la academia del Norte global— no es neutral: distribuye la compasión según una geografía heredada del colonialismo. Frantz Fanon (1925-1961) habló de una zona del no-ser a la que el racismo colonial arroja a quienes no son reconocidos como plenamente humanos (FANON, 2009). Boaventura de Sousa Santos describe un pensamiento abismal que traza una línea invisible entre las sociedades metropolitanas, donde rigen el derecho y la emancipación, y los territorios coloniales, donde imperan la apropiación y la violencia (SANTOS, 2010). Achille Mbembe ha llamado necropolítica al poder de decidir quién puede vivir y quién puede ser abandonado a la muerte (MBEMBE, 2011). Y Aníbal Quijano (1928-2018) mostró que la clasificación racial de la población mundial sobrevivió al final de los imperios formales bajo la forma de una colonialidad del poder (QUIJANO, 2000).

De estas aportaciones extraigo cinco criterios que orientarán este diagnóstico y los artículos que le siguen. El primero es que no existe una jerarquía legítima de dolores: la vida de una niña de Darfur, de Gaza, de Járkov, de un kibutz israelí o de un barrio de Puerto Príncipe tiene idéntico valor, y toda mirada que las pondere desigualmente reproduce la línea abismal. El segundo es mirar desde las víctimas: con Enrique Dussel (1934-2023), la ética comienza en la interpelación del otro negado (DUSSEL, 1998), y con Jon Sobrino, en la decisión de bajar de la cruz a los pueblos crucificados (SOBRINO, 1992). El tercero es nombrar no solo a los verdugos, sino también a los beneficiarios y a quienes financian, arman y callan. El cuarto es desconfiar del relato de Europa como civilización que exporta derechos humanos mientras blinda sus fronteras y multiplica sus presupuestos militares. El quinto es incluir en el diagnóstico la vida no humana y la Tierra misma, porque la lógica que cosifica a las personas es la misma que convierte bosques, ríos y animales en mercancía.

Cartografía mínima de la crueldad

Aplicados estos criterios, los datos más recientes dibujan un mapa sobrecogedor. Según el Programa de Datos sobre Conflictos de Uppsala, 2025 se perfila como el año con más conflictos armados activos desde 1946: setenta y cinco guerras (VATICAN NEWS, 2026a). El último informe del Secretario General de Naciones Unidas verificó más de 38.500 violaciones graves contra más de 24.000 niños y niñas atrapados en conflictos durante 2025, la cifra más alta en tres décadas de seguimiento; y, por primera vez, fueron fuerzas gubernamentales, y no grupos armados irregulares, las principales responsables (NACIONES UNIDAS, 2026).

Tras la masacre perpetrada por Hamás el 7 de octubre de 2023, que costó la vida a cerca de 1.200 personas en Israel y convirtió en rehenes a unas 250, la ofensiva israelí sobre Gaza ha dejado más de 73.000 palestinos muertos según el Ministerio de Salud gazatí, más de 1.300 de ellos después del alto el fuego de octubre de 2025 (SANA, 2026). UNICEF había confirmado ya, al cumplirse dos años de guerra, 64.000 niños y niñas muertos o mutilados en la Franja (UNICEF, 2025). La guerra desencadenada por la invasión rusa de Ucrania cumplió en 2025 su cuarto año, y Sudán, desde abril de 2023, se ha convertido en uno de los mayores desastres humanitarios del planeta.

En 2025, unos 645 millones de personas padecieron hambre y cerca de 2.700 millones no pudieron permitirse una alimentación saludable; África, con 309 millones de personas hambrientas, supera ya a Asia en cifras absolutas (FAO et al., 2026). Ese mismo año, el gasto militar mundial alcanzó 2,887 billones de dólares, la cifra más alta jamás registrada y el undécimo año consecutivo de crecimiento, con un aumento del 14 % en Europa (VATICAN NEWS, 2026b). Poner ambas cifras una junto a otra es ya un acto de denuncia: la humanidad dispone de los medios para acabar con el hambre y elige, año tras año, comprar armas.

La concentración de la riqueza completa el cuadro. Según Oxfam, en 2025 el mundo superó por primera vez los 3.000 milmillonarios, cuya fortuna conjunta creció más de un 16 % hasta alcanzar 18,3 billones de dólares, mientras una de cada cuatro personas no tiene lo suficiente para comer y casi la mitad de la población mundial vive en la pobreza (OXFAM, 2026). No es una desgracia natural. Es crueldad organizada.

A finales de 2025, 117,8 millones de personas vivían desplazadas por la fuerza, y dos de cada tres refugiados eran acogidos por países de renta media o baja, no por el Norte rico que agita el fantasma de la invasión (ACNUR, 2026). En las rutas migratorias murieron o desaparecieron al menos 7.667 personas en 2025, veintiuna cada día; 1.656 de ellas intentaban llegar a España, y el Mediterráneo acumula más de 33.000 muertos y desaparecidos desde 2014 (OIM, 2026). Si Europa es el destino y el guardián de esas fronteras, no puede presentarse como mera espectadora.

La crueldad tiene también género. En 2024, 83.000 mujeres y niñas fueron asesinadas intencionadamente en el mundo; 50.000 de ellas murieron a manos de sus parejas o familiares: una cada diez minutos, en el lugar que debería ser el más seguro (ONU MUJERES; UNODC, 2025). En guerras como la de Sudán, además, los cuerpos de las mujeres y de las niñas son convertidos en territorio de conquista mediante la violación sistemática (ONU GINEBRA, 2026).

Por último, la crueldad no avanza sola: avanza de la mano de la erosión de las instituciones que debían contenerla. El último informe del Instituto V-Dem estima que el 74 % de la población mundial vive ya en autocracias, que el nivel medio de democracia ha retrocedido al de 1978 y que Estados Unidos ha perdido, por primera vez en más de medio siglo, la condición de democracia liberal (V-DEM INSTITUTE, 2026).

Conviene no olvidar que todas estas cifras son estimaciones mínimas. Hay naufragios de los que nadie da cuenta, cuerpos que siguen bajo los escombros, feminicidios que nunca se registran como tales. Y la cifra tiene, además, su propia crueldad: disuelve los rostros en magnitudes. Por eso comenzamos con Khalil, y por eso cada número de este mapa debería leerse como una multitud de nombres.

Lo que el mapa revela

De esta cartografía se desprenden, a mi juicio, tres conclusiones. La primera es que la crueldad no es una excepción, sino una estructura. No estamos ante estallidos de barbarie en la periferia de un mundo civilizado, sino ante un sistema-mundo que produce sufrimiento de manera regular, previsible y rentable, y que ha normalizado la coexistencia entre la opulencia extrema y el hambre, entre los arsenales récord y los niños mutilados.

La segunda es que el mapa de la crueldad coincide, casi punto por punto, con el mapa de la colonización. El hambre se concentra en África; las fosas marinas se abren en el Mediterráneo y en el Atlántico que separan al Sur del Norte; en Darfur se mata a quien es percibido como negro; las mujeres pagan en sus cuerpos el precio de todas las guerras. Raza, género y clase no son variables accesorias del diagnóstico: son su gramática.

La tercera es que la crueldad está siendo relegitimada políticamente. Allí donde avanzan el autoritarismo y los discursos del odio, la crueldad deja de ocultarse y se exhibe como programa: se deshumaniza al migrante, se ridiculiza al débil, se celebra al que humilla. A esta marea de odio y a sus afinidades con el fascismo dedicaremos uno de los próximos artículos.

Una crueldad que se aprende

Lo más inquietante de este diagnóstico no son las cifras, sino nuestra capacidad para convivir con ellas. Pasamos de una noticia sobre El Fasher a un anuncio publicitario sin que se nos quiebre la voz. Deslizamos el dedo sobre cuerpos infantiles bajo los escombros y seguimos con nuestra jornada. ¿Dónde aprendimos esta anestesia? ¿Quién nos enseñó a no sentir? ¿Qué papel han desempeñado en ese aprendizaje la escuela competitiva, los medios, las pantallas y los discursos políticos que nos convencen de que el sufrimiento de los otros es inevitable, merecido o ajeno?

Aquí reside la razón de ser de esta serie de artículos. Si la crueldad es un aprendizaje, puede desaprenderse. Si se enseña, puede enseñarse otra cosa. Paulo Freire (1921-1997) nos dejó dicho, en sus últimas cartas pedagógicas, que la indignación ante la injusticia y la esperanza que la trasciende son inseparables de una educación verdaderamente humana (FREIRE, 2001). La denuncia sin anuncio conduce a la parálisis; el anuncio sin denuncia, a la ingenuidad. Necesitamos las dos.

Hacia los próximos artículos de la serie

Este tercer artículo ha querido definir y diagnosticar. Los que le siguen completarán lo que es en realidad una gran introducción a la serie: el segundo rastreará la genealogía colonial y patriarcal de la crueldad moderna, desde el largo siglo XVI hasta la necropolítica contemporánea; el tercero examinará la expansión actual del odio y del fascismo; el cuarto fundamentará la necesidad y el sentido de una pedagogía capaz de combatir la crueldad en todas sus dimensiones. Solo entonces entraremos en el análisis de sus escenarios concretos y en el anuncio de las contra-pedagogías.

Un mundo que aprende a no sentir es también un mundo que puede aprender a sentir de nuevo. En esa posibilidad, frágil pero real, se juega hoy la tarea de la educación.

Referencias

ACNUR. Tendencias globales: desplazamiento forzado en 2025. Ginebra: ACNUR, 2026. Disponible en: https://www.acnur.org/tendencias-globales. Acceso en: 11 sept. 2026.

AMNISTÍA INTERNACIONAL. Sudán: sobrevivientes de El Fasher denuncian homicidios deliberados y violencia sexual a manos de las RSF. Nuevos testimonios. Amnistía Internacional, Madrid, 25 nov. 2025. Disponible en: https://www.es.amnesty.org/en-que-estamos/noticias/noticia/articulo/sudan-sobrevivientes-de-el-fasher-denuncian-homicidios-deliberados-y-violencia-sexual-a-manos-de-las-rsf-nuevos-testimonios. Acceso en: 11 sept. 2026.

DUSSEL, Enrique. Ética de la liberación en la edad de la globalización y de la exclusión. Madrid: Trotta, 1998.

FANON, Frantz. Piel negra, máscaras blancas. Madrid: Akal, 2009.

FAO; FIDA; OMS; PMA; UNICEF. El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2026. Roma: FAO, 2026. Disponible en: https://www.fao.org/newsroom/detail/un-report–global-hunger-levels-ease-for-third-consecutive-year-as-regional-disparities-persist/es. Acceso en: 11 sept. 2026.

FREIRE, Paulo. Pedagogía de la indignación: cartas pedagógicas en un mundo revuelto. Madrid: Morata, 2001.

GALTUNG, Johan. Violencia cultural. Gernika: Gernika Gogoratuz, 2003. (Documento, 14).

INFOBAE. Informe de la ONU sobre la masacre de las Fuerzas de Apoyo Rápido en Sudán: «Hay signos de un genocidio». Infobae, 19 feb. 2026. Disponible en: https://www.infobae.com/america/mundo/2026/02/19/informe-de-la-onu-sobre-la-masacre-de-la-fuerzas-de-apoyo-rapido-en-sudan-hay-signos-de-un-genocidio/. Acceso en: 11 sept. 2026.

MBEMBE, Achille. Necropolítica. Santa Cruz de Tenerife: Melusina, 2011.

NACIONES UNIDAS. Niños en guerra, acuerdo EE.UU.-Irán, oligarcas tecnológicos, Nicaragua… Las noticias del miércoles. Noticias ONU, 17 jun. 2026. Disponible en: https://news.un.org/es/story/2026/06/1541578. Acceso en: 11 sept. 2026.

OIM – ORGANIZACIÓN INTERNACIONAL PARA LAS MIGRACIONES. Proyecto Migrantes Desaparecidos: datos. Ginebra: OIM, 2026. Disponible en: https://missingmigrants.iom.int/es/datos. Acceso en: 11 sept. 2026.

ONU GINEBRA. Sudán: la Misión Internacional Independiente ve «indicios de genocidio» en El Fasher. ONU Ginebra, 19 feb. 2026. Disponible en: https://www.ungeneva.org/es/news-media/news/2026/02/116056/sudan-la-mision-internacional-independiente-ve-indicios-de-genocidio. Acceso en: 11 sept. 2026.

ONU MUJERES; UNODC. Cada día, 137 mujeres y niñas son asesinadas por sus parejas o familiares. ONU Mujeres, Nueva York, 25 nov. 2025. Disponible en: https://www.unwomen.org/es/noticias/comunicado-de-prensa/2025/11/cada-dia-137-mujeres-y-ninas-son-asesinadas-por-sus-parejas-o-familiares. Acceso en: 11 sept. 2026.

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QUIJANO, Aníbal. Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina. In: LANDER, Edgardo (comp.). La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales. Perspectivas latinoamericanas. Buenos Aires: CLACSO, 2000. p. 201-246.

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SANTOS, Boaventura de Sousa. Descolonizar el saber, reinventar el poder. Montevideo: Trilce, 2010.

SEGATO, Rita Laura. Contra-pedagogías de la crueldad. Buenos Aires: Prometeo Libros, 2018.

SHKLAR, Judith N. Los vicios ordinarios. México: Fondo de Cultura Económica, 1990.

SOBRINO, Jon. El principio-misericordia: bajar de la cruz a los pueblos crucificados. Santander: Sal Terrae, 1992.

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V-DEM INSTITUTE. Democracy Report 2026: unraveling the democratic era? Gotemburgo: University of Gothenburg, 2026. Disponible en: https://v-dem.net/documents/75/V-Dem_Institute_Democracy_Report_2026_lowres.pdf. Acceso en: 11 sept. 2026.

VATICAN NEWS. ACNUR: disminuye el número de desplazamientos forzados en el mundo. Vatican News, 11 jun. 2026a. Disponible en: https://www.vaticannews.va/es/mundo/news/2026-06/acnur-disminuye-el-numero-de-desplazamientos-forzados-en-el-mund.html. Acceso en: 11 sept. 2026.

VATICAN NEWS. SIPRI: el gasto militar mundial alcanza la cifra récord de 2,887 billones. Vatican News, 28 abr. 2026b. Disponible en: https://www.vaticannews.va/es/mundo/news/2026-04/sipri-gasto-militar-mundial-alcanza-cifra-record-2-887-billones.html. Acceso en: 11 sept. 2026.

CONTINUARÁ…

Juan Miguel Batalloso Navas
Cala (Huelva) a 5 de octubre de 2026

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